Viernes, 20 de diciembre de 2013

Como ocurre con los grandes tesoros, hay blogs que yacen en parajes inhóspitos, alejados del clamor popular y solo al alcance de aquellos que tienen la fortuna de descubrirlos. Sus autores escriben con la genialidad de los dioses y expresan todo aquello que quieren de tal forma, que dejar un comentario se antoja una profanación. Por eso, de la misma manera que no está en las masas lo especial y selecto, no encabezarán nunca la lista de los más visitados.


Hay quienes se creen artesanos cada vez que se disponen a teclear aquello que llevan dentro, y estrujan el diccionario como si eso fuera sinónimo de calidad. Los más ridículamente engreídos, dotan su prosa de un empacho tan pomposamente atiborrado de metáforas, que ni el lector más ilustre acierta a discernir. Por eso, así como no está hecha la miel para la boca del asno, hay platos mediocres que agradables a la vista, colman los paladares de las bestias menos exigentes.


Otras bitácoras, alejadas de caminos intrincados y peñascos accidentados, esgrimen una escritura tan sencilla, clara y directa, que no puedo más que sentirme agradecido y dejarme llevar por la fluidez de cómo desgranan las palabras. Son bitácoras divertidas y ocurrentes con una larga trayectoria, por lo que ante semejante demostración de constancia y regularidad, no puedo más que dejar aflorar la profunda admiración que me producen.


Hay blogs previsibles, anodinos y aburridos como solo lo pueden ser los blogs monotemáticos, cuya capacidad de sorprender es tan nula como la honestidad de los que vencen en las urnas. Repitiéndose una y otra vez en una vorágine tediosa de refritos erótico-pornográficos, que cuando accidentalmente chapoteo en uno de ellos como si de un lodazal infecto se tratara, me invade la desolación del que sabe que la mierda, siglos ya inventada, no solo ahoga, sino que se desborda insolente más allá de los límites de lo mínimamente digerible.


Y esta bitácora que también es vuestra, debido a las inevitables fechas que se aproximan, y teniendo que acatar con suma satisfacción ciertos imperativos familiares ineludibles, cesa su actividad hasta el año que viene puesto que no podré atenderla como corresponde. Así pues, a quienes les dé la gana e interese, nos leemos a partir del 1 de enero.


¡Salud y feliz falsedad!



Tags: Blogs, bitácora, escritos, narrativa, fin de año, Ska-P

Regurgitado por Cabronidas @ 1:29
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Lunes, 16 de diciembre de 2013

Aún hoy hay quienes creen que reproducir según que discos al revés, esconden una oscura invocación al innombrable. Si bien es cierto que el heavy metal en general no es culpable de la manifiesta imbecilidad de aquellos que creen a pies juntillas en semejante necedad, sí lo es de la innegable asociación, consciente o inconsciente, de toda la consabida temática satanista y anticristiana de la que cientos de grupos se declaran, abiertamente, precursores y adoradores, expresándola en todas y cada una de sus canciones.


Aunque a mis oídos nunca ha llegado ninguno, puede que sí exista un disco con tan siniestras rogativas (por supuesto, autofinanciado por los propios músicos y distribuido por una compañía independiente carente de todo prejuicio), pensando como otros muchos, que la realidad supera siempre la ficción. Tengo claro que una voz enfermiza o deshumanizada hablando al revés sobrecoge e impone mucho más que si lo hace en su sentido lógico, sobretodo por el misterio de lo que pueda estar diciendo y los motivos para ocultarlo.


Por poner un ejemplo de los muchos que podría utilizar sobre lo que os estoy contando, ilustraré el artículo haciendo referencia al segundo trabajo de Slayer titulado Hell Awaits. Un disco magnífico que creó escuela allá por un lejano 1985 y que aún hoy rezuma veneno y malevolencia por cada uno de sus surcos. La famosa introducción para los que amamos esta música, es de las más escalofriantes que recuerdo y solo dura un minuto y cinco segundos. Escalofriante digo, si te atreves a escucharla sin ruidos de ningún tipo y en la más completa oscuridad. Si lo haces, te digo lo que están diciendo.


Eso sí, no me responsabilizo de lo que veas cuando enciendas la luz.


 


 


Tags: Slayer, satanismo, invocación, música

Regurgitado por Cabronidas @ 18:42
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Mi?rcoles, 11 de diciembre de 2013

Nuevo año, mismas intenciones.


Abro el pórtico; el pestillo suena suave como el olor de un recién nacido y me muestra un umbral sumergido en penumbras. Cierro tras de mí, con un chasquido apenas perceptible como un parpadeo. Camino por un corredor que huele a solemnidad, flanqueado por columnas que se pierden en la oscuridad del techo. Mis pasos son lentos como una oración. Abro la puerta a un salón confortable y lo encuentro a él.


—Cábronidas.

—¿Sí, mi querido Léopold?

—Aquí le traigo el porno de última generación en 3D que me solicitó por encargo. ¿No preferiría el erotismo y su belleza? Esto es un montón de basura. Por cierto, como que llevaba tres meses desaparecido, me tomé la libertad de activar los dispositivos de búsqueda que tenemos contratados. Tras su pista iban Iker Jiménez, Paco Porras y Rappel removiendo cielo y tierra. También había en movimiento efectivos del CESID, FBI, CIA, DEA, el MI6, los Brothers trotters, los Village People y el coro de la tercera edad del Tirol.


Con gesto ausente, casi despectivo, agita el recio mosto que reposa en una copa que despide destellos. Alza la mirada clavándola en mí como si quisiera atravesarme y quedarse con algún trozo de mi fuerza vital.


—¡Pero qué coño! ¡Léopold, no me toques los cojones! La pornografía no tiene que esforzarse por ser bella. Es sexo explícito y el sexo forma parte de nosotros. Así que es bella en sí misma. El erotismo, sin embargo... ¡Ah, el erotismo...! El erotismo no es explícito y solo sugiere, y como cualquier sugerencia, si no viene respaldada de una acción real... es humo, nada de nada. Léopold, el erotismo se burla de nosotros, y nada hay más grotesco y vergonzante que simular un polvo cuando realmente no se está follando. Como bien sabes, mi buen Léopold, no estaba desaparecido: me adueñé de las llaves de la ciudad y decidí probar los orificios de todas las putas de todos los burdeles que la siembran.

—No es algo que me sorprenda, sinceramente. Además, es usted un hedonista y un depravado. No hace falta más que ver su colección de vídeos y DVD. ¿Dígame, ya ha confeccionado una lista con propósitos a realizar para el nuevo año?


Afuera, corrientes de aire arremolinan en volandas la inmundicia que infectan las arterias de la ciudad. El viento aúlla como un animal prehistórico y los ventanales crujen con su furia. El fuego calienta la estancia y el crepitar de la leña me causa un escalofrío. Vuelve a llenar su copa y me pregunto cuánta cantidad es capaz de beber antes de ladear la cabeza desmayado.


—Léopold, ¿es que has tomado alguna sustancia que no has compartido conmigo? Su voz parece contener una carcajada y escupe un soterrado deje de displicencia. ¿Acaso tengo la palabra mediocridad pintada en la jeta, Léopold? ¿Acaso follo dos veces con la misma mujer? ¿Acaso soy alguien que le busca un razonamiento lógico a todo e incluso me atrevería a escribir un post kilométrico sobre los mecanismos del organismo que hacen que se relaje el esfínter si nos introducen un supositorio? ¿Acaso crees que puede llegar a llamar mi atención alguna jodida lista de ese tipo, a cada cual más lastimosa? ¿Acaso, cuando escribo en algún blog, mis comentarios acaban con alguna frase tipo "vive y deja vivir", "jode menos y folla más" o "la vida son tres días y dos pasaron ya"? ¿Acaso, mi querido y siempre correcto Léopold, durante algún brevísimo instante de tu vida me has considerado más gilipollas que ellos?


Le miro y es ahora cuando, quizás, debiera sentir lástima u odiarle por esa falta de tacto de la que tanto carece y de la que presumen otros. No obstante, siento un afecto por él difícilmente explicable. Al fin y al cabo, él lo sabe: es uno más entre tantos, pero no está atrapado porque nunca permanece más tiempo del debido en este lugar. Porque su vida está en otra parte.


—Está usted realmente desquiciado, Cabrónidas. Acabará solo y prisionero de sí mismo entre las paredes de esta mansión, torturado por sus propios demonios y ahogándose en el fondo de las copas que vacía una y otra vez. Jamás podrá cambiar nada. Si acaso, será usted el que cambie.


Entonces se levanta como si hubiera estado sentado en una nube. Arroja leña a la chimenea y el fuego parece apagarse para cobrar renovado vigor momentos después. Pulsa un botón y una música que huele a blanco y negro llena la estancia. Evoca a Cary Grant, a Glenn Ford y a todos aquellos callejones donde los gánsteres ajustaban cuentas. Da un nuevo sorbo a su copa y su voz suena calma y sosegada.


—Léopold, ahora recuerdo, entre otras cosas, el porqué de nuestra amistad: haces que quiera ser mejor persona —otra vez esa carcajada que no acaba de producirse—. Pero todo cambia y nosotros cambiamos al ritmo del cambio. Al menos, cambiaron los hábitos de los fumadores, que desde hace un tiempo tienen que fumar en la calle o en su puta casa. ¿Recuerdas lo que me costó dejar de fumar, Léopold?

—Claro que me acuerdo. Por aquella época, estaba más intratable que de costumbre, y para contener su adicción, desarrolló la extraña afición de coleccionar esporas, moho y hongos y luego se iba a agotar las existencias de alguna licorería. De hecho, Cabrónidas, debo aplaudir, aun en contra de mi voluntad, su enorme fuerza de voluntad.


Entonces se ríe estentóreo, probablemente por lo redundante de mis palabras, o es posible que ni siquiera él lo sepa, y su carcajada se esparce hasta ocupar el último rincón de aquel cálido salón atiborrado de libros polvorientos. Hay una sinceridad descarnada en esa manifestación de alegría, y comprendo que jamás cambiará puesto que es feliz y no espera nada salvo las sorpresas que depara el vivir día a día como si fuera el último.


 


Tags: Año nuevo, intenciones, Obús

Regurgitado por Cabronidas @ 12:41
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Viernes, 06 de diciembre de 2013

Hoy iba a ser un día normal y corriente. Un día de aquellos en que lo cotidiano y banal, pasa despacio como un banco de nubes y el único plan es esperar a que la jornada de esclavitud sea llevadera y no haya excesivas complicaciones. Ya son diecinueve años en los que, una vez más, recibo la peor llamada de teléfono que cabe imaginar. Aquella en la que te comunican que ha habido un accidente mortal y se suspenden todos los servicios. Nunca sabes cómo encajar esa llamada fatal, ni sabes cómo sobrellevar el desconcierto ni esa aflicción creciente que se aposenta en los hombros como un manto demasiado pesado. Otra vez, como ya pasara en León, la desgracia vuelve a salir de fiesta, mientras que Santa Bárbara sigue sumida en la pereza descuidando sus deberes. Y ahí queda todo: la vida de dos buenos compañeros, sepultada bajo las toneladas de un desprendimiento en las entrañas de la tierra; y en la superficie, dos familias hechas añicos.


A ver si este año se acaba de una puta vez.


Tags: muerte, accidente, minería, desgracia

Regurgitado por Cabronidas @ 16:44
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