S?bado, 08 de octubre de 2016

La otra noche conducía mi coche peinando las calles de la ciudad. De pronto, empezó a llover con una virulencia como yo no recordaba. A los cinco minutos, pensando que el cielo iba a derramar más lágrimas que en el diluvio bíblico, empezó a granizar con extraordinaria impetuosidad. Aquella noche, alguien o algo le tocó mucho los cojones al dios de las tormentas, y el sonido del granizo impactando contra la chapa del coche era tan furioso, que parecía estar siendo ametrallado por una Gatling.





 


Tags: Gatling, ametrallado, tormenta, impacto

Regurgitado por Cabronidas @ 15:03
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