Jueves, 21 de febrero de 2013

Yo no sé mucho de tatuajes, salvo lo que sabe todo el mundo que no se dedique a ellos.


El verano pasado (creo recordar que eran las cinco de la tarde) estaba apalancado en la terraza de un bar con la única compañía de mi móvil, mis pensamientos, y las botellas de cerveza que vaciaba como si no hubiera mañana; disfrutando cada trago con fervor religioso. Tras mis lupas de sol, desnudaba con la mente a toda mujer que pasaba por allí cuya edad estuviera comprendida entre los doce y ochentaiocho años. A partir de la sexta cerveza, aparte de desnudarlas, me las follaba como si eso fuera una misión sagrada que hubiera que cumplir.


Un tipo descamisado, de complexión tremendamente corpulenta y robusta salió del bar y se montó, de espaldas a mí, en una moto de similares características. Echó mano a sus bolsillos y sacó todo lo necesario para liarse un leño, con lo cual pude recrearme en los dos tatuajes que tenía en la espalda. En el omoplato izquierdo llevaba dibujada, con enorme precisión y profusión de coloridos detalles, la vagina de una cerda vietnamita. La vagina de tan singulares seres, curiosamente, debido a las detonaciones de bombas atómicas como muestras de poder que se realizaron secretamente durante toda la mitad del siglo pasado, hicieron que sufrieran mutaciones desconcertantes y actualmente, las vaginas tienen el curioso aspecto de delicadas orquídeas. Alguna que otra incontable caterva de subnormales, las disecan y las colocan en cualquier parte de sus casas a modo de adorno, o las exhiben con orgullo y autocomplacencia en la solapa a modo de broche. La verdad, el tatuaje era bonito y poseía un no sé qué adictivo.


En el omoplato derecho, el tatuaje representaba la infame imagen del Santo Cristo del Recto Goloso. Un santo cristo que en lugar de estar de cara a los ignorantes feligreses, estaba de cara a la cruz con el culo en pompa. Por un lado, tenía la cabeza girada y miraba con un brillo de malévola lascivia. Por otro, alzaba el antebrazo mostrando el dedo medio. En lugar de una corona de espinas, portaba un casco idéntico a los que lucían con prepotencia las uniformadas tropas de las SS. Al contrario del otro tatuaje, este presentaba diversas irregularidades e imprecisiones. Según me contó el dueño del bar, más o menos a eso de la octava cerveza, el dibujo se lo tatuó el furriel de la 5.ª de artillería de los regulares de Zaragoza, también llamada "La Impertérrita" o "La impávida", durante una dura y frenética sesión de enculamiento de novatos, y como es lógico, el tatuaje salió algo movido.


Yo, por mi parte, estuve riéndome hasta que cayó la noche y acabé aullándole a la luna.


 


Tags: Tatuaje, enculamiento, cerveza, bar, moto

Regurgitado por Cabronidas @ 13:59
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Supuraciones
Publicado por Blue
Jueves, 21 de febrero de 2013 | 22:36

Eran cervezas de las buenas, de esas gran reserva, Bailando .

Estoy deseando ver que pasará dentro de unos años cuando todos esos tatuajes empiecen a colgar...aaaaay,  jajaja.

Saludos.

Publicado por Cabronidas
Viernes, 22 de febrero de 2013 | 7:48

Desde luego, la mejor cerveza es la que se sirve fría y en verano; y nunca sabes cuál será la última. Brindis

¡Saludos, Blue!

Publicado por goodbye kitty
Viernes, 22 de febrero de 2013 | 19:00

Pero qué bueno eres jodío!!!!! Buenísima entrada, la descripción y nombres de los tatuajes no tiene desperdicio. De hecho me has dado ideas formidables para el próximo que me haga... sí, sí, sí.

Publicado por Cabronidas
Viernes, 22 de febrero de 2013 | 19:36

Kitty, espero que las ideas sean acertadas, eh. No podría encajar que te tatuaras el Santo Cristo del Recto Goloso, los cojones de un carnero o el nardo de un minotauro. Si acaso, a ver si un día haces un post sobre tus tattoos y cuelgas alguna fotos.mejillas sonrojadas

Publicado por Galia B.
S?bado, 23 de febrero de 2013 | 16:43
Uhm precisamente la semana que viene voy a tatuarme. Tengo claro desde hace tiempo lo que quería poner en la piel, pero ahora, al leerte ¡me han entrado dudas! He pasado tanto tiempo decidiéndome que me he olvidado de cómo quedará después. Se supone que un tatuaje es para toda la vida, no? hay que pensarselo muy bien, porque he visto los que se han arrepentido después, los que han tratado de eliminarlos, y ese trozo de carne era muy parecido al de un Alien, o quien lo hizo era un chapuzas.  Muy buena elección musical, como siempre Sonrisa
Publicado por Cabronidas
Domingo, 24 de febrero de 2013 | 20:17

Hola, Galia. En mis tiempos de adolescente yo también quise tatuarme, pero las ganas desaparecieron sin razón aparente. Aunque la intención de hacerme uno permanece latente; sedada pero latente. 

Ya veremos; al igual, si veo vuestros tatuajes antes, me animo.Sonrisa Gigante

 

Publicado por cronicas vienesas
Jueves, 12 de mayo de 2016 | 15:23

Jajajajaja, jajajajaja, que me parto, por Dios, lo del Cristo, la vagina y tú follándote a viejas de ochenta y tanto, jajajajaja

Un post genial Sonrisa

Besos, cabronazo :P jajajajaj

Publicado por Cabronidas
Jueves, 12 de mayo de 2016 | 17:10

¡Igualmente, Celia! Me alegro que hayas disfrutado con la lectura. Gui?o