S?bado, 19 de septiembre de 2015

Más o menos, la escala es así:


En primer lugar, está Dios. Para un gran número de argentinos es Maradona, antes, durante y después de sus tristes episodios con la dama blanca. Para el culé necio es Messi. Para el madridista subnormal es Cristiano Ronaldo que no acepta, aún sabiéndolo, que Leo es superior. En Brasil, Dios sigue siendo Pelé.


En segundo lugar, está el individuo, que vivirá solo o en pareja, atesorando en ambos casos todas las virtudes y vilezas propias de su raza.


En tercer lugar está la familia que, estructurada o no, no se elige. Ya sean nucleares, extensas, monoparentales, consanguíneas o poligamicas, a veces tienen mascota cánida o felina.


A continuación están los vecinos que, en ocasiones, son personas o sujetos peores.


Después está el barrio, que si puedes, lo eliges. En caso contrario, te haces a él. Los barrios que me gustan son aquellos donde hay niños muy pequeños que desde sus cochecitos te señalan mientras babean y se ríen; donde hay chicos con monopatín que te esquivan sin disminuir la velocidad; donde la gente baja en pijama a tirar la basura y donde la música escapa a gran volumen por las ventanas y balcones abiertos.


Le sigue el pueblo o la ciudad. En las ciudades en las que me gustaría vivir, atruena la música en directo casi cada día en cualquier sala; las calles están limpias porque sus habitantes tiran la mierda en las papeleras y los conductores respetan el paso de cebra. El pueblo puede estar rodeado de bosque o ser azotado en uno de sus flancos por el oleaje de un mar aledaño, pero lo importante sería poder cruzarlo a pie sin cansarte demasiado.


Por extensión está la región. Las regiones perfectas para mí deben ser extremadamente soleadas y cálidas. Aquellas donde no existe la prisa y todo parece moverse a cámara lenta.


Por lógica territorial aparece la autonomía o país. Actualmente, la autonomía en la que me he criado y vivo está en boca de muchos y siguen llamándonos polacos, tacaños y separatistas. El país en el que vivo está lleno de ciudades magníficas y de pequeños pueblos preciosos, donde viven cientos de personas buenas y respetables, miles de holgazanes, millones de fachas hijos de puta y más ladrones.


Por agrupación de países surgen los continentes. Aunque son variados y distintos, a todos les hermana el hambre, la guerra y la desigualdad.


Seguidamente tenemos el mundo. Visto de lejos y aunque alrededor de él orbita bastante chatarra, es azul de momento y tiene un aspecto que encoge el habla. En él mandan las centrales nucleares, las petroleras, el tráfico de armas, la industria del porno y el narcotráfico.


Nuestro planeta está en el sistema solar, que a su vez, está comprendido en una galaxia de nombre ridículo (más bien parece una mancha de semen, aunque romanos y griegos no lo apreciaron). Hay en ella millones de estrellas de todo tipo con sus propios sistemas planetarios, por lo que no se debe descartar la existencia de vida más allá de nuestro planeta, aunque yo me muestre al respecto firmemente escéptico (lo siento, Carl Sagan. Contact me gustó mucho, no obstante).


Llegamos al universo que es finito e ilimitado. Pero esto solo lo entienden unos tipos que están obsesionados con su trabajo de cosmólogos y te resuelven el cubo de Rubik mientras leen a Stephen Hawking.


Y por último, el creyente llega de nuevo a Dios.


Naturalmente, todos estos párrafos son estrictamente objetivos y por lo tanto, erróneos como los de cualquiera, aunque sean diametralmente opuestos. Cada cual cree y obedece a sus apreciaciones subjetivas y constatadas empíricamente, inventado la realidad como más le conviene. Así, la mentira deviene en verdad y la auténtica verdad se encuentra en posesión de nadie.


O no.



Tags: Ciudad, pueblo, universo, cosmos, país, planeta, Barón rojo

Regurgitado por Cabronidas @ 16:27
Supuraciones (9)  | Enviar
Mi?rcoles, 09 de septiembre de 2015

El señor Urraca, gran sabio y profundo conocedor de las técnicas literarias, a menudo nos mandaba escribir redacciones como ejercicio de aprendizaje. Con voz grave y tormentosa, nos exigía la corrección ortográfica y que bajo ningún concepto comenzásemos una frase con la letra Y. Y yo siempre le he hecho caso.


Tags: Escribir, letras, profesor

Regurgitado por Cabronidas @ 15:37
Supuraciones (2)  | Enviar
Domingo, 06 de septiembre de 2015

Hay caídas y caídas.


Las que hacen reír, por ejemplo, son como las del inspector Clouseau, que hace girar un enorme globo terráqueo mientras explica a sus superiores, muy profesional y engolado, cómo atrapará a un astuto ladrón llamado Fantasma, se esconda donde se esconda. Cuando acaba su disertación, se apoya en la bola del mundo que todavía da vueltas, y sale despedido dándose un tortazo descacharrante. Lo mejor del chiste es la fingida dignidad con la que se levanta el inspector: rápidamente y como si no hubiera ocurrido nada. Naturalmente, sucede en una película y nadie se lastima, aparte de que es difícil romperse algo cuando uno se cae desde su propia altura, deportistas y caderas de la tercera edad al margen. Por eso da risa. Por eso y porque el personaje (ya sea interpretado por Peter Sellers o Steve Martin) se da al disimulo, alisándose en silencio la gabardina a fin de recuperar la compostura e ignorando lo sucedido. Las víctimas reales de una caída leve también hacen reír. De hecho, las he disfrutado en cuerpos ajenos y sufrido en el propio. Y también, como en el cine, algunos disimulan con más o menos azoramiento o dignidad.


Pero hay otras caídas, como las anímicas, que no siendo físicas lastiman profundamente. Aquellas que, por alguna u otra razón, nos hieren el corazón y nos abren una grieta en el alma, colocándonos al borde del precipicio, en un oscuro túnel o en un pozo sin fondo. Levantarse de una caída emocional de tales magnitudes, es como un tortuoso peregrinaje en ascensión que parte del infierno. Si te caes y te rompes un brazo o una pierna, no tienes más que acudir al hospital y hacer acopio de paciencia y resignación. Pero si lo que ha caído hasta quebrarse, ha sido tu espíritu y con él tus emociones, como muy sabiamente dice Salamandra, ahí estás tú solo y nadie más. Conozco personas que, como ella, han logrado levantarse y salir de la oscuridad. Todavía entro en los blogs de Nuria con la esperanza de encontrar nuevas rarezas y desvaríos, nuevos cuentos de un fracaso, o su conversión a zorra desalmada. Pero me encuentro con silencio, inactividad y abandono, y pienso que ella también está intentando levantarse y recomponer los fragmentos de su caos personal. No voy a dejar de hacerlo. Algún día, como Salamandra, ella también escribirá un post donde nos dirá que todo empieza a ir a bien, y que en su vida ya no hay noches que venzan sus amaneceres.


Sí, estoy seguro. Lo conseguirá. Ella también lo conseguirá.





Tags: Caídas, lastimarse, daño, levantarse, emociones, dolor, Warcry

Regurgitado por Cabronidas @ 19:12
Supuraciones (3)  | Enviar