Domingo, 30 de junio de 2013

El 6 de octubre de 1984 algo cambió en la televisión de nuestra ¡una, grande y libre! y quizás algo cambió dentro de todo aquel que tuviera la suerte de poder disfrutar de aquel espacio en la parrilla televisiva. De la mano de Lolo Rico y por beneplácito de televisión española, se nos ofrecía un programa como no se ha visto otro igual ni siquiera hasta el día de hoy: innovador, fresco y dinámico que iba enfocado desde un público infantil, pasando por uno adolescente hasta el más adulto.


Quién no recuerda aquellas entrañables marionetas sin pelos en la lengua, hiperactivas y locuaces, hasta el punto de que parecían tener vida propia, rodeadas de televisores, transistores, altavoces, cables, reproductores de vídeo y nos deleitaban con aquellas críticas brillantes y mordaces, dirigidas con admirable ironía contra todos los cánceres de la sociedad de aquella época, hoy en día aún vigentes. Quién no recuerda aquellas frases adelantadas a su tiempo que han resultado ser tristemente proféticas como "Viva el mal, viva el capital" o la no menos certera "Tienes diez segundos para imaginar, si no se te ha ocurrido nada, quizás deberías ver menos la televisión". Sencillamente genial, ¿verdad?


Recuerdo que a medida que avanzaba el programa, los contenidos se iban sucediendo a un espectador más adulto y aun siendo niño, devoré con fruición todos los programas de principio a fin. Quién no ha disfrutado y ha tenido que devanarse los sesos para entender aquel humor punzante, ingenioso e improvisado De Pablo Carbonell, Pedro Reyes y el no menos histriónico Javier Gurruchaga. Quién no recuerda haber visto videoclips de los legendarios y sucios Eskorbuto, Los Nikis con su descojonante "maldito cumpleaños", los toreros muertos y en definitiva, actuaciones de aquellos grupos que explosionaron con la sonada y recordada Movida Madrileña, de la cual el programa del que os hablo se nutrió legítimamente.


Y como no podía ser de otra forma, qué gran e inteligente acierto que la presentadora y conductora del programa no fuera otra que la mítica Olvido Gara; sin lugar a dudas, todo un icono de La Movida y una mujer que fue durante muchos años la protagonista de mis sueños más húmedos y tórridos de mi infancia-adolescencia. Y es que señoras y señores, programas como el que nos ocupa en este post, hoy en día son imposibles y probablemente irrepetibles. Y Alaska nunca estuvo tan deseable y rompedora como en ese programa.


¿Quién no lo recuerda? ¿Cómo olvidar un programa así?


 


Tags: La Bola de Cristal, Alaska, los electroduendes, televisión

Regurgitado por Cabronidas @ 12:38
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Lunes, 24 de junio de 2013

Ingenuo de mí, que creía que el patriarcado autoritario empezaba a ser una enfermedad de tiempos pasados y resulta que no: es un virus que lejos de haber perecido, ha permanecido vivo y se afianza de nuevo y con renovado vigor a los pilares de esta ya de por sí maltrecha suciedad (perdón, sociedad). Eso es lo que escupe, a grandes pinceladas, un nuevo cáncer social con ecos del pasado, apestoso y purulento llamado feminazis, que nos asola contaminando todo a su paso y haciéndonos reír a partes iguales. ¿Tienen tanta mala leche como parece? ¿Han follado poco o mucho y mal? ¿Van siempre en grupo como si de una piara de cerdas parideras se tratara? ¿Es que no comen All-Bran? ¿Si me las cruzo en el Mercadona y las miro conteniendo un rictus de menosprecio florido me harán pupita?


Bien, tampoco nos vayamos a extrañar demasiado; si han reconocido públicamente que son por voluntad propia unas brujas y unas putas, no solo no hay nada que temer al respecto puesto que ya hay remedios certeros para combatir estos males del tres al cuarto, sino que ya hemos avanzado más de lo que jamás nos hubiéramos atrevido a soñar. Lo que también hace que visite con más asiduidad de la acostumbrada la taza de mi retrete, es que este grupito de libertarias gritonas piden la unión a su causa, si es que a este refrito esperpéntico se le puede llamar de alguna manera, a todos los colectivos de lesbianas y transexuales que, de una manera o de otra, se hayan sentido ultrajados por ese supuesto patriarcado existente. ¿De verdad creéis que os necesitan?


Os podríais haber erigido contra el machismo islámico, cerril y despreciable. O contra la práctica de la ablación de los genitales femeninos, un acto que es incluso más repugnante que vosotras mismas. Y es que al final sois iguales, ni mejor ni peor, que aquello que condenáis y contra lo que decís que lucháis. Ojalá pudiera entenderos, o mejor aún: ojalá pudiera agruparos en un mismo sitio a todos vosotros y vosotras: feminazis, machistas, anarcofeministas, misóginos, homófobos, nazis y demás escoria de similar índole, para que os pudierais matar a vuestras anchas hasta que no quedarais ni uno.


Porque todavía existimos personas que, indistintamente de nuestra orientación sexual, el cerebro nos funciona con normalidad y nos gusta vivir en un mundo más limpio y salubre. 



En un mundo sin basura.


 


Tags: Feminazis, feminismo, machismo, homofobia, basura

Regurgitado por Cabronidas @ 18:04
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Viernes, 21 de junio de 2013

La mañana en que Fiorenzo y yo fregábamos la cocina, tío Vasile entró como una tormenta vociferando airadamente y en rumano quién coño le había anudado una cinta de cuero en los huevos anoche cuando dormía, con lo cual comprendimos de inmediato que aquella era la señal de la que habló Dragosi. Era el momento de la verdad; la fuga estaba en marcha. No obstante, la huida no se desarrolló como calculamos puesto que tío Vasile ya había probado un método similar que le compró a un vendedor de Venca, que consistía en introducir la cabeza untada de mermelada en el microondas, con resultado altamente decepcionante. De todas formas y sabiendo que los caminos que circundaban la propiedad de tío Vasile eran harto accidentados, a la vuelta de la esquina nos esperaban las bicicletas que Dragosi nos había preparado, con sus respectivas alforjas rebosantes de ropa de abrigo, bocadillos y barras de chocolate energéticas para el viaje.


Salimos como una exhalación, nos montamos de un salto en las bicis y comenzamos a pedalear enérgicamente con tío Vasile corriendo tras nosotros en calzoncillos, con la cabeza cubierta de foie gras y corneta en ristre. De pronto oí un sonido propio de algún número circense; un desafinado ¡aúuuuuuuuuuuuuuuuuuua! ¡aúuuuuuuuuuuuuuuuua! ¡aúuuuuuuuuua! que sobresaltó a los pájaros que aletearon en multitud hacia las alturas alejándose de las copas de los árboles. No cabía duda: se trataba de la bocina con forma de patito de goma de la bici de Dragosi. Miré hacia atrás y allí estaba aquel enano desalmado ajustándose la altura del sillín. Di media vuelta al tiempo que Fiorenzo con un movimiento rápido y coordinado, le bajaba los calzoncillos hasta los tobillos a tío Vasile y yo, en menos tiempo del que Poli Díaz tarda en meterse una raya y equipado con la navaja multiusos que gané acumulando puntos con la compra de quinientas cajas de chocochips, ayudé a Dragosi a reajustar la altura del sillín, graduar el ángulo del manillar, comprobar la presión de las ruedas, recolocar el retrovisor, comprobar los frenos, recollar la bocina, secarle el sudor de la frente y arreglarle el cuello de la camisa.



Fue entonces cuando pudimos pedalear con todas nuestras fuerzas hacia la gran ciudad y escapar así del poder opresor campestre. Fuera ya de peligro por el camino, pedaleando más relajados que Tito y Piraña en "Verano Azul", Dragosi se deshizo en elogios ante mi rapidez exhibida en la ITV de su bicicleta. Como consideraba que estaba en deuda conmigo y Fiorenzo, nos preguntó si teníamos trabajo y nos ofreció alojamiento en la ciudad durante el tiempo que tuviéramos pensado quedarnos antes de conocerle. Y como que tío Vasile se había quedado con mi dinero y la mayoría de mis pertenencias incluidas la ropa interior, aceptamos agradecidos formar parte de su negocio por unas pocas monedas, aunque en ningún momento supiéramos de qué carajo nos estaba hablando.


En los días posteriores, pese a que jamás llegué a aprender a hablar rumano y a desvalijar un cajero automático, constaté que la vida está preñada de pequeñas aventuras. Que un hombre pequeño de gran corazón puede albergar una ira temible. Que la amistad puede llegar de algún lugar lejano e insospechado como Italia. Que siempre habrá alguien más loco y desvergonzado que uno mismo, aunque se trate de un anciano que regenta un caserío reconvertido en hotel. Y que las mujeres, sean de donde sean, siguen siendo criaturas díscolas provocadoras de serios peligros y quebraderos de cabeza.


El resto, querido y paciente lector, es pura ficción... O no. 


 


Tags: El reno renardo, vacaciones, tío Vasile, huída, escapar

Regurgitado por Cabronidas @ 2:48
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Lunes, 17 de junio de 2013

Edmun Burke dijo: para que el mal triunfe, basta con que los hombres de bien no hagan nada.


No sé por qué razón, Edmun descuidó a las mujeres en su cita pero aparte de eso, creo que tenía razón y supongo que en mayor o menor medida se refería a las heroicidades altruistas. Aquellos actos desinteresados que vete tú a saber por qué, lleva a cabo un completo desconocido contra alguna injusticia y en el mejor de los casos triunfan en el intento haciendo un bien enorme que ni él mismo esperaba. En el peor ya sabemos lo que ocurre: los héroes de verdad fueron inconscientes de valor encomiable con un prematuro hospedaje en el cementerio cuyos actos, la mayoría de veces y pese a los recordatorios, monumentos y menciones en los libros, caen irremediablemente en el olvido colectivo. De hecho, es un final tan injusto como las injusticias contra las que, en un momento u otro, decidieron luchar. Eso sin mencionar aquellos héroes que murieron en el más absoluto de los anonimatos o que permanecen en él por decisión expresa.


Todas estas personas, indistintamente de su grado de heroicidad, despiertan mi admiración y respeto. Y todos sabemos que existen otro tipo de héroes; me refiero a los héroes de pacotilla, de papel, confeti, cristal, cartón, naftalina y mierda seca. A toda esa chusma con afán de notoriedad que asoman el ocico cuando el verdadero peligro ha pasado. No contentos con pasear su estampa cuando su presencia es del todo innecesaria, condenan con vehemencia la pasividad e indiferencia del resto de sus congéneres ante los peligros e injusticias sean del tipo que sean, cuando con toda seguridad, ellos habrían actuado de igual forma. La heroicidad de verdad, normalmente, suele ser silenciosa, desapercibida y muy pocas veces premiada o reconocida. La heroicidad ficticia, aparte de ensordecedora, suele ser esgrimida por los pobres de espíritu; por despreciables embusteros profesionales que necesitan inflar su ego hasta la obesidad mórbida; por gentuza prejuiciosa que a toro pasado te dirán de qué forma hubiera sido mejor actuar; porque necesitan enaltecerse y sentirse mejores que el resto de aquellos que no hicieron nada.


Tampoco nos llevemos a equívocos: todos o la gran mayoría nos partimos la cara por nuestros seres queridos y amigos. Pero giramos la cara ante las injusticias y la necesidad de auxilio ajeno porque lo consideramos batallas en las que no nos corresponde luchar. Seamos honestos y reconozcámoslo: no somos valientes, sino mezquinos, egoístas y cobardes; quizá demasiado humanos. Sí, soy un cobarde y he elegido el camino de la longevidad. Sí, el mundo es un lugar lleno de injusticias e indiferencia, y el mal lucha por adueñarse de todo. Y sí, hacen falta héroes, pero héroes de verdad.


Y los de mentira, os metéis vuestra heroicidad siempre tardía por el culo y por favor, morid pronto.


 


Tags: Héroes, cobardes, pasividad, indiferencia

Regurgitado por Cabronidas @ 11:32
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Jueves, 06 de junio de 2013

Parece que se ha convertido en tradición llegar tarde a la mayoría de festivales a los que decido acudir (lo cual no deja de tocarme los huevos), por lo que no es de extrañar que cuando llegamos a la barra para saborear el primer litro de cerveza al ritmo de los acordes, ya habían disparado su arsenal sonoro los Voodoo Six, October File y finalizaban los Red Fang. Así que el festival empezó para mí y mis dos colegas con un más que buen grupo del metal patrio: Tierra Santa; un grupo de experiencia y trayectoria dilatadas al que ya he visto otras veces y siempre finalizan con un aprobado alto. Pese a que no son santos de mi devoción, los estuve disfrutando de principio a fin con el respeto que indudablemente merecen.


El grupo de Jason Newsted, exbajista de Metallica, abrió fuego a eso de las dieciocho horas con su nueva banda que lleva su mismo apellido, practicando una combinación de heavy/thrash que si bien no acabó de convencer al cien por cien, sí sonaba notablemente contundente y compacto; no me emocionaron, pero sí me gustaron. Es innegable que Jason tiene mucho rodaje: está en buena forma, le puso ganas, actitud y no paró de relacionarse con el público entre canción y canción. Newsted es un proyecto que acaba de nacer, pero siendo Jason el que está al frente, estoy seguro de que en un futuro nos ofrecerá buenos trabajos y directos a la altura de los grandes.


Los siguientes en desgranar su repertorio fueron los Ghost, a los que no conocía absolutamente de nada. Con una introducción eclesiástica hicieron aparición cinco siniestros encapuchados con negros hábitos de monjes y un vocalista vestido como un oscuro sacerdote católico con la cara maquillada de calavera. Cada uno de ellos se posicionó con solemnidad en el lugar del escenario que le correspondía, tras un enorme telón rojo con el nombre del grupo serigrafiado en bellas impresiones góticas, y permanecieron inmóviles en todo el tiempo en que duró la intro. La puesta en escena, de no ser por un sol que ayudo sobremanera a deslucirla, hubiera sido totalmente impresionante e intimidatoria y hasta lo que yo he visto, tan solo superada por los dementes de Slipknot. Sin embargo, pese al juego de luces y lo bien que sonaron, su propuesta musical me aburrió soberanamente debido quizás, entre otras cosas, a que el show que ofrecieron probablemente hubiera ganado varios enteros si llegan a tocar de noche.


Faltaba poco para que anocheciera y llegaba la hora de irse a buscar el segundo litro de cerveza, que dentro de nada entraban los Iron Maiden a escena. Con la cerveza rebosante y en delicado equilibrio, utilizando toda la habilidad acumulada en años, fuimos sorteando con precisión sobrenatural mochilas, cabezas rapadas, crestas, chupas de cuero, rastas y melenas, para alejarnos de Roberto Dueñas, Conan el bárbaro, Robocop y el Yeti que se habían colocado delante de nosotros anulando la visibilidad. Al cabo de unos diez minutos logramos posicionarnos en una zona donde estaban Frodo Bolsón, R2-D2, Danny de Vito y una revoltosa agrupación de Umpa Lumpas. Lo siento por titanes como Scorpions, AC/DC, Kiss o los putos Rolling Stones, pero los amos de la música en directo siguen siendo los Maiden y visto lo visto, lo seguirán siendo hasta que se les agote el combustible o mueran en el intento. Con los años que llevan es increíble que todavía no hayan tocado techo y cada vez que los veo en un escenario es mejor que la anterior.


Me resultaría difícil hablar con objetividad sobre la actuación de Anthrax si hubieran ofrecido un mal directo, siendo como son una de mis bandas favoritas en todos los sentidos por no decir la que más. Pero nada más lejos de la realidad: los de Nueva York ofrecieron una actuación de matrícula de honor, y complicadísimo lo tenían después de lo vivido con Iron Maiden. Sonido poderoso, demoledor y perfectamente conjuntado, derrochado con la entrega y vitalidad de quienes creen que quizás no habrá un nuevo amanecer. No voy a descubrir tampoco nada nuevo si os digo que son, innegablemente, gerifaltes con galones de la más alta graduación. Casi me atrevería a asegurar que fueron el grupo más coreado del festival.


A mitad del tercer litro de cerveza, mi buen colega Gerardo (el cenutrio que le pone tilde al adverbio "solo"), me trajo un bocadillo de algo que no tenía nombre pero que mitigaba un poco el hambre. Estábamos exaltados, felices, ebrios y tomando aire para la actuación de otro peso pesado del metal: Megadeth. Quizás, debido a la predisposición con la que llegué al festival y con la cantidad de cerveza bebida, la percepción de la actuación de Megadeth debiera haber sido similar a las grandiosas de Maiden y Anthrax. Pero me pareció sinceramente y muy a mi pesar, la más floja de cuantas he disfrutado de ellos. Se mostraron excesivamente estáticos, distantes, como si vinieran en plan: "bueno, tocamos las canciones sin más y nos largamos, que tenemos cosas que hacer". No me defraudaron, pero desde luego, siendo como son una banda de status e influencia enormes, no ofrecieron un directo digno de la trayectoria que les respalda.


El último grupo en deleitarnos y que por consiguiente cerraría el festival fueron los Avantasia: músicos excelentes que ofrecen un power metal totalmente digerible incluso para los oídos menos adiestrados en estos ritmos, pero del que apenas os puedo comentar algo puesto que no recuerdo nada. Jerónimo fue el que conducía y cumplió: el no bebió y nos devolvió sanos y salvos. No recuerdo tampoco a qué hora llegué a casa pero sí que me desperté a las catorce horas, así que pese a la amnesia, creo que me controlé bastante. Era domingo y recordé que tenía que ir al campo a casa de un amigo a comer paella. Fue cuando reparé que había perdido, inexplicablemente para mí, mis gafas de sol y que tenía el móvil desmontado con las piezas distribuidas por todos los bolsillos de mi chaqueta tejana. Ayer encontré la tarjeta SIM encima del microondas.


A ver para cuándo otro Sonisphere por tierras catalanas. Este ha sido estupendo y solo tengo que tratar de no perder ni desmontar nada, que seguro que me tocará conducir a mí.


 


Tags: Festival, música, metal

Regurgitado por Cabronidas @ 0:00
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