Jueves, 29 de agosto de 2013

Alguien me dijo una vez que cuando una bitácora cumple un año de existencia, es recomendable hacer una lectura general de sus artículos para tener una visión global de la misma y así saber qué más puede ofrecer. Ya ha trascurrido un año desde el día de la apertura de este blog hasta la fecha de publicación de este post; y seis desde que decidí adentrarme por vez primera en este mundo virtual de parajes tan numerosos como dispares que, al fin y al cabo, acaban siendo las mismas historias confluyendo en un mismo escenario donde se suceden, una y otra vez, las mismas representaciones. En definitiva, representaciones de las que este blog y cualquier otro que se precie hemos sido espejo y reflejo, alguna o muchas veces.


Esto de los blogs, en cierto modo, es real como la vida misma, por lo que no caerás bien a todo el mundo y supone una necedad el pretenderlo. De la misma manera que encontrarás egocentrismo mierdoso a raudales; interesadas lamidas de coño, de polla; torrenciales dosis de contradicción y una enorme carencia a reconocer las propias cagadas, también tendrás la suerte de encontrar personas que se presienten de una calidad innegable que valen la pena mucho más que uno mismo. Y blogs cuyos autores, aparte de que resultan del todo apreciables, están realmente por encima de todo eso. Real como la vida misma: fantasmas, mierdecillas, pobres de espíritu y personas con las que sí merece gastar el tiempo. El caso es no tomarse esto demasiado en serio; de hecho, nada en serio. Y volviendo a la recomendación, naturalmente, me la voy a pasar por mi lerele de dos bolas, o sea, mi nardo y mis pelotas, puesto que releer todo lo escrito aun a grandes rasgos, sería un ejercicio estúpido de vanagloria o como masturbarse por vicio y no por verdadero deseo.


Días anteriores a la decisión de apearme de mi tren etílico con exceso de velocidad para subirme al de la sobriedad, al del consumo controlado, estaba en un bar sin nombre; antro sombrío y tumefacto reducto de perdedores y héroes frustrados, donde bebía más que Nicolas Cage en Leaving Las Vegas pero sin puta. Ahogaba mis demonios en una vorágine de pesadilla vaciando un vaso tras otro cuando de improviso, de entre los casi desaparecidos cubitos de hielo, apareció el genio del Macallan en lo que creía que era un delirante episodio de delirium tremens. El genio del Macallan, con un desprecio apenas disimulado, me explicó que podía pedir tres deseos y que estos serían cumplidos.


A punto estuve de vomitar toda una sarta de hilaridades empapadas en alcohol, cuando un minúsculo viso de cordura se abrió paso hasta mi mente e hizo que me decantara por complacer a mi egoísmo. Solicité que me dotara de superpoderes; algo así como un híbrido entre La Masa y la tecnología vanguardista de Iron Man. Luego pedí ser tan insultantemente rico que Bill Gates a mi lado pareciera mi botones. Y por último más que ningún otro anhelo, deseaba tener en la intimidad de mi alcoba y durante todas las noches de mi vida a la Tina Turner de la década de los sesenta y setenta. Tener mi cuerpo enjuto y enclenque pegado al de ella hasta formar uno solo y ejecutar contorsionismos imposibles; sudorosos ejercicios en el somier o en el mármol de la cocina y tirabuzones y vueltas de campana entre sábanas húmedas y revueltas.


Porque sí, elenco de lameculos, estrechas, desarrapados y malfolladas: si resulta que Elvis es el Rey, que Bruce es El Boss y Frank es "La Voz", Tina Turner de las decadas sesenta y setenta es "La Mujer" por antonomasia. La hembra de curvas voluptuosas, diosa de ébano, macizorra entre las macizorras, que a buen seguro sería capaz de cabalgar sobre cualquier polla tiesa y dura del mundo hasta la extenuación y quebrarla a su antojo con un enérgico movimiento pélvico. ¡Catacrack¡, ¡ñaca!, ¡toma ya!, ¡viva Tina y el Black Power!


El genio del Macallan me miró como si viera algo en mí que no tuviera solución y después de abofetearme un par de veces con el semblante impertérrito, me explicó que no podía desperdiciar semejante oportunidad en tan frívolas banalidades. Que de ser yo un tipo bondadoso y magnánimo, al menos gastaría un deseo en el bienestar de mi planeta y mis congéneres. De modo que, después de eructar con el poder del trueno hasta hacer que sus puntiagudas orejas de gnomo palmearan, los mofletes le temblaran y arrugara el gesto en un rictus de desagrado como si estuviera delante de un potente ventilador, le pedí tres nuevos deseos: quiero que este mundo desaparezca y sea sustituido por el de Oz. Quiero ser el que mejor toca la guitarra eléctrica en toda la galaxia. Y quiero contar buenas historias. —Concedido, borracho cabrón—. Y tal como apareció, desapareció entre los también desaparecidos cubitos de hielo.


De esta peculiar vivencia hace ya varias semanas y el genio del Macallan se ha burlado de mí y no ha atendido un ápice mis ambiciones. Oz sigue estando entre las páginas que escribiera hace ya años Lyman Frank. Lejos de saber tocar la guitarra, lo único que toco con más o menos pericia son los cojones. Y obviamente, pese a que habrá futuras publicaciones no vas a encontrar ningún tipo de mejora.


"Bien, chicos. Este sitio lleva demasiados días como un manómetro a cero. Abramos una cuantas cervezas, desenfundemos las guitarras y subamos el volumen de los amplificadores. Volvamos al escenario a tocar como hijos de puta, despertemos a la monstruación y que de nuevo se desate la locura".



Tags: Macallan, genio, deseos, Cavalera Conspiracy

Regurgitado por Cabronidas @ 12:37
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Jueves, 01 de agosto de 2013

Exclusiva en "Sálvame bitácora".


Ante nuestro total estupor, ha llegado a nuestro plató la noticia de que, el prácticamente desconocido bloguero Cabrónidas, alcohólico irredento, coleccionista obsesivo de esporas, moho, hongos; azote de reyes, Papas, feminazis y demás subespecies, sobre las 15 horas del pasado miércoles 31 de Julio, se le ha podido ver asomado al balcón de su residencia luciendo un aspecto deplorable. Completamente desnudo y desaliñado, con el mando de la play station colgando del cuello y empuñando una botella de Jack Daniels, profería en un avanzado estado de embriaguez, sucias obscenidades a toda mujer que pasaba cuya edad estuviera comprendida entre los trece y ochenta años. Así como entendemos que es un claro atentado contra la dignidad y el decoro, una agrupación de doscientos jubilados encolerizados, se han apiñado bajo el balcón del irrespetuoso bloguero, increpándole con los gallaos en alto promesas de tortura y muerte. Ante las amenazas, Cabrónidas, como cabe esperar de un ser perturbado y sin conciencia, ha apurado su botella de Jack Daniels, la ha golpeado contra la baranda haciéndola añicos y empuñando el cuello de esta a modo de machete y totalmente enajenado, se ha lanzado al vacío contra la enfervorizada masa de jubilados exclamando un desgarrado "¡a la mierda, panda de hijoputas!"


Según nos va llegando información de nuestros dispositivos de investigación, sabemos que la vivienda del desquiciado bloguero, ha quedado totalmente destrozada como si se hubiera celebrado una fiesta de rock y en contra de lo que cabría esperar, ha salvado milagrosamente la vida y se haya recluido en un prestigioso centro donde se tratan diversos grados de demencia y males de similar índole. Pese a la fuerte sedación que se le ha administrado, Cabrónidas no cesa de darse cabezazos con el ímpetu de un miura, contra las paredes acolchadas de la habitación en la que ha sido aislado. Fuentes cercanas a la vida del enloquecido bloguero así como sus seres más allegados, entre los que se encuentran Bakunin, Anastasia Mayo, Mata Hari y Chinaski, aseguran que su comportamiento obedece a que estaba preparando la mente y el espíritu para desaparecer del 1 al 30 de agosto a un lugar que, según él, se le aparecía en sueños y en sudorosos estados febriles. En la madrugada del 1 de agosto, un numeroso dispositivo de sicoanalistas y estudiosos de la psique humana, han irrumpido en la habitación del bloguero con la intención de torturarle con electroshocks y la escucha obligada de toda la discografía de Camela para averiguar de qué lugar se trata. Con gran asombro, han encontrado el cuerpo del irreverente bloguero tumbado en el suelo rígido como un témpano de hielo en una guisa grotesca y desconcertante: la mano izquierda se cerraba sobre su escroto, la derecha estaba levantada mostrando claramente el dedo medio y una amplia sonrisa que haría palidecer a la del mismísimo gato Cheshire, inundaba su rostro. No sabemos cómo y habrá que esclarecerlo, en su pecho descansaba esta nota:


"Hasta septiembre, mi yo incorpóreo está de vacaciones en Shangri-La. Jodeos, mamones".


 


Tags: Bitácora, Shangri-La, vacaciones, Slipknot

Regurgitado por Cabronidas @ 0:01
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