Jueves, 24 de abril de 2014

Hace no pocas semanas, la masqueperra Sincopada tuvo a bien hacerme conocedor de la existencia de un par de libros de un escritor al que desconocía por completo. Como no podía ser de otra manera e intuyendo a través de sus comentarios y artículos de su blog, que tenemos múltiples afinidades como son el uso de las tecnologías, lecturas, música y ciertas actitudes ante la vida, no pude hacer caso omiso y me decidí a bucear por internet a ver quién era ese tal Philip José Farmer y de qué iba La imagen de la bestia y ¡Cuidado con la bestia! Lo primero que pensé y me maldije por ello, aun a sabiendas de que -como en el caso que nos ocupa- siempre hay un autor por descubrir, es que no estoy tan puesto en el gran mundo de las letras como yo creía o querría, pues descubro que Farmer es un novelista premiado y de prestigio reconocido que combina con innegable genialidad -en lo que se refiere a los dos títulos antes mencionados- la fantasía, el terror y la ciencia ficción.


Y es que hablamos de estilos que muchas veces se fusionan o van por separado, pero que son claramente diferenciables dependiendo de la pluma que los utilice. Por citar una de las más obvias y poderosas referencias del género, ahí tenemos a Stephen King, aunque cerca de él se encuentran titanes tales como Dean R. Konntz, Dan Simmons, James Herbert, Peter Straub, John Farris y un largo etc. Y si como se dice y reconoce, Stephen King es el rey del terror contemporáneo, qué podemos pensar cuando el propio King dice: "He visto el futuro del horror y se llama Clive Barker". Quizás y para quien suscribe, el único escritor -junto con Ramsey Campbell- que está a la altura de Stephen a la hora de narrar. Nadie es tan espantosamente gráfico en sus narraciones como Clive Barker. Ambiguo, mórbido, destripador salvaje de la moral y siempre llevándolo todo hasta sus últimas consecuencias, que siempre suelen ser enfermizas y nada compasivas. Leed Hellraiser, El gran espectáculo secreto, Libros sangrientos y sabréis de lo que os hablo.


No es menos cierto que todos los escritores antes citados, no existirían como tales de no ser porque antes existieron mentes de imaginación portentosa como las de Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft. Uno, maestro indiscutible del terror psicológico, cuyo enorme talento le permitía causar terror con aquello que escribía sin tener que recurrir a monstruos, fantasmas o criaturas de pesadilla. Otro, creador de lo que se daría a llamar horror cósmico, donde el autor nos ofrece un mosaico talentoso de universos donde habitan deidades monstruosas, escenarios oníricos rebosantes de malevolencia y delirantes criaturas que solo las puede inspirar el infierno. Claro, cuando uno ha leído tanto de tantos autores, puede ocurrir que acabes condenadamente chiflado o que -aun sabiendo que nunca podré llegar a leerlo todo- creas equivocadamente que pocas cosas pueden llegar ya a sorprenderte como "aquella primera vez". Es ahí donde entra en escena Philip José Farmer y La imagen de la bestia y ¡Cuidado con la bestia!


No os puedo decir de qué va realmente Philip José Farmer, pues tiene una obra bastante gruesa de la cual solo he leído los dos libros arriba mencionados. Pero sí os puedo decir que descubro a un escritor que, sin ser superior a los susodichos referentes del género, nada tiene que envidiarles. Este señor se muestra brutal, descabellado y deliciosamente excesivo. Philip José Farmer se clava en tu cerebro y lo desgaja cacho a cacho. Te causa alucinaciones y mientras estás inmerso en ellas, coge tu alma y mientras se ríe de ti y tú con él, la arruga en su mano y cuando acabas de leer y cesa la orgía te pide que si tienes narices, la recompongas. Porque... es que este señor, es algo que no son ni Stephen, ni Edgar, ni Ramsey, ni Clive, ni Howard Phillips, ni nadie que yo haya leído antes o recuerde. O dicho de otra manera: Farmer es un cachondo. Un cachondo de tomo y lomo.


Así que, ¿pensabas tontamente que ya lo habías leído todo? ¿Que nada puede sorprenderte? Eso es que todavía no has leído a Philip José Farmer.


 


Tags: Ciencia ficción, horror, novela, Philip J. Farmer, Cradle of filth

Regurgitado por Cabronidas @ 17:42
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Martes, 22 de abril de 2014

Desde hace ya tiempo, es una enfermedad fuertemente instaurada en nuestras vidas que ataca, mayoritariamente, a los débiles de mente y escasos de voluntad. Por ejemplo: Eustodia asegura que cuando sale a la calle y se da cuenta de que olvidó el móvil en casa, automáticamente, siente su corazón como indomable caballo desbocado, incontrolables espasmos en los glúteos, le castañetean los dientes y se le crispan los dedos de las manos y pies. Mientras decide si desandar sus pasos para recoger el fruto de sus padecimientos, se dice así misma —a modo de calmante— que no es más que otro maldito y lastimoso episodio de dependencia. Y a cada paso que da, alejándose más y más de esa condenada y útil tecnología, siente acrecentar su inseguridad y desvalimiento. Según ella es una fuerte sensación de desprotección, similar a la de estar paseando por las Ramblas en hora punta con el coño al aire. Ante tamañas sensaciones, Eustodia decide que es preferible dar media vuelta, recoger el móvil, y llegar tarde a donde sea que se dirigiera, que no llegar puntual para no hacer esperar. Pese a ello y para hacer soportable su evidente condición de enferma y de bicho raro, calma sus inquietudes para consigo misma afirmando con rotundidad que a todas sus amigas les acontece exactamente lo mismo.


Sobre todo a Glafida e Indilina que, disfrutando de una desenfrenada rave ilegal que se realizaba en algún lugar indeterminado del campo, perdieron su virginidad en contra de su voluntad así como sus móviles de última generación. Podría aquí prodigarme en recursos y metáforas ampulosas para describir las sensaciones que se apoderaron de las desdichadas jóvenes, pero afectarían por innecesarias al ritmo desprendido y kafkiano de la narración. Sorprendentemente y aunque apena sobremanera, Glafida e Indilina lloraron, aullaron y moquearon desconsoladamente durante más de cinco meses, no por la brutalidad a la que vieron sometida la otrora inocencia de sus sexos a manos —y pollas— de cuatro desalmados, sino por el vínculo truncado con la comunicación virtual que otorgaba tan genial y polivalente aparatito. Esta historia finaliza en la sinrazón y el desencanto, pues Eustodia sigue llegando tarde a todas partes porque nada hace para remediar lo que ella llama despiste cuando es afección, mientras que Glafida e Indilina han superado los supuestos traumas de su violación, incomprensiblemente, con la adquisición de nuevos móviles con los cuales colmar su adicción e iluminar sus rasgos rebosantes de devoción cuando vuelcan sus ojos sobre la pantalla táctil.


Y como ellas, ellos. Abducidos.



Tags: Nomofobia, móvil, enfermos, rave, Def con Dos

Regurgitado por Cabronidas @ 2:17
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Viernes, 18 de abril de 2014

Para el pesar de miles de personas entre las que me cuento, el pasado 17 de abril, muere un gran genio de las letras llamado Gabriel García Márquez. Sin duda alguna y desde Cervantes, el mejor escritor que ha habido en nuestra lengua y probablemente uno de los mejores de la literatura universal. Quienes hayan comido y bebido de su obra, convendrán que tales elogios no son nada exagerados.


Gracias por todo lo que nos has dejado, maestro.







Tags: Novelista, Gabriel García Márquez, Gabo

Regurgitado por Cabronidas @ 16:52
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Martes, 15 de abril de 2014

Fue el día 4 de abril: contestando a otro más de tus comentarios, escribí que podías llamarme como te saliera de tu santo o pecador tabernáculo, pero la verdad es que continuaba algo ebrio, desde que empecé a ingerir en el concierto que ofrecieron Rhapsody y Gamma Ray el pasado día 3 de abril en la sala Apolo y no sabía lo que escribía. Por culpa del MDMA también consumido, seguro que no fue. El caso es que ahora, con mis sentidos desintoxicados y de forma tardía, pienso que no me desagrada que se ridiculice mi nick llamándome Carbonillas depende en qué contextos. No quiero, concreta y explícitamente, que seas tú quien lo hagas, seas quien seas. Por lo que pasado unos días, tus comentarios donde me cambias el nick tan alegremente, desaparecerán de este lugar irremediablemente. En caso de futuros comentarios donde no se utilice el nick correspondiente o en su defecto, alguno con gracia (sí, lo sé: no todo el mundo la tiene), lo mismo. Y para que nadie crea, erróneamente, que este es un breve artículo enrabietado o similar, te dedico esta canción de cuando era un tierno e inocente infante al que aún no le habían crecido los cuernos.


 


Tags: Heidi, artículo, apodo

Regurgitado por Cabronidas @ 20:15
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Viernes, 11 de abril de 2014

Me arrebatas con nuestro delirio,
cuando nos sobra la ropa y te tengo desnuda
frente al abismo del deseo y de las sábanas.
Cuando te pido que de nuevo inventes
cada forma de mi cuerpo con la lengua
y con los labios que crecen alrededor
del nido donde duerme el placer -dentro del sexo
de este sexo que nos tomamos con ternura-.

Me arrebatas con tu delirio,
cuando eres tan solo el reflejo de la imagen
que proyecto de mí, como un oasis
-que a ti aún te desvela por la noche-,
bajo las dunas oscuras del desierto
y el viento tembloroso que yergue el solsticio.
Cuando después del combate firmemos la tregua
y nos descubramos nuevamente solitarios
y abrazándome me pides que te abrace
y abrazándote te pido que me abraces.


 


Tags: Poesía de mierda, mierda, poema, El Fary.

Regurgitado por Cabronidas @ 15:07
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Mi?rcoles, 02 de abril de 2014

Ya lo dijo el sabio: dejemos lo justo en las manos menos apropiadas: la justicia. No, señor juez, no confío en usted; ni siquiera en los que tiene detrás. Se le ha otorgado demasiado poder y con el tiempo se acomoda, se rasca los cojones y comete errores. Tengo un ambivalente sentimiento de esperanza y frustración ante las sentencias, resoluciones, vistas previas, mantras y demás píldoras de sabiduría que con frecuencia me llegan. Qué digo, me llegan, busco, anhelante, con ardiente sed de consuelo para el alma y júbilo para el ánimo. Entre vigilias de alcohol y amarga bilis, acudo en busca de inspiración y de animosa exaltación a la sabiduría de todos los tiempos en busca de estímulo para, no solo atravesar mejor o peor este triste y lacrimógeno valle, sino gozar dichoso de la vida como si de un lujurioso cuerpo de puta en celo se tratara. Y nada más cerrar el libro de Thomas Pynchon, el cómic de Spiderman o la última revista de Private, vuelvo al mundo real y a tropezar una y otra vez con los mismos torpes afanes, que como espumosa y fútil marejada, se estrellan destruyendo una parte infinitesimal de la roca.


Bien sabe que ese sentimiento indefinible que llamamos amor y creemos inagotable y nos supera, a menudo llega a su fecha de caducidad. Cuando esto sucede, a veces, una de las dos partes no deja libre a la otra y la sume en un duro peregrinaje de mutilación mental, dolor físico y subyugación de la personalidad. Qué me cuenta a mí, señor Juez, del ego, el superego, el alter ego y no sé qué pollas más, cuando ante tal sinsentido, conviene armarse de valor y hacer un alto en el camino, ladear la espalda y desprenderse de ese inútil equipaje para la vida. Qué hará que sea tan lenta e inepta, señor Juez, la señora Justicia para la que trabaja, que montones de denuncias desatendidas y leídas pugnan por desbordarse del hueco donde yacen olvidadas, ¡qué gran consentidor es usted! Mientras que, a personas que necesitaron de su eficacia y de un sistema competente, se las ha llevado la portadora de la guadaña de manera injusta y prematura, por aquellas que una vez amaron.


Yo hubiera deseado unas palabras diferentes respecto a usted y al desempeño de sus funciones y porque no, la compañía de una bella mujer que, como Al Pacino en Esencia de mujer, guiara mis pasos en pos de una velada no accidentada. Y digo no accidentada, no porque sufra de invidencia como en la película que protagoniza el gran Al, sino que voy ciego de tantos tragos para aguantarle a usted. Y a dos tragos más que me casque, casco.


Y es que no creo en usted, juez infame de las pelotas.


 


Tags: Juez, Ktulu, amor, caducidad

Regurgitado por Cabronidas @ 21:17
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