Jueves, 28 de noviembre de 2013

Despiertas sin sobresaltos pero de repente, como si en algún lugar se hubiera pulsado un interruptor, y recuperas la certeza de tu existencia como si algo o alguien hubiera abierto una grieta en tu subconsciente por donde se cuela una luz blanca. Sin embargo, es una certeza nueva, prístina; donde no existe ningún tipo de información salvo la sensación de verte sometida a una especie de compleja reprogramación vital en la que no hubo nada antes de tu despertar. No sabes cómo has llegado hasta allí, ni recuerdas nada salvo algunas imágenes que te parecen fotogramas de otra vida que no tienen ningún sentido para ti: la onda expansiva de una explosión devastadora devorándolo todo a su paso, y un cuerpo de mujer pulverizándose en medio de aquel infierno. Todo concentrado en un microsegundo que dio paso a un final inesperado y abrupto.


Despiertas y te ha parecido estar sumida en una pesadilla, o acaso en un sueño de profundidad abisal e infinita, donde te contemplabas a ti misma en un sobrecogedor silencio cósmico, ingrávida en el vientre materno cuando todavía estaba todo por empezar. Te encuentras en posición horizontal bajo el techo de una sala de luminiscencia azulada, fría y aséptica. Un silencio intranquilizador ocupa la estancia, roto quedamente por las intermitencias electrónicas de una extraña tecnología digital que te rodea. Algo va mal, piensas. Tratas de obtener respuestas intentando retrotraer tu nueva consciencia a un pasado que ya no existe, y tu subconsciente se pierde en la ausencia de los recuerdos y vivencias que ya no están. Despiertas y te ha parecido el letargo finito de toda una vida y te miras a ti misma sin reconocerte, renacida en una inquietante anatomía de sangre, automatismos y ciencia cuya única humanidad reside en esa pequeña grieta que se abre en lo más recóndito de tu mente.


Tags: tecnología, cyborg, máquina, Strapping young lad

Regurgitado por Cabronidas @ 17:24
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Lunes, 25 de noviembre de 2013

Ya me parece verte otra vez alejándote calle abajo llevándote el infierno contigo, bajo una tormenta lloviendo tu nombre y te he vuelto a maldecir más veces de las que serías capaz de soportar. A estas alturas, te has ido ya miles de veces y sigo sin poder soportarlo. No sé si te conozco o te olvidé en el fondo de alguna de las botellas que vacié en cien madrugadas. Y aún así, miras con ese mismo ademán que la veo a ella en cada uno de mis latidos; con un estremecimiento que me atormenta y me hace dudar sobre quién llegó primero; sobre quién se fue después. Te quiero porque la deseo a ella; porque la amé tantas veces que no tengo ahora dónde guardar el eco de todo el amor que le grité. Quizá pensando en ti aunque aún no hubieras llegado; quizá pensando en ella como el centro de un cuadro, bello como un sol recién nacido, que ahora se pudre cara a la pared en uno de los rincones más oscuros de mi existencia. Empiezan a hastiarme los celos y manías que volcarás en mí, pero lo compenso con los amaneceres y los abrazos que ya me has dado, aunque por más que me empeñe, no encuentre motivo alguno para hacerlo. Quiero que sepas que el daño que aún no te he hecho, lo hice sin querer; que todas aquellas cosas horribles que te escupí fueron porque me dejé llevar y porque solo tú sabes cómo arañar mi alma.


Quiero que hasta el fin de tus días, seas consciente de que jamás te perdonaré todo el dolor que todavía no me has provocado, y por ello cobardemente, dejo manifiesto impreso de ello. A pesar de todo, te ofrezco mi vida en un beso que probablemente nunca será tuyo porque lo mandé antes de que llegaras. Te adoré tanto que no puedo dejar de releer las cartas que aún no me has escrito, ahora que todavía no me has dado la espalda y me has dejado tan solo, que me siento la estrella más remota del universo, mirando mi propia sombra encogida de hombros con las manos embutidas en los bolsillos. La misma que mañana temprano, el sol proyectará en el paso de cebra que una vez pisamos, mientras buceaba uno en la mirada del otro como si no existiera nada a nuestro alrededor. Te quiero como jamás nunca podré volver a hacerlo, pero una vez más fuiste demasiado puntual, demasiado exacta. Y en tu ausencia de retraso e inexactitud, no he encontrado el momento en el que poder decirte que ya no puedo quererte porque me resulta imposible.Y con esta forma de anticiparme reúno el valor para confesarte que nunca te merecí porque nunca fui tuyo, ni de Dios ni de nadie; ni siquiera de mí mismo. Tan solo del imperturbable paso del tiempo, cuya inexorabilidad me traiga como una pesadilla, el recuerdo de quién fuiste para clavarte una y otra vez en todas mis heridas.


 


Tags: Ruptura, odio, amor, Cradle of Filth

Regurgitado por Cabronidas @ 1:01
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Mi?rcoles, 20 de noviembre de 2013

No culpemos de todo a los dirigentes. El votante concienciado padece una dolencia de la cual no es consciente. Es una persona enferma, obtusa, cerril y de ideas fijas e inamovibles que vota siempre a las mismas siglas. Cual empirista, yo prefiero vivir y pensar acorde con la experiencia, pero me gustaría que el votante concienciado encontrara el gozo, como yo la alegría, en que hiciera algo contra toda lógica y fracasara en el intento una y otra vez. Y que de ser posible, puliera su técnica hasta equipararla a la de un político justificando, ante un micrófono, lo injustificable. Y todos aquellos que lo viéramos y los que se quedaron hasta sin lágrimas, puestos a reventar, que lo hiciéramos de la risa, que sigue siendo gratis. Lo haríamos en la penumbra de los desapercibidos, mimetizados en la oscuridad de los callejones. Mientras que allí fuera, el bombardeo dialéctico entre unos y otros se agudiza, tensando y deformando los semblantes hasta adoptar grotescos rasgos de tragicomedia.


Anteayer, el decimosexto psicoanalista que me trató también acabó suicidándose, no sin antes suplicarme que era el momento idóneo de posicionarme en un extremo u otro del bipartidismo y ofrecer fidelidad ciega. "Inténtalo", me dijo. "Y una mierda", alcancé a decirle al tiempo que se arrojaba desde un octavo piso, "es el momento de que el votante concienciado empiece a no intentar nada".


No intentad votar a otro partido que no sea el vuestro justo cuando, por alguna incomprensible razón que ni Dios conoce, decidisteis no ser unos enfermos; sería más fácil que os tocara la lotería sin jugar. Empezad a desoír, incluso antes de estar escuchando, todo aquello que pudiera argumentar cualquier otro votante que no piense como vosotros. No intentad, no intentad, no intentad. Desandad ya al primer paso, cualquier camino que os conduzca a una verdadera pluralidad de opiniones y os aleje de los ideales inculcados; sería menos complicado que mearais hacia arriba, evitando atragantaros con vuestra propia orina. Vacilad si, en un desconcertante acto de verdadera humildad, estáis a punto de condenar a los políticos en los que creísteis. No intentad, no intentad, no intentad. Atentad alevosamente contra vuestro compañero de ideologías, sean las que sean, si este decide no serlo porque, sencillamente, estaba asqueado y dejó de creer. Si sucede, desaprended de inmediato la virtud que supone reconocer los propios errores, sin tener que reparar en los del otro bando, y continuad siendo votantes concienciados y vociferantes, escupiéndoos la verdad de todo.


Y morid cuanto antes. Eso sí, haced el favor de intentarlo.


 


Tags: Koma, Votante, Bipartidismo

Regurgitado por Cabronidas @ 15:24
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Martes, 12 de noviembre de 2013

El primer disco que compré, un año después de los mundiales de Naranjito y con dinero de mis padres, no era un disco sino una cinta de casete de Barón Rojo que se titulaba Metalmorfosis. Cuando llegó el soporte digital, el cd se adueñó de las estanterías de miles de melómanos y las cintas pasaron al olvido, lo que propició que lápices, bolígrafos y rotuladores, volvieran a utilizarse para lo que realmente fueron concebidos y no para rebobinar en un sentido o en otro. El primer cd que adquirí a modo de regalo fue el Shymphonies of sickness de Carcass , con la portada original y sin censuras de ningún tipo. La cinta de Barón Rojo aún la conservo, puesto que me ata a ella un sentimiento añejo y especial. El cd de Carcass, para profunda pena de mi corazón, me lo robaron en una de aquellas fiestas de adolescentes a las que acudía. Desde hace años se puede adquirir en cualquier tienda especializada, pero con una portada para quinceañeras que no hace justicia al magnífico contenido musical del disco.


Cinta y cede respectivamente, aun habiendo pasado ya tantos años, me siguen pareciendo una joya en su género. Aunque no faltan quienes más jóvenes que yo, me digan que esa música solo sirve para provocar suicidios en masa y vómitos como cascadas. Porque según me cuentan, la mejor música es aquella con la que haces el amor y con la que follas o, ¿acaso existe una música mejor que aquella que te pone cachondo? Semejante deje de sabiduría se puede hermanar con aquella otra frase que reza: "si bailas mal, follas mal". Aún hoy, estoy intentado desentrañar el mensaje intrínseco que hay en tan erudita asociación de palabras. Pero sí, existe una música mejor y es la música con la que lloras. Hace poco no pude contener las lágrimas y dejé que brotaran en plena convulsión emotiva cuando, mientras tendía la ropa, escuchaba El malo , interpretada por los pioneros indiscutibles Barón Rojo. Es lo que pasa cuando uno es engreído y tiene cierta edad, que te vuelves altamente receptivo, sensible, y comprendes que no puedes competir porque ya no vales ni para ligar. Ahora las chicas los prefieren con aspecto grunge a lo Johnny Depp; o con los pantalones por debajo del culo; o con la visera de la gorra cubriendo la oreja; o con cierta aura de misterio como el vampiro alelado de Crepúsculo o directamente vacilones, cachas y subnormales.


Hoy me ha vuelto a ocurrir. Estaba en el cuarto de baño ante la taza abierta del inodoro, cuando ha empezado a moquearme la nariz y las lagrimas se iban agolpando nublándome la vista hasta derramarse cuantiosas. Os aseguro que no había nadie en las proximidades troceando cebolla. Entraban cálidos haces de luz a través de las estrechas franjas de la persiana que, en su camino hacia el suelo, incidían en la fluidez de mi orina que caía larga e ininterrumpida produciendo una cantarina musicalidad al contacto con el agua del váter, que mezclada con las estimulantes melodías de Cadaveric Incubator of Endoparasites, que fluctuaban desde el comedor ejecutadas por la maestría innegable de Carcass, dotaban aquella bella conjunción de momentos, en algo mágico e inusualmente poético. Es lo que sucede cuando en una misma persona conviven, el gusto por los ritmos extremos, y la facilidad incontenible de que estos también te conmuevan hasta el llanto. Por eso las mujeres que ya no son chicas, lejos de considerarte un tipo interesante y sensitivo, te miraran pensando que eres raro o irremediablemente gilipollas.


Por eso el amor es ciego y no ve porque siempre va borracho. Y por eso, como los caminos del Señor, los de la música también son inescrutables.


 


Tags: Barón Rojo, Carcass, música

Regurgitado por Cabronidas @ 16:08
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Lunes, 04 de noviembre de 2013

La última mujer a la que amé me dejó porque ponía la música a un volumen desorbitado. Demasiado alta en el coche; demasiado alta en casa; demasiado alta en cualquier lugar. Según ella, aquel compendio caótico de estridencias disonantes, voces guturales y trémolos exasperados, mermaban su sistema nervioso y la conducían a un estado de paroxismo rayano en la locura. Así que con gesto compungido en el semblante, me dio a elegir entre ella o aquella bola de ruido que yo tanto disfrutaba. Obviamente, como atesora entre muchas la calidad de insustituible, elegí la música. Con el trascurrir cotidiano, la soledad invadió mi espíritu y sentí la necesidad de llenar aquel vacío creado en su ausencia, y sabiendo entonces que elegí bien por lo fácil de su sustitución, llegó el momento de comprar un animal de compañía.


Estuve unos días debatiéndome entre comprar un perro o un gato, y aunque me gustan de diversas razas, tamaños y pelajes, son animales que no se corresponden con mi carácter y mi forma de ser. Hasta que un día, en una de mis incursiones por el campo en busca de esporas, moho y hongos para mi colección privada, topé con un cabrerizo al que le quise comprar una de sus cabras. El cabrero, experto cual Dr. Doolittle sobre el misterioso mundo del lenguaje animal, me regaló una cabra enana marrón que no me quitaba ojo de encima, lo que según él significaba que en lugar de elegir yo a la cabra, la cabra me eligió a mí. Además, era la mascota idónea que necesitaba por afinidad y asombrosas similitudes de comportamiento.


Para mi dicha, pronto descubrí que aquella cabra escondía ciertas habilidades que la hacían sumamente especial. No es que hablara, como la famosa mula Francis, aunque el cabrero me aseguró que sí, solo que debería pasar mucho tiempo antes de que yo fuera capaz de entenderla. El caso es que cada vez que reproducía música en el tocata, la cabra se alzaba sobre sus cuartos traseros mostrando su quijada en una amplia sonrisa; sus patas delanteras volvían a tocar el suelo y giraba sobre sí misma incesantemente y cabeceaba junto a mí siguiendo el ritmo. En los acordes más duros y desenfrenados, nos montábamos pequeños pogos por el comedor que acababan en carcajadas y palmadas en el hombro. Sin duda, estábamos hechos el uno para el otro.


La vez que supe sin atisbo alguno de fisuras que nuestra amistad era inquebrantable, fue cuando salimos de un concierto de Napalm Death. Andábamos algo ebrios por el adoquinado de una de las brumosas callejuelas de la ciudad, cuando mi cabra se paró a mear toda la birra ingerida al lado de un contenedor. En ese momento tan íntimo, un cuarteto de emos muy a disgusto con la vida, quisieron reducirme y apalizarme en cuanto leyeron lo que había escrito en la camiseta que vestía: "cuando sepas de algún emo que quiera suicidarse, ¡ayúdale! El mundo te lo agradecerá". Pero allí estaba ella, mi cabra, mi amiga; la pieza del rompecabezas que faltaba en mi vida para completar la plenitud de mi existencia. Con decisión y energía, embistió inmisericorde el escroto de dos de aquellos desdichados. Los otros dos, boquiabiertos y con pasmo en sus miradas, vieron como la cabra se elevaba del suelo en cámara lenta como hiciera Neo en Matrix, y los coceó enérgicamente empotrándolos contra el duro ladrillo de la pared más cercana. Me acerqué a mi cabra y palmeé mis manos con sus pezuñas como cada vez que hacíamos un buen trabajo; primero arriba y luego abajo, ¡plas!, ¡plas! Como dos auténticos colegas, como el equipo invencible que éramos cuando nos marcábamos un tanto.


Sin casi darnos cuenta nos hicimos inseparables. Las primeras vacaciones estivales que pasamos juntos fue en Marrakech. Nos encantaba pasar las tardes en cualquier terraza de cualquier bar, contemplando a la gente con la mirada oculta tras nuestras gafas de sol. Yo miraba a las mujeres e imaginaba que me acostaba con ellas y ella, que era un poco pervertida, mientras bebía de su pajita a grandes sorbos, lucubraba sodomizaciones a los carneros que por allí pululaban como parte normal del paisaje. Ha pasado el tiempo y ahora comprendo muchas cosas. Siempre he creído que los animales son mejores que las personas, y ahora entiendo esa profunda tristeza de quien llora la muerte de su mascota más que la de cualquier ser humano.


Por eso ya he vuelto a modificar mi testamento y he dejado reflejado claramente que ella debe ser la máxima beneficiaria.



Tags: mascota, cabra, Matrix, napalm death, música

Regurgitado por Cabronidas @ 12:46
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Viernes, 01 de noviembre de 2013

Las multinacionales y los que manejan los hilos, en cosa de cuatro años ya han conseguido meternos como si fuera algo de toda la vida en este país, la fiesta que en el mundo anglosajón se dio a llamar Halloween; del inglés All hallows eve, la Víspera de Todos los Santos. Su origen proviene de una ancestral festividad celta en la que se creía que esa noche del año, desaparecía la línea que separaba al mundo de los vivos del de los muertos. Así que ala, truco o trato y a tocar los cojones. Con lo bien que estaba esa tradición alejada de nuestras vidas y solo comiendo castañas, y ahora nos la tenemos que comer junto con las maldiciones que ya teníamos. Eso sí, si algo bueno trajo al mundo esa celebración mongólica, fue un grupo musical que hoy en día aún tocan y compusieron en el 87, un disco genial, maravilloso y soberbio, donde hasta el día de hoy, hay una de las mejores canciones en toda la historia del heavy/speed metal, aún no superada.



Tags: Halloween, helloween, festividad, santos, truco o trato.

Regurgitado por Cabronidas @ 0:06
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