Lunes, 22 de septiembre de 2014

La verdad es que nunca he creído demasiado en lo que hago, en lo que soy. De veras te digo que aborrezco todo aquello que me obligan a hacer y una vez realizado no me reconozco. Me cuesta mirarme a mí mismo y no reventar en mil pedazos de la risa. Sigo sin entender mi afán por entenderlo todo, y a veces me pregunto qué carajo es esa pastosidad anaranjada que llevan las albóndigas enlatadas. Ruge la taza del váter cuando pulso el botón cromado y todo me parece rotundamente cotidiano y vulgar. Y a ratos me gusta y a ratos me disgusta. Y ahí me quedo de pie con los calzoncillos en el azulejo, taciturno, en un estúpido sentimiento de ambivalencia hasta que me invaden las preguntas. ¿Cómo crear de esta suerte grandes cosas? ¿O escribir algo digno de ser leído? ¿Cómo eludir esta bagatela? ¿Cómo creerse alguien en este vodevil virtual de coños y mamadas si cada mañana, ante el espejo, me dan ganas de abofetearme la cara y de prenderos fuego? Me aburren los trovadores de esta edad contemporánea. Me apenan los eruditos de medio día que se emborrachan con la séptima cerveza y hace ni se sabe que no digiero a los que reparten el pan y los peces sin probarlos antes de endosarlos a media ciudad.


Lo mejor siempre es salir e incluso salirse de uno mismo. Si acaso salirme tanto que mi modesta presencia sea el origen más hirviente y primitivo de tu irritabilidad. Y en el intento quién sabe si quemando los pies de tanto que habré de correr o acabando con los pies por delante. ¿No finaliza así todo proceso? No soy un ser humano sino un Playmobil. Un Madelman articulado que ya agotó todas sus expresiones. Tú también aunque lo niegues. Aunque te resistas a desmoronar de un soplido ese palacio de naipes sobre el que te exhibes orgulloso y bobalicón cada vez que te abandona la lucidez, si es que alguna vez la tuviste. Lo único trascendental es la fricción genital, todo lo demás parece un chabacano procedimiento encaminado al mero movimiento pélvico; rítmico, incansable, húmedo, pertinaz. Por eso es preferible dar de tacón al cortejo y al protocolo y decirte, mujer, que voy a follarte como nunca nadie lo ha hecho antes, para luego una vez acabado el baile, retozar allí donde me encuentre y rociar mis cojones con el cava más caro.


Mañana saldré a la calle con resaca y con una sonrisa cómplice que trataré de cruzar contigo que me lees y estás de acuerdo. O contigo. O contigo. Nos encontraremos en oscuras esquinas donde los pecados son mudos e inadvertidos. En los bares donde el último trago siempre es el siguiente y en comisarías donde la arrogancia va armada y sabe cómo matarte. Y ya todo estará dicho si fuimos capaces de contárnoslo. Y sonará esa musiquita de tu infancia que viene de algún rincón de tu corazón que ahora suena a culminación y sinergia. Nos saludaremos; quién sabe si con un abrazo, una palmada en el hombro o un apretón de manos, pero será de verdad. Comeremos juntos sin dejar de mirarnos y no nos parecerá incómodo. Y concordaremos disertaciones ante la justicia que resultarán inútiles porque nunca va a creernos. Después, seguiremos jugando hasta que nos cansemos de verdad. Y entonces, justo al límite de nuestras fuerzas, saltaremos al abismo cogidos de la mano.


La decadencia es el Edén de los infelices, y tú y yo que aún nos reímos aunque ellos jamás alcanzarán a entenderlo, hace tiempo aprendimos a sobrevivir en este paraíso de zarzas que nunca fue nuestro. Tampoco de ellos. Ni de nadie.


 


Tags: Decadencia, sobrevivir, tierra de nadie, paraíso, infeliz, Decadence Sweden

Regurgitado por Cabronidas @ 20:43
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Lunes, 15 de septiembre de 2014

Siempre he profesado amor y respeto por el mundo animal. El que habita en el océano, en el cielo y en la tierra. Me impresiona la exuberante naturaleza de las ballenas y la imponencia que desprenden cuando emergen del agua en una pirueta extraordinaria y se sumergen en un chapoteo colosal. También sobrecoge el silencioso proceder de los ofidios y saurios y la sinuosidad de sus reptares. Quién no ha admirado en alguna ocasión los movimientos gráciles y elásticos de los felinos y sus hermosos pelajes. O la sorprendente organización y laboriosidad de algunos insectos. Quién no sabe todavía lo insignificantes que somos cuando incluso existen criaturas que son perfectos organismos de vuelo que la tecnología y la ciencia jamás podrán igualar.


Admitámoslo: somos los animalitos más feos del reino. Incluso en forma y fondo. Por ejemplo, yo permanezco inmóvil y los pelos crecen. Y también las uñas, la nariz, y las orejas. El crecimiento de las uñas lo tengo bajo control porque las veo, así que me las corto cuando empiezan a parecerse a las de un águila. El de las orejas y la nariz es inevitable, lo que supone que dentro de no pocos años habré adoptado rasgos inconfundibles de gnomo cabrón y resabiado. No tenemos una buena armonía con nuestros pelos. Nos obcecamos en hacerlos desaparecer o reducir su número pero son de naturaleza indómita y enraízan donde nunca tuve. Y donde tuve, también. Nacen condenados, hirsutos y arborescentes. En las cejas, con una curvatura dura como la alcayata. Largos y solitarios en el omóplato, como el salto del astronauta en la luna. Como en un coño virginal, sedosos y pubescentes en las orejas. Como los cimmerios, rudos y bárbaros enredados en las fosas nasales y emparentándose con los del bigote. Y los pelos íntimos de toda la vida, aquellos que arraigan en los anillos crepusculares del esfínter. Espléndidos en los lunares y las pecas, como parientes pudientes. Alrededor de los pezones, como galaxias en expansión. Muy curiosos y peinados en los dedos de los pies. Tiernos y acogedores en el perímetro del ombligo, como el nido de un gorrión. E imprevisibles en el pubis y el forro testicular, como el dibujo del relámpago en la tormenta.


Aparte y según avanza el tiempo, el abdomen tiende a crecer hacia afuera en una curvatura dura, protuberante e insolente. A otros se les abulta la piel bajo la barbilla de tal manera que parecen marsupiales. Y a algunas se les desproporciona el trasero hasta límites inenarrables cuando los glúteos pasan a ser contenedores de grasas mal metabolizadas. Sin duda, somos los más feos del lugar. Cuando salimos a la calle nos miramos raro los unos a los otros y no puedo soportarlo. Creo que voy a acudir a un nutricionista, me apuntaré a un gimnasio y pediré cita en corporación dermoestética. Aunque bien pensado, creo que voy a seguir haciendo el animal, continuar con la cultura de los tragos y practicar vicios solitarios.


 


Tags: Animales, The Berserker, feos, felinos, insectos, pelos

Regurgitado por Cabronidas @ 19:04
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Lunes, 08 de septiembre de 2014

Los musulmanes se aplastan en La Meca unos con otros como los zombis de Guerra mundial Z. Los japoneses se amalgaman en el metro hasta abombar el vagón. Los romeros se asfixian en plena efervescencia religiosa en sus intentos de rozar el manto de la Virgen de la Cabeza. En la media hora que teníamos de recreo, alguien exclamaba "¡compresiooooooooón!" y se desataba la barbarie. Mirabas en todas direcciones con expresión de alarma por si te tocaba a ti, y de no ser así, localizabas a la víctima y echabas a correr hacia ella con un "¡aaaaaaaaaaaah!" resolutivo. Se trataba de abalanzarse sobre el objetivo humano y esperar que otros hicieran lo propio. La víctima permanecía comprimida contra el suelo bajo el peso de nueve o diez niños. Cuando la agrupación compresora superaba ese número, los niños de la cúspide se dejaban resbalar mansamente hacia el suelo como el queso fundido sobre la hamburguesa. "La compresión" era básicamente una maniobra de derribo y aplastamiento. Una especie de melé instantánea en la que alguien placaba a la víctima y el resto nos lanzábamos en plancha sobre placador y placado. Las veces en las que yo fui el escogido intentaba caer de lado. Era más fácil respirar y minimizaba la sensación angustiosa de asfixia, por lo que siempre pude sobrevivir. Las niñas nunca quisieron participar, pero siempre se mostraron como un público crítico y fiel. Y siempre agradecimos que nuestros compañeros de pupitre, "Plomo" y "Masa", se negaran a formar parte de tan entrañable entretenimiento.





Tags: H2O, compresión, colegio, asfixia, aplastamiento, recreo, juegos

Regurgitado por Cabronidas @ 17:46
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Mi?rcoles, 03 de septiembre de 2014

Desde mi retorno a la esclavitud laboral que no puedo conciliar el sueño. Quizás el cómo vivo el periodo vacacional tiene algo que ver. Siempre que finalizan las vacaciones lo hago con los biorritmos del revés y puede que ahí esté la razón de mis desvelos. En cualquier caso, estoy padeciendo episodios de insomnio en los que si consigo dormirme, me despierto a las tres de la madrugada montado en cólera y magnificando los problemas más nimios. Alguien que me conoce bien, me ha dicho que cada vez que me ocurra debo pensar en imágenes agradables y de ninguna manera en libros o música. Así que me he imaginado a mí mismo desnudo rodeado de varias mujeres desnudas que deseaban que dejáramos volar la imaginación. Tanto la dejamos volar, que aquella visión no funcionó y en lugar de dormirme despertaron otras cosas que de haber sido rodadas en el mundo real hubieran merecido el AVN Awards.


Aquella noche no pegué ojo y durante todo el día siguiente estuve pensando qué poder imaginarme para evitar otra noche insomne. Y di en el clavo. Sobre las tres y media me desperté con la furia homicida de un Berserker en plena batalla y apunto estuve de cometer una locura, pero opté por tumbarme de nuevo en la cama y apaciguar la respiración. Entrecerré los ojos e imaginé que el palacio de La Zarzuela estallaba. No solo era una visión agradable como pocas, sino que desprendía una hermosura plástica hipnotizante. Una titánica explosión de bellas tonalidades rojizas, amarillas y anaranjadas, proyectaba la Zarzuela hacia los cielos en magníficas olas de destrucción como una sobrecogedora palmera de fuego. Cuando desperté caí en la cuenta de que había dormido plácidamente sin ningún tipo de sobresaltos. Incluso recuerdo que también hice reventar el palacio de la Moncloa.


Para esta misma noche quiero dormir como un bebé sedado. Si no lo consigo o me despierto en mitad del sueño y el insomnio decide quedarse, ya tengo pensado hacer volar por los aires La Casa Blanca y el Vaticano.


 


Tags: Bane, insomnio, desvelo, dormir, sueño, explosión, cosas agradables

Regurgitado por Cabronidas @ 12:24
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