Lunes, 24 de noviembre de 2014

De Granada, de aquí y de allá, podéis tumbaros cuan largos sois y amorrar vuestro hocico de cerdo al suelo tantas veces como queráis. No existe hoguera lo suficientemente grande donde purgar vuestros pecados.


 


Tags: Arzobispo, pederastas, Granada, soziedad Alkoholika

Regurgitado por Cabronidas @ 1:53
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Jueves, 20 de noviembre de 2014

Hoy, a fecha de la publicación de este post, fachas, holgazana realeza y demás turba política, están de luto tras fallecer la duquesa más fea y ladrona terrateniente de cuantas se conocen. Día negro para la casta de casposos retrógrados fascistas que nos han y siguen gobernando. Pero quedan muchos más. ¡Que nadie toque madera!


"Cuando la casca algún aristócrata, su funeral es un nido de... " .


 

 


Tags: Duquesa, aristócrata, muerte, fascistas, España

Regurgitado por Cabronidas @ 17:38
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Mi?rcoles, 19 de noviembre de 2014

Nada me hizo presagiar hasta que fue ya demasiado tarde, que aquella fría y lejana noche de diciembre en la que el cabeza de familia, Guillermo Alonso, tuvo a bien el mostrarme el piso de planta baja donde hacía ya varios años residían él y su familia, fuera a dejar en mí una impronta tan profunda e indeleble, que hoy me vea forzado a exteriorizarla para el bien de mi espíritu y limpieza del alma. Mis sentidos tales como el olfato y la vista, fueron sometidos a una dura prueba de templanza y resistencia que ahora paso a relatar.


Guillermo abrió una puerta de madera que antaño conoció tiempos mejores. Maltrecha en apariencia, no infundía ningún tipo de seguridad. Creo que de haber estornudado, eructado, o dejado escapar una sonora flatulencia en su dirección, la hubiera hecho estallar hacia adentro. Las bisagras emitieron un quejumbroso lamento que no acallaron hasta que la puerta no se abrió completamente. Fue entonces cuando un efluvio pertinaz me golpeó de tal manera que oscilé cuán alto era. Las densas emanaciones que nos recibieron surmegiéndonos en un estado mareante, apuntaban a que hacía días y días que el piso no era ventilado. Guillermo me dijo que la bombilla del recibidor estaba fundida, así que tendría que seguirle hasta el comedor que estaba más al fondo. Notaba una incómoda pegajosidad en las suelas a medida que nos adentrábamos en aquella especie de catacumba urbana. Y justo cuando creí recuperarme de aquel ambiente enrarecido y rancio que giraba alrededor de mí como un torbellino, Guillermo accionó el interruptor y la luz me mostró el horror.


El piso presentaba en sí mismo una especie de infección indefinible. Un compendio desorbitado de feroz insalubridad que potenciaban a nivel planetario el desánimo y la depresión. El suelo parecía un rostro sembrado de acné, pues aquí y allí parecían crecer pequeñas protuberancias ahora aplastadas que en otros tiempos quizá fueron bocados que llevarse a la boca. No había apliques, ni lámparas, ni ojos de buey. Tan solo una luz de un amarillo débil y enfermizo que era emitida del sucio cristal de bombillas que colgaban de las paredes como baratijas en estado de putrefacción. Y las paredes... esas paredes sin cuadros y adornos, si alguna vez tuvieron algún color que sugiriera un breve destello de claridad y bienestar, ahora parecían representaciones de un cielo oscuro y sórdido anunciando tormenta. El techo, para no ser menos, vomitaba sobre nosotros ese color malsano que dan años y años de nicotina. No había basura ni desorden, pero el resto del piso presentaba el mismo desasosegante espectáculo. Tanto es así, que se me hacía difícil creer que allí vivieran cuatro personas, amén de que el único habitante y por su condición de inanimado que allí podría vivir, sería el decrépito y desvencijado mobiliario, que presentaba alguna que otra salpicadura de vete a saber qué.


Guillermo advirtió mi malestar y pesadumbre, y me dijo que reconocía no sin cierta resignación, que el piso imploraba una limpieza concienzuda y una generosa mano de pintura. Y que dada la nada disimulada expresión de aversión que adoptó mi cara, desechó la invitación de que me quedara a cenar. No es que yo tuviera una gran confianza con Guillermo Alonso, pero no todo el mundo al que conoces de hace poco tiempo te abre las puertas de su hogar, por lo que solo puede decir: "Guillermo, haces bien. Si metieras aquí al ser más hambriento de la tierra, se olvidaría, no solo de su propia hambre, si no de que tiene dientes, boca y aparato digestivo. Saldría de aquí corriendo y profiriendo alaridos como alma que lleva el diablo. Y hablando del diablo... antes de nada, manda practicar aquí un exorcismo".


 


Tags: SYL, piso, suciedad, insalubre, insano, asco

Regurgitado por Cabronidas @ 19:27
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Viernes, 14 de noviembre de 2014

La breve historia de hoy ocurrió hace mucho tiempo. Aquí la tienes sin exageraciones, sin edulcorar, y sin quitarle hierro: sencillamente tal cual pasó. Tal cual la vi.


Antes de que el estado del bienestar fracasara para una alarmante mayoría de ciudadanos, Job curraba en la ahora quemada y casi extinta industria del tocho. En verano se tostaba la espalda bajo la inclemencia de un sol abrasador, y en invierno se congelaba manos y escroto merced a las bajas temperaturas del despiadado invierno. Mientras su esclavitud se sucedía día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año, su mujer se ocupaba de la no menos necesaria esclavitud de la compra y de los numerosos menesteres que corresponden a un hogar aseado y civilizado. En las horas de mayor ausencia de Job, que no eran otras que aquellas en las que le daba la consistencia adecuada al mortero, su mujer, Magdalena, que en sus divinos años de pubertad ya era una chica de entrepierna hambrienta e inquieta, restregaba por los trasparentes fluidos de dicha zona y sin cobrar, los votos matrimoniales que afirmara querer hace cuatro años, desatascando clandestinamente con insultante y enérgica entrega, las tuberías cárnicas de informáticos, electricistas, fontaneros, y demás hombres con trabajos corrientes.


Era de dominio municipal, para ira de unos y asombro de otros, las enormes y pesadas astas de las que Job era (a ojos míos) triste portador. Con Magdalena tuve un trato escueto de saludos recíprocos y monosilábicos que se daban cada vez que nos cruzábamos. Se mostraba correcta y educada, pero ciertamente esquiva e incluso impenetrable (tú ya me entiendes, estimado lector/a). Mientras que con Job surgían fácilmente y desde la comodidad que trasmitía su proximidad, ese tipo de conversaciones brevísimas y cotidianas que se dan en el ascensor, cuando entras al portal, o cuando vas a abrir el buzón. Quién sabe o qué imaginar, a priori, las causas que destruyen un enlace tan serio o la falta de respeto con aquella persona con la que decides unirte. El caso es que al no importarme el porqué de las cuantiosas infidelidades realizadas por Magdalena, las razones que ella tuviera, si es que las tenía, se disolvieron en mi ignorancia y en la de varios al respecto. Del mismo modo, nunca supe y tampoco me incumbían, las razones del desconcertante estoicismo que Job mostraba ante esa situación que denigraba su imagen, su estado de casado y en definitiva, su matrimonio.


Una noche primaveral me fui a la discoteca con Jesús, un miembro de la manada que cuando sus responsabilidades se lo permiten, sigue siendo cómplice voluntario de nuestras actuales tropelías. Jesús es de esas personas que atraen pequeñas desgracias e inesperados infortunios de los que él, asombrosamente, siempre resulta indemne. Estábamos en la planta alta de la discoteca y desde esa privilegiada posición, nos burlábamos del deprimente espectáculo que supone contemplar a una vasta masa de imposibilitados mentales, drogadictos y putas, realizar una abochornante coreografía de movimientos simiescos y antinaturales. Avanzada la noche en un trasiego ininterrumpido de tragos, Jesús asía el cubata por los bordes, estiraba el brazo y lo movía casi verticalmente en giros circulares de 360 grados de tal modo que el contenido del cubata (Bacardi con limón) no se derramaba. Pero una vez más, casi como una oscura maldición, la calamidad se cernió sobre el acto arriesgado e inconsciente de mi amigo y el cubata salió despedido hacia las alturas.


Varios de los allí presentes en aquella planta, mirábamos hipnotizados como el vaso ascendía como una perla de gran tamaño. En su ingrávida y aparentemente lenta trayectoria, el vaso era una suerte de intermitencias de ciencia ficción propiciadas por las frenéticas luces estroboscópicas. Y cuando parecía que el vaso permanecía suspendido en la nada, descendió en picado como un ángel caído, portador de inevitable amenaza, obrando sus trágicas consecuencias contra la muchedumbre de abajo. Lo que viene a continuación es sin duda previsible, pero no pienso alterar ni un ápice lo que aconteció. Achacadlo a la Divina Providencia, a la ley de Murphy, a la justicia poética o, sencillamente, a la contrariedad más insulsa. El vaso de tubo interrumpió su descenso abriendo la ceja derecha de Magdalena cuya sangre asomó como una cortina, cubriendo más de la mitad de su rostro. Era alarmante y angustioso verla en el suelo intentando cubrirse la cara sin apenas conseguirlo, dado que sus manos temblaban. Cuando la ayudaron a incorporarse, su cara era una mueca ensangrentada de dolor anegada en lágrimas y maquillaje diluido que no olvidaré nunca.


Jesús y yo, pese a lo funesto de lo ocurrido escupíamos nuestro júbilo, aborrecibles y miserables, en sonoras carcajadas preñadas de alcohol y desvergüenza. Los guardias de seguridad nos echaron y dijeron que teníamos la entrada prohibida de por vida. Supongo que los mismos, o no, puesto que nunca lo supe, llamaron a los servicios médicos para que se ocuparan de Magdalena. Pasada una semana y habiendo recuperado algo de dignidad, Jesús y yo resolvimos hacer acopio de valor y personarnos en casa de Job y Magdalena para pedir disculpas aun en caso de tener que afrontar una comprensible denuncia. Job nos abrió la puerta y nos recibió un rostro demacrado. Ese tipo de rostro cuyas prematuras arrugas concentran toneladas de sufrimiento, de vida sin vida. Nos dijo que Magdalena ya no vivía aquí (con él). Explicó que se estaba divorciando y que por una vez estaba bien que fuera ella la que llorara, que él ya había llorado bastante. Debo decir que al igual que Jesús, me sentí bastante aliviado (creo que incluso por Job también) y aunque no crucé palabra alguna con mi amigo mientras Job nos decía hasta luego y cerraba la puerta, estoy seguro de que pensó lo mismo que yo: "pues vale, que le den por culo a la zorra".


Ha llovido mucho desde entonces. El domingo pasado, padre y madre me dijeron que vieron a Job comprando en el Carrefour de Tarrasa. Presentaba una calvicie incipiente e iba acompañado de una mujer y un niño de unos siete años. Mis padres presuponen por los ademanes que observaron, aunque con reservas porque realmente no lo saben, que eran su mujer y su hijo. Quién sabe. El caso es que nada había de aquella expresión taciturna y ausente con la que antaño vestía su rostro un día tras otro. Parecía estar bien. Bien de verdad. Y me alegro por él conociéndolo tan poco como lo conocí. Y por qué no, quiero pensar que en algún lugar del mundo, Magdalena, que por lo visto nunca llegó a denunciar, también está bien. Que es feliz a su manera, sin que por ello tenga que ser aquella adúltera mezquina y despreciable que una vez fue.


 


Tags: Adulterio, cornudo, infidelidad, divorcio, engaño, kolision Mosh

Regurgitado por Cabronidas @ 20:00
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Lunes, 10 de noviembre de 2014

Siendo pragmático y crudamente realista, los fascistas que nos gobiernan, sus votantes y el resto de fuerzas políticas, tienen razón cuando se llenan la boca diciendo que el referendo soberanista no vinculante del pasado día 9 de noviembre en Cataluña, no es más que un simulacro, entre otros sinónimos, ilegal, estéril -el tiempo lo dirá- y anticonstitucional. Ante un no férreo y hermético a una consulta legal y convencional, y una absoluta carencia de voluntad para reformar o mejorar la Constitución, como sí hicieran en pocos días tras la abdicación del Simpático Holgazán, para que lo antedicho se pudiera celebrar, tan solo nos dejaban con la opción de la pasividad y la boca cerrada. Hoy que escribo esto es día 10 y no está pasando nada que no se supiera días antes: Algunos habitantes de Cataluña que están dentro o fuera de ella votaron y votarán los próximos quince días, y los fascistas desplegarán y despliegan una enorme ola de mierda sobre el cómo y el porqué de las papeletas en las urnas de cartón.


No obstant això, visca la mare que ens va parir.


 


Tags: referendo, votaciones, fachas, Cataluña, KOP

Regurgitado por Cabronidas @ 16:41
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Viernes, 07 de noviembre de 2014

Para cada estilo de música metal tiene que haber un cantante en concreto. Me gustan las voces guturales, las agudas y las que no son ni una cosa ni otra. Por citar a tres cantantes que considero están por encima de la media dada su enorme versatilidad vocal, citaría a Serj Tankian, Dani Filth y King Diamond. Cada uno en su estilo muestran varios y jugosos registros de voz. La labor de Tankian es de una genialidad encomiable (¿para cuándo otro disco de SOAD?). La fluctuación vocal de Dani entre los graves y sus demenciales agudos en forma de sobrehumanos chillidos, son los más afilados que yo haya escuchado jamás (en lo que respecta a los primeros trabajos). El señor Diamond, que también maneja agudos inhumanos, merece una mención más extensa. Sus espectáculos son absolutamente paranoicos y delirantes. Imita como nadie atormentados llantos de mujeres, angustiosas voces de niños acojonados y estremecedoras voces de algo que no se sabe muy bien qué es. Qué duda cabe de que King Diamond, como sucede con otros tantos genios, necesitaría horas de diván, de regresiones y de péndulo si algún día decidiera ser normal. Los que escuchamos a este músico sabemos que habitan varias personalidades en su interior en eterno conflicto. La mayoría de las "intros" de sus discos donde solo él pone la voz, indican que posee una mente laberíntica y oscura donde anidan perdidos y desordenados, párrafos de vidas anteriores de universos paralelos en continuo estado caótico que trata de ordenar a través de sus composiciones y su voz. Y que dure aun a riesgo de acabar todos como Norman Bates.


 


Tags: King Diamond, música, voces, cantar

Regurgitado por Cabronidas @ 21:08
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S?bado, 01 de noviembre de 2014

Al hilo de lo antedicho en el pasado artículo respecto a los cómics, es rigurosamente cierto que me crié con ellos. Cuando no jugábamos a la "compresión" ni a nada, leía sentado en la tierra durante el recreo largo, recostado sobre el tronco de un pino. Al no existir soportes digitales, era muy habitual entre los frikis de mi generación vernos, materialmente, con un tebeo entre las manos y realizando intercambios. Las primeras adicciones a la viñeta vendrían de la mano (y nunca mejor dicho) de los maestros Francisco Ibáñez y Juan López, con las hilarantes aventuras de Mortadelo y Filemón y las de Superlópez respectivamente, que siendo un reflejo trágico de aquella época casposa, me hicieron reír hasta el paroxismo. Poco después vendrían las publicaciones americanas de la DC Cómics y de la Marvel Cómics Group, en la que me sumergí de lleno hasta el día de hoy.


Leíamos La Masa, Thor el Poderoso, La Patrulla X, Conan El Bárbaro, Los 4 Fantásticos y otros muchos. Me gustaba especialmente Spiderman, que vacilaba mucho a los villanos con un humor muy característico haciendo del peligro una broma. Otros de mis predilectos era Iron Man, siempre en la vanguardia de la tecnología y añadiendo sofisticadas mejoras a su armadura. Del Capitán América, del cual me gustaba mucho su diplomacia, también era acérrimo seguidor pese a que me desagradaba su excesivo patriotismo. En contraposición y como debe ser, todos estos superhéroes tenían sus grandes enemigos, que muchas veces los superaban en poderes y equipamiento, lo cual resultaba un producto muy atractivo y disfrutable.


Como os decía, un lejano día de aquellos, yo estaba recostado en el tronco de un pino. Leía a Los Vengadores, que estaban enzarzados en una fiera lucha contra su archienemigo, el avanzado robot Ultrón-5. De súbito, el cómic salió despedido de mis manos con violencia, giró aparatosamente sobre sí mismo en el aire, y calló en el polvo con las páginas abiertas como un pájaro muerto. Alcé la vista sobresaltado y delante de mí, como una torre puntiaguda, estaba Pablo, alias "Cadaveric". Un niño de mi clase con facciones de Skeletor, cuya anatomía era de una delgadez tan extrema y aguda que parecía iba a desaparecer de un momento a otro. Aquella criatura, insolente y famélica, le propinó una patada a mi preciada lectura. Se llevó la mano a la entrepierna y sentenció con regocijo: "los que leéis esas chorradas sois unas mariconas". Acto seguido rio burlonamente, se dio media vuelta y empezó a andar sin mirar atrás.


Algo que nunca más he vuelto a sentir obró en mi interior. Todavía sentado mientras miraba a "Cadaveric" con fijeza animal, nació de mis muñecas una ira que como un río de lava abrasaba mis venas recorriéndolas brazos arriba hasta llegar a mi cabeza y hacerme hervir las orejas. De haberme reflejado en un espejo, hubiera visto una cólera capaz de partir el firmamento en dos. Me levanté con un pedrusco que, como un pecho voluptuoso, ocupaba toda mi mano izquierda el tiempo necesario para lanzarlo cobardemente contra el sujeto de tamaña afrenta. Entre el trino musical de los pájaros, el pedrusco describió una bella parábola que se interrumpió al impactar sobre la parte trasera del cráneo de "Cadaveric". Se oyó un "cloc" escueto y conciso. Ese sonido me impidió parpadear y paralizó momentaneamente mi respiración. Pablo, a unos quince metros, se encorvó durante un segundo y cuan largo era se dio la vuelta muy lentamente hasta encontrar mi mirada. No había visto nunca en la cara de alguien una expresión de tan profundo desconcierto. Se llevó la mano a la parte dañada de la cabeza; luego puso sus dedos ensangrentados delante de sus narices. A continuación, y con la mano púrpura levantada ante él, me miró como si se preguntara muchas cosas dando dos pasos atrás y cayendo de culo.


Aquel día me llovió una reprimenda por parte de mis padres y de la profesora. Pero qué más da: cualquiera puede llamarme friki o maricona. Pero nadie trata mis cómics con tan arrogante desprecio y resulta ileso.


 


Tags: Disturbed, Cómics, Los Vengadores, Ultrón, Tebeos

Regurgitado por Cabronidas @ 14:14
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