Lunes, 24 de septiembre de 2012

Hierve mi sangre en deseos de odiarte, pero sería hipócrita y deshonesto por mi parte. Porque yo, al igual que tú, también engañé a la persona que amé. Creyéndome superior, mirándola desde arriba, estúpido y arrogante, cuando siempre estuve muy por debajo de ella, de su adorable simplicidad, de su exquisita sencillez. Qué asco tan visceral y profundo me produce tener que admitir que fui igual o peor que tú. Que nunca supimos lo que es el respeto, salvo una palabra que podíamos pisotear cegados de vanidad. Y que como tú, contaminé hasta lo abominable cualquier resquicio de dignidad y moral.


Recuerdo cómo mirabas por encima del hombro con el desparpajo de quien se sabe poderosa e insuperable. Con qué atrevida preponderancia lucías tu cuerpo allí donde fuera: un envoltorio tejido por los dioses que parecía flotar inmaculado entre los mortales, con una luminosidad prodigiosa e insultante. Recuerdo tus ademanes displicentes, de perdonavidas. Creías tenerlo todo a tu favor ¿verdad? Por eso nunca aceptaste que no fuera una oveja más del rebaño escupidora de halagos, como toda esa numerosa turba masculina sin cerebro que te rendían bochornosa y abyecta pleitesía. No está en las masas lo especial y selecto, y tú, que te conozco bien, no eres ni una cosa ni otra.


No creas que hay celos o dolor en estas palabras: tan solo catarsis, reconocimiento de errores irreversibles y limpieza interior. Hace ya mucho tiempo y mi corazón se ha endurecido y me pesan más las pelotas. Pero es que hoy te vi y he sentido deseos irrefrenables de acercarme a ti. Tú y yo. Otra vez. Juntos. ¿Por qué no? Volver a ser animales y que la carne se mezcle en un baño de sudor, y que vuelva a brotar sangre y deseo por cada milímetro de nuestros cuerpos incontrolados. Volvamos a ser mensajeros de tanto llanto y dolor que la tierra se abra como si gritara con la fuerza de diez mil titanes. ¿A quién coño le importa si nos vamos a la puta ruina? Volvamos a ser portaestandartes de la mentira. Dos perdedores, dos almas enfermas, torturadas, envenenadas... Hagamos una jodida locura ahora mismo y que el cielo tiemble de puta envidia. Mandemos de nuevo todo a la mierda... Tú y yo otra vez.


Obviamente, es algo que jamás volverá a suceder.


Ni tú te acercarás a mí, ni yo permitiré que lo hagas.


Tags: suciedad, cloacas, catarsis, llanto, dolor, mentira

Regurgitado por Cabronidas @ 15:13
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Viernes, 21 de septiembre de 2012

Soy un tipo feliz y satisfecho: follo con cierta frecuencia sin pagar y sigo teniendo erecciones rudas y viriles; defeco con la consistencia adecuada y hacienda no me persigue; la música endulza mi vida para desdicha de mis vecinos que no entienden que hay ritmos más allá de los 40 principales; aun tengo motor para aguantar dos horas de concierto de Anthrax y me atiborro de comer sin engordar como si cada día me viera abocado a una fiesta de gula sádica.


No debiera haber motivos para el odio, pero aborrezco hasta el vómito la canción que os dejo a continuación. Semejante bodrio musical ya se puede sumar a la ya kilométrica lista de canciones pop que pasarán a la historia por ser uno de los laxantes más efectivos jamás conocidos. Tal despropósito casa en asco con otras canciones de nula calidad, como un limón y medio limón, antes muerta que sencilla, tengo un tractor amarillo y todas las canciones habidas y por haber de ese burdo y risible subgénero mononeuronal llamado reguetón. Canciones profundas, con mensaje, de enorme calado social; de aquellas que enaltecen el espíritu y conmueven el alma y que permanecen imperecederas ante el imperturbable paso del tiempo.


Detesto profundamente ese registro de voz lánguido que arrastra las palabras y fluctúa odiosamente entre la melosidad y la gangosidad. Esa letra pretenciosa que sugiere con altibajos de manera vacía y sin originalidad, como una mala película erótica visionada mil veces hasta el hastío, solo apta para nenas cuyo único vínculo con la realidad es el móvil, el Facebook, y soñar que están dentro de esa canción y dentro de ellas la polla de Cristiano o de alguna estrella del cine.


Hace tiempo, la música era una dama ante la cual te arrodillabas. Ahora es una puta a la que se han follado demasiadas veces.


Ya no tiene nada que ofrecer.


Tags: canción, truño, Pereza, música, pop

Regurgitado por Cabronidas @ 13:33
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Viernes, 07 de septiembre de 2012

Cuando estás en un bar disfrutando de una bebida, una escisión de dimensiones galácticas se abre en tu universo interior y socava brutalmente tu espíritu cuando, de forma inesperada, se acerca a ti un ciudadano de la medianía y, educada y altruistamente, se ofrece a depilarte los pelos del culo. Ante un gesto tan repentino como íntimo cabe tomar, como mínimo, una resolución.


De buenas a primeras, pensé en administrarle un buen par de hostias como corresponde por semejante atrevimiento y falta de tacto. Luego pensé que a lo mejor, estúpidamente, si me afeitan el culo, follaría más o más seguido. Aunque aquí cabe matizar para evitar malos entendidos, que considero mi esfínter únicamente como un orificio de salida. Tan solo permito que me introduzcan un dedo y ha de ser hasta la primera falange; evidentemente, la mano debe ser de una mujer, aunque tenga la uña larga y halla peligro de desgarro interior. Segundos más tarde, simplemente, quise huir y llegar más lejos que el puto Forrest Gump. No obstante, no hice nada, puesto que la extraña petición anuló mi capacidad de reacción.


Decidí mirar al tipo directamente a la cara.


La fisonomía del depilador anal era normal y no tenía deformidad ni rasgo destacable. Según como, la sobriedad de su mirada trasmitía una sensación de inexplicable afabilidad, semejante a la de los ositos de peluche pero sin la ternura de estos. De todos modos y a decir verdad, no me inspiraba confianza y estaba muy lejos de tranquilizarme. Finalmente, consideré que la depilación del culo, aun solicitada con educación, era un acto antinatural y sumamente violento, por lo que, con gesto reverencial, vacié la bebida sobre su cabeza y le introduje la botella, sin titubeo alguno, por donde amargan los pepinos.


Tags: depilación, culo, esfínter, petición

Regurgitado por Cabronidas @ 23:40
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Martes, 04 de septiembre de 2012

Los viernes al anochecer, saliendo de la facultad, gustábamos de ir a antros cochambrosos a deglutir alcohol. Nos gustaba beber de viernes a domingo mientras, entre trago y trago, despejábamos el cerebro de tanta información académica y hablábamos con desprecio de lo cabrona que había sido la semana. 


El tugurio de aquella noche era ostensiblemente diferente del de otras sesiones etílicas pasadas. Pese a ser espacioso, la situación de la barra y la colocación de mesas y sillas era caótica, como si las hubieran lanzado al aire para luego dejarlas caer allí donde fuera. Aquel sitio estaba mal iluminado y sus luces desvaídas producían una incómoda intermitencia, dando la sensación de que allí dentro la vida transcurría a fotogramas. Los altavoces, a un volumen que impedía escuchar tus pensamientos, vomitaban canciones que hablaban sobre ríos de sangre anegando ciudades y vírgenes sodomizadas en el infierno.


Pedimos cerveza. Siempre sabíamos con qué empezábamos a beber pero nunca con qué acabábamos. El caso es que nuestro amigo Punko, última incorporación a nuestro grupo, pidió una cerveza sin alcohol. El tipo que servía iba vestido como si viniera de algún jodido castin de Mad Max, y haciéndose oír por encima del estruendo musical que llenaba la sala, exclamó: ¡Aquí ni cero cero ni nada! ¡Hostiaputa! ¡Aquí se sirve cerveza para hombres! Punko se quedó extrañamente impertérrito y yo notaba una sensación de tensión tan espesa y opresiva, que creo que podía estrujarla entre mis dedos para luego guardarla en una bolsa. Más allá de nuestra mesa, sin embargo, la vida y la noche continuaban como si el resto del mundo estuviera en otro plano existencial. Punko, con una voz desprovista de toda vibra y emoción, como un cyborg, dijo: pues ponme una de las otras.


Como ya conté, gustábamos de ir a beber de viernes a domingo. El bueno de Punko, aquella noche arremetió el gaznate con unos cuantos litros, y puesto que no tenía costumbre, pilló una cogorza de proporciones titánicas.


De aquellas que llaman de órdago.


Tags: borrachera, alcohol, cerveza, ebrio, bar, juerga

Regurgitado por Cabronidas @ 14:49
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