Jueves, 27 de febrero de 2014

Seguro que muchos/as habréis visionado una producción cinematográfica titulada Leyendas de pasión. Cómo me hizo reír ese melodrama. De hecho, ha sido una película de la que me he estado burlando durante muchos años. Ya sabéis que, como otras tantas cosas en la vida, el sentido del humor es subjetivo y a menudo me ocurre que me carcajeo como si de una patología se tratara, con muchas de esas películas que han sido concebidas, precisamente, para provocar el nudo en la garganta, el moqueo ininterrumpido y el llanto abundante. En la susodicha, queda patente cuan de incomprensibles pueden llegar a ser los sentimientos humanos. Cómo de rematadamente idiotas pueden llegar a ser los hombres y el enorme y nunca sobrevalorado poder destructivo de las mujeres.


Más que una sinopsis, os haré una presentación superficial de los personajes: Tenemos al coronel Ludlow, que abandonado por su mujer y desengañado con el gobierno por el cual luchó en el pasado, decide vivir su vida apartado de todo en un rancho afincado en las montañas Rocosas donde cría a sus tres hijos. Samuel es el hermano menor, un muchacho afable y débil, idealista y enamoradizo; quizá el mejor de los tres dada su inocencia y transparencia. Tristan es el hermano mediano, indómito, salvaje y aventurero y por ende, aquel que no acata las normas y se resiste a pasar por el aro; de los tres, el único que está falto de juicio y entendimiento. Y por último el hermano mayor, Alfred: El hijo que toda madre querría tener, cuya vida es la rectitud y el cumplimiento de las normas mediante la responsabilidad y la sensatez.


Un desgraciado día, Samuel decide presentar a padre y hermanos a su prometida Susannah. Este hecho, como detonante principal de todas las desgracias y mierdas que vendrían después y el estallido de la Primera Guerra Mundial en segundo plano, destrozan por completo la vida de los Ludlow, la de la propia Susannah y hasta la de la novia de Alfred que posteriormente le sería arrebatada por Tristan. Todo eso y mucho más, desgranado y desarrollado como si de un surrealista y enardecido culebrón venezolano se tratara.


Atreveos a verla y conoced la cruel y apasionada hecatombe que se desata con la presencia de Susannah, jajajajajajajajajaajajajajajajaja, ¡y eso que en principio solo iba al rancho de los Ludlow a pasar el verano! Jajajajajajajajajajajajaja.



Tags: drama, Leyendas de pasión., película, Chastain

Regurgitado por Cabronidas @ 16:36
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Lunes, 24 de febrero de 2014

Ella era esa clase de mujer que creía ser la primera de todas las mujeres en vestir un traje de gala cuyos pliegues, a cada uno de sus movimientos, deslumbraban como rayos de un sol de verano. Siempre escudriñaba de perfil con la fijeza despiadada de unos ojos que apuñalan todo aquello que miran. Lo hacía con pose oblicua y eterna, con el mentón alzado y el pelo desordenado, solemne como un busto de la antigua Grecia. Abordaba las aceras con un paso alargado que era un pequeño salto, y entonces teorizaba sobre el nombre de la calle en la que nos encontrábamos, de las papeleras abolladas, de los chiclés aplastados y la basura que se desbordaba con insolencia de los contenedores, y siempre que la contradecía me miraba como la niña del exorcista.


A menudo, se enamoraba de tipos que se llamaban Héctor, Patric o Víctor, lo cual significó que nunca lo estuvo de mí. Si acaso fui como aquel mensaje nunca leído que se relega en la carpeta del correo no deseado, pero que por alguna razón que ya nunca conoceré, nunca borró de su vida hasta que yo decidí hacerlo, cuando acepté que para mí no fue más que una bonita caja de bombones caducados. Muchas veces se manchaba con el postre y entonces yo me reía. Y ella se reía conmigo y se reía como si no existieran cosas horribles en el mundo, y se reía hasta de su risa. En una libretita azul escribía cosas que no me daría a conocer hasta que la terminara, pero no le di tiempo; y eso que la deslizó con disimulo una y mil veces en los baños de ruidosas discotecas, en las mesas de bibliotecas taciturnas, y hasta en bodas y funerales de protocolaria teatralidad. Vestíamos nuestro discurso con ropajes caros y dábamos una calurosa palmadita a cada palabra precipitándola como si fuera la última, buscando el reconocimiento en otras palabras de bocas ajenas, que quedaban ingrávidas en la liviandad de su atonía.


Y así fue como aquella relación se convirtió en una trampa de bordes resbaladizos donde se despeñaron dos pavos reales.


 


Tags: pareja, relación, pasado, enamoramiento, Nuclear Assault

Regurgitado por Cabronidas @ 13:29
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Jueves, 20 de febrero de 2014

Una vez conocí a un escritor en un bar de hombres tristes y violentos, donde los sueños morían en las colillas sin vida de un cenicero. Me explicó que la literatura era su salvación y su vida. El medio a través del cual intentaba ubicarse en un mundo que detestaba para transformarlo y hacerlo más enriquecedor que la vida misma. Una vida que a menudo le decepcionaba y desilusionaba hasta tal punto que dejaba de tener un sentido para él. Cuando se mecía en el vaivén de las letras, en cambio, la vida se volvía más cálida y adictiva, y por tanto, tenía otro aliento. Un aliento que trataba de hacer suyo para así inmortalizarlo con una belleza inmaculada sobre el papel en blanco: belleza en el contenido, en la palabra y en la forma. Vida y escritura son una y la misma cosa, decía. Son almas gemelas que dependen una de la otra y es precisamente por eso que vida y obra o, lo que es lo mismo, vida y literatura, se entrelazan y hermanan.


Me habló sobre las ausencias de su vida, las añoranzas, la muerte, la soledad, el silencio, el dolor... Todo es más soportable si se observa tras la máscara de la belleza y de la literatura. Me contó que en la contemplación de la belleza siempre encontraba la armonía, la serenidad y la tranquilidad que tanto necesitaba con tal de sentirse vivo y querido. Me preguntó qué era la belleza, sino aquella máscara tras la cual toda la crueldad y malicia que nos muestra la existencia, se apaga y diluye por unos instantes mientras el artista busca cobijo en otro mundo imaginario. No supe qué responder a una pregunta que abrigaba multitud de respuestas subjetivas, y ante mi silencio me preguntó si acaso no es gracias a la belleza que el escritor y también el ser humano, encuentra la paz interior que tanto anhela y, en consecuencia, aquella supuesta felicidad que todos buscamos.


Ni siquiera hoy en día entiendo del todo qué me quiso decir. Creo que, en efecto y rumiado desde la lejanía de algo ya vivido, aquel tipo vivía tras la máscara de la belleza con tal de hacer menos aterradoras las experiencias, a menudo dolorosas y pesadas que le tocaron vivir. Supongo que el arte, aquel que no conoce el lucro y parte de lo más profundo sin otro ánimo que el de expresar, es la salvación para cualquier creador con una vida complicada preñada de sinsabores. Creo que para él lo fue. Se despidió diciéndome que regresaba a su pueblo natal, en Francia. A menudo, te preguntan por qué escribes y por qué lo haces en un medio público. La respuesta es innecesaria por lo obvia que es. Desde hace muchos años yo sabía que quería escribir; lo que fuera y donde fuera y como digo siempre: sin límite alguno de temas y registros, atendiendo únicamente a mi estado anímico, etílico o sobrio. Lo que no sabía es cuándo empezar.


Por eso creo que la gran y a la vez insignificante pregunta sería cómo supiste que era el momento de escribir aquel primer artículo de toda tu vida. El verdadero origen de aquel primer impulso cuya inercia aún dura. Nunca contesté a esos interrogantes hasta el día de hoy, y lo tengo más que claro.


Fue por culpa de aquel tipo. De aquel escritor que conocí en aquel bar de hombres tristes y violentos.


 


Tags: blog, escritor, literatura, origen, post, Savatage

Regurgitado por Cabronidas @ 14:50
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Lunes, 17 de febrero de 2014

Ya a una edad muy temprana, mis mayores me tildaron de negativo. "No", les respondía una y otra vez como única contestación posible a cuantos interrogantes me dirigieran, sin que ello menoscabara de ningún modo sus prejuicios hacia el no, y sin saber yo qué era el no, salvo un sonido que me gustaba pronunciar desde que lo hiciera por vez primera con apenas un año. El tiempo pasó en un "no" continuo hasta los trece años, edad en la que comprendí en su totalidad la palabra "no" y sus desproporcionadas consecuencias cuando era utilizado con derroche y desmesura. Por aquel entonces tenía como excusa, si es que acaso necesitaba una, el inestimable periodo de una adolescencia incipiente. Y el tiempo siguió su camino y asombré y decepcioné a iguales y mayores cuando cumplidos los treinta y uno, continué en mis trece vocalizando el "no" como bandera y tarjeta de presentación.


Algo ocurrió en el cabalístico trigésimo primero de mi existencia. Y no es que tenga que ver el hecho de que decidí nacer, sin yo saberlo, el día treinta y uno. Sino que aquel día en el que cumplía años, estaba en casa de mis padres con mis tres hermanas y sus mansos, quienes me preguntaban de modo grupal y fascinados, por el origen de este atípico afecto mío del "no". Es muy posible que fuera domingo o alguna fecha señalada, pues solo en esos días en concreto podemos estar toda la familia reunida. De pronto, alguien descorchó una botella a escasa distancia de donde yo me encontraba, con un sonido seco y rotundo, cuyo tapón fue a impactar de modo impetuoso y con generosa contundencia en mi entrecejo. Inmediatamente y durante breves segundos, estalló ante mí una vorágine mareante de colores, a través de la cual vislumbré a cuñados y hermanas carcajearse desvergonzadamente sin que mis padres pudieran hacer nada por evitarlo. Unas se doblaban que pareciera que se fueran a partir por la mitad, y otros dejaban caer el puño en la mesa como si fuera el mallete de un juez, con la cabeza hacia atrás al límite del descoyunte mandibular.


Cuando aquel descarnado y exorbitante episodio de paroxismo fue cediendo a un comportamiento propio de una familia estructurada conformada por humanos civilizados, y tras las preguntas de rigor preocupándose por mi bienestar y lucidez, no puede más que mirarlos de hito en hito con solemnidad y sentenciar: "Estoy curado". Y al unísono y mortalmente intrigados preguntaron: "¿De verdad?". Sostuve la tensión de sus semblantes expectantes, eternizando el suspense como un avezado tribuno, sintiendo los pálpitos de sus corazones como si pudiera hacer que cesaran a mi antojo, cuando respondí con aquel implorado y tan largamente esperado vocablo, un conciso e ilusionante... "sí".


No es que a causa de la afortunada colisión sanadora del corcho me naciera un tercer ojo, pero nunca volví a contemplar el mundo del mismo modo.


 


Tags: Milagro, curación, Toy Dolls

Regurgitado por Cabronidas @ 1:47
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Lunes, 10 de febrero de 2014

La persona que sin temblarle la voz te dice que vivas cada minuto de tu vida como si fuera el último, como el mayor de los simples y los cretinos, no sabe lo que dice. Si vives con prisa e intensamente cada momento de tu vida por querer ganarle tiempo al tiempo, la espichas en pocos minutos. Vivir sin pausa es de deficientes mentales y no sirve para nada, salvo para que la velocidad se acreciente y acabar en colisión mucho antes de lo deseado. Durante muchos momentos de mi vida, que han sido minutos, horas, días, semanas, meses y años, yo también he sido un deficiente mental (quizás nunca deje de serlo), pero con la madurez y mi lento (o rápido, según se mire) camino a la senectud, voy encontrando un equilibrio. De un tiempo a esta parte, compagino mis cada vez más selectivos momentos de locura, intensidad y entusiasmo descontrolado, con ávidos momentos de curiosidad y tiempos buscados de paro, reflexión y letargo. A veces, paradójicamente, siento una desacostumbrada fusión de intranquilidad y hartazgo. Pero solo en esa delicada armonía de intenciones es como devoro y paladeo la vida: no siempre en una inútil y siempre perdida carrera contra la inflexibilidad del tiempo, ni tampoco vivir en una continua languidez propia de las tardes de verano, que trascurren lentas y pesadas como si nunca fueran a tener fin.





Tags: tiempo, rapidez, lánguido, vida, Cro Mags

Regurgitado por Cabronidas @ 17:07
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Jueves, 06 de febrero de 2014

Estas letras son de una historia ya leída o de un lugar sin nombre donde un área metropolitana contrasta en un horizonte anaranjado. Alguien con paso titubeante, se acerca lidiando contra una brisa que escuece los ojos y produce silbidos a su paso entre polvorientos cascotes, que como lamentos, rompen una quietud de muerte creando pequeños remolinos de arena aquí y allá. Deambula por un escenario de sobrecogedora desolación, sorteando cimientos, hierro y alquitrán en dirección a un edificio ruinoso, cuyos muros ennegrecidos se yerguen tímidamente supervivientes de aquella salvaje devastación. Un sol recién nacido anuncia el principio de una nueva era posterior al caos, derramando sobre aquella destrucción masiva un bochorno tan inhumano que aquel errante solitario tiene la sensación de estar mascando fuego.


Ante el edifico asolado, acierta a ver en uno de los muros enladrillados parcialmente derruidos, el trazo otrora clandestino de quien, probablemente, fue un talentoso grafitero. Hay pintado un paisaje paradisíaco con una oración que reza: "Por más que buscamos, nunca encontramos el Edén. Siempre atrapados entre el cielo y la tierra". Justo a continuación del dibujo, hay otra pintada en la que hay representada una veintena de soldados pertrechados con equipación vanguardista, empuñando armamento pesado y con cascos de visión nocturna; bajo la representación se leía: "Estamos aquí para ayudaros". No encontró una asociación del todo clara entre los dos dibujos, pero tampoco le parecieron representaciones de algo atemporal o que estuviesen fuera de lugar, sino todo lo contrario. En lo más profundo de su ser, palpitaba la incómoda convicción de que aquellos hábiles trazos y sus sentencias escritas encerraban como insólitos acertijos, la verdad de lo ocurrido.


Imbuido en la contemplación de aquellas pinturas en un afán de encontrar alguna respuesta, por el rabillo del ojo percibió con sobresalto unos destellos que, intermitentes, se producían a varios metros de distancia de donde él se encontraba. Movido por la curiosidad y una inquietud que se acrecentaba a cada paso, fue en busca del origen de aquello que a causa de la incidencia de los rayos solares, brillaba acaparando toda su atención. Sus pies tropezaron con un ancho trozo de pared donde había atornillada una gran placa de metal en la cual había impresas unas palabras. Se arrodilló, con las manos apartó apresuradamente el polvo que cubría la inscripción y leyó: "El gobierno electo, les desea que disfruten de una agradable estancia en esta su gran urbe, centro catalizador de los más destacados valores de la cultura mundial. Seguridad, familia, religión, ética y moral, son los pilares fundamentales sobre los que descansa esta sociedad que construimos por y para usted, siempre mirando hacia un futuro de paz, igualdad, progreso y bienestar general".


Un desconcierto y una amarga sonrisa aparecieron en su rostro. Él venía de un pequeño pueblo también aniquilado, con la esperanza de encontrar en su peregrinaje a ninguna parte a algún semejante vivo. Se estremeció al pensar que quizás aquel absurdo epígrafe lleno de sucias mentiras era el único vestigio de lo que antaño fue una civilización ahora extinta de la cual ya no sentía formar parte. Lo único que sabe con certeza antes de esta devastación cataclísmica, es que las grandes corporaciones multinacionales, durante lustros y lustros se erigieron desde la sombra en poderosos timoneles del destino de la humanidad, vendiendo una y otra vez su gran montaje mundial, hasta llegar a un punto límite sin posibilidad de retorno con consecuencias apocalípticas para después... el caos, para bien o para mal. Se levanta y decide reemprender su camino incierto con las pocas fuerzas que le quedan, sabiendo que la vida lo abandonará en cualquier parte, pero procurando alejarse tanto como pueda de esa ciudad que ya no es una ciudad, sino una monstruosa fosa común de más de un millón de muertos.


 


Tags: Divine Heresy, destrucción, caos, final, devastación, apocalipsis, crisis

Regurgitado por Cabronidas @ 2:41
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Lunes, 03 de febrero de 2014

1. Qué sensaciones tan dispares y diversas produce la música en nosotros. Con Slipknot y Soziedad Alkoholika me vuelvo loco y me lanzo al público desde el escenario. Con Andrea Bocelli y Sarah Brightman enmudezco y finalmente me corro. Con Naranjo y Bisbal me cago.


2. Dicen que Michael Jackson ha dejado de vivir y ya no está en este plano existencial. Yo digo que abran mucho los ojos y busquen bien, que de tanto aclararse en los quirófanos es posible que se tornara traslúcido. También cabe la posibilidad de que su blanco radiactivo haya adoptado una longitud de onda imperceptible para la retina humana.


3. No acierto a comprenderlo del todo. Cuando acabo conociendo a personas que resultan ser excesivamente cambiantes y contradictorias, e incluso se desdicen con desparpajo de las mierdas que ellas mismas excretaron, acabo pensando en caos, fosas comunes y napalm.


4. Pocas muestras de gilipollez son tan patentes como la de llevar puestas unas gafas de sol en lugares donde no hay sol.


5. Antes eran minoría y ahora mayoría. Los imbéciles de la nueva eran, aquellas personas que dicen: "estudio en la uni", "me voy de vacas", "estoy en el insti" y "por fin llegó el finde". En los mensajes de móvil no utilizan las vocales y lo escriben casi todo con "K".


6. Me gustan tanto los animales que hasta tendría uno en casa. Luego me acuerdo de que lo que no me gustan son las obligaciones y acabo por no tener ninguno.


7. Tanto si eres un inútil votante como una votante inútil, desecha el necio pensamiento de que los que cada cuatro años gestionan nuestros supuestos intereses (o los suyos) van a ofrecerte una remuneración económica por ser ama o amo de casa. Lavar los platos, quitar el polvo, barrer, fregar el suelo, hacer la colada, tender la ropa, planchar, etc., no cotiza en la seguridad social si lo haces para ti mismo o para la familia. Sufridor amo de casa y abnegada ama de casa, ha llegado el momento de que bajéis de la nube o que cambiéis de camello. Si todavía creéis que algún día el gobierno os pagará por hacer todas aquellas labores que nunca deben dejar de hacerse por higiene y amor propio, es que sufrís de ablepsia. Únicamente serán recompensados con pasta aquellos trabajos de los cuales los gobernantes se aprovechan (a devolver o a ingresar). Así como también es cierto que los mandatarios del país gustarían de que cuando te queden uno o dos segundos para jubilarte te sobrevenga la muerte súbita y te hospedes en la colina de los cipreses.


8. Hoy encontré debajo de un montón de ropa que ya no me pongo, un disco de House of Pain que ya creí eternamente perdido.



Tags: Anotaciones, música, House of Pain

Regurgitado por Cabronidas @ 16:12
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