Jueves, 25 de octubre de 2012

Algún malnacido metió algo ilegal en mi bebida aquella noche.


Yo estaba sentado con los codos apoyados en la barra en un precario equilibro entre serenidad y embriaguez, y de pronto comencé a alucinar. Si miraba hacia arriba, parecía que techo y luces estaban a una altura mareante, como si estuviera contemplando una especie de caótico tráfico aéreo nocturno. Si miraba hacia abajo, la pista de baile donde nadie bailaba, pero todos hacían el mandril, estaba alejada como ese hilo plateado que se ve desde lo alto de un abismo, y reparas que es un riachuelo. Si hacia un barrido general del lugar con la mirada, la gente parecía estar a mi mismo nivel de realidad, pero hipnotizadoramente ingrávida. La música sonaba amortiguada y disonante, como si fuera el estertor agónico y lejano de una criatura extraña.


Luego, en plena distorsión dimensional, recuerdo que aquella misma noche me acosté con una enana.


Un metro veinte de anatomía. Muy femenina pero con el carácter de un orco de Mordor. Ella fumaba cigarrillos sin filtro y se llamaba como el hotel donde una vez me emborraché mientras escribía canciones de amor. Yo estaba desnudo y de pie de espaldas a la cama; ella me miraba desde la entrada de la habitación, y su caída de ojos descansó sobre mí con la pesadez de un yugo. Se acercó disfrutando cada paso, apuró su cigarrillo y empezó a practicarme una felación. Estaba de puntillas y para no perder el equilibrio se agarró a mis caderas, ya que balanceaba su cuerpo con la fría obstinación de un pistón hidráulico.


"Mierda", pensé, "una enana me la está comiendo y estoy a punto de... me cago en la...". A los pocos segundos escupió algo blanco y viscoso y me miró con desprecio, "eres un mierda", me dijo, "eres el mierda que más rápido se ha corrido de todos los mierdas a los que se la he chupado. Joder, voy a tener que beber más que Massiel para olvidar que estuve contigo". "Me cago en la puta, ¿quién coño me ha echado esa jodida basura en el cubata?", me pregunté. "Túmbate ahí, grandullón de mierda", me ordenó empujándome con sus manitas dirección a la cama.


Volvía a tener una erección monstruosa que apuntaba con desafío a las telarañas del techo. "Voy a follarte como no te ha follado nadie, cretino", profetizó a la vez que se introducía mi pene por el culo. "Voy a sacar partido a esa polla que no sabes utilizar pero de espaldas a ti, porque cuando me corra no quiero ver tu cara de jodido y puto llorón". Empecé a sentir un subidón extraño y pensé en mi cubata de hacía unas horas y la enana me ordenó perentoria, "hazme el helicóptero apache, capullo", y así lo hice. La agarré por los hombros y la hice girar sobre mi pene como un sacacorchos humano. La estrechez de su culo propició que mi pene se enroscará sobre sí mismo ganando una torsión que me fue imposible incrementar por más tiempo, así que tan pronto la solté, la enana empezó a girar en sentido inverso a toda hostia como si fuera un tornado.


"¡No pares ahora, marica de los cojones!", gritó la enana como si fuera la puta niña del exorcista. "¡Impotente de mierdaaaaaaaa! ¡De esta no te libra ni el Padre Damián J. Karras! ¡Ni Perry Manson! ¡Ni MacGyver! ¡Ni los hombres de Harrelsooooooooooon! ¡Cuando acabe contigo parecerá que hayas salido de la batidora, mamooooooooooooón!". Yo solo podía exclamar delirios tales como "¡Aaaaaaaahhhhhh, puta enana chiflaaaaadaaaaaa! ¡Hija bastarda de Jigsaaaaaaaawwwwwww! ¡Cabrona mutanteeeeeeeeeeeeeeeeee!" La enana era ya una silueta borrosa cuando de pronto, debido a la fuerza centrífuga, salió disparada como un silbido de bala alejándose de su propio centro. Atravesó la pared y siguió su trayectoria espatarrada y con los brazos abiertos, estampada en un cacho de pared que perfilaba su silueta.


Boquiabierto y con los pelos encrespados como si me hubiera caído un rayo, me quedé contemplando el boquete en forma de X abierto en la pared. Luego, ya no boquiabierto sino todavía alucinando, contemplé mi pene que necesitaría cientos de horas de microcirugía para su recomposición.


Algún malnacido metió algo ilegal en mi bebida aquella noche.


 

 


Tags: bad acid trip, enana, felación, narcótico, noche

Regurgitado por Cabronidas @ 18:00
Supuraciones (10)  | Enviar
Supuraciones
Publicado por Blue
Jueves, 25 de octubre de 2012 | 22:43

Para tener un viaje así, es mejor quedarse en casa leyendo libros y eso. Muchas risas. Agotador...

Saludos.

Publicado por fiona
Viernes, 26 de octubre de 2012 | 8:44

Bueno, la enana no mintió...te folló como nadie lo había hecho antes...jajajaj, pero estás seguro que estabas en una habitación y no en una pista de circo formando parte de su nuevo espectáculo: la primera mujer helicóptero??

1besico!

Publicado por Sr_Perez
Viernes, 26 de octubre de 2012 | 8:49

Obviamente, el tipo que le metió algo ilegal en la bebida fue el cabrón de David Lynch. El objetivo está claro: utilizar sus desvaríos como fuente de inspiración. Maldita cabeza borradora.

Buenos días y saludos cordiales.

Publicado por Cabronidas
Viernes, 26 de octubre de 2012 | 12:01

Blue, leer un libro mucho mejor. Al menos tú decides cuándo se acaba la historia.Sonrisa)

Es verdad, Fiona. Este post me ha salido muy circense. Pero la enana existe. caida de mandibulas

Publicado por Cabronidas
Viernes, 26 de octubre de 2012 | 12:07

Sr. Pérez, ahora que lo menciona, es bastante posible. David Lynch derrocha cine incomprensible y se burla de los clichés establecidos.

Y tiene predilección, no solo por lo ambigüo, sino por las deformidades corporales y mentales.Muchas risas

Publicado por Cosa
Viernes, 26 de octubre de 2012 | 13:47

Cabronidas, eres un cacho cabrón. De enana, nada. A mí me dijo un pajarito que la enana era un enano de circo que tenía una polla más larga que la torre Eiffiel y que te petó el recto con tanta violencia que ahora sólo cantas en si bemol.

Puto blog COMPLICADO que tienes, socerdo.

Y a ver cuando cuelgas por aquí un par de fotos de tías escoñadas, que esto parece ya una piscina romana llena de maricas chapoteando, ostia.

Cosa. O sea Tripi.

Publicado por Sincopada
S?bado, 27 de octubre de 2012 | 15:17

Yo quiero el nombre del bar....por favor.

Kisses.

Publicado por Cabronidas
Domingo, 28 de octubre de 2012 | 2:29

Tripi, pedazo de cabrito, voy a presentarte a la enana para que te haga un nudo en el nardoSonrisa)

Sincopada, tú no quieres ir a ese sitio. En ese sitio pasan cosas raras, raras.invasor

Publicado por Galia B.
Domingo, 28 de octubre de 2012 | 9:45

Ya sólo escuchar el nombre de Mcgyver en mitad de un polvo/violación/abuso/dominación (no pongo tanta resistencia) hace que los pelos puedan rayar los cristales de las ventanas. Es cierto, hay reminiscencias de Lynch en el texto, esa enana maldita...

Escribes de fábula!! Gui?o

Publicado por Cabronidas
Domingo, 28 de octubre de 2012 | 11:29

Me alegro que te haya gustado, Galia. Veremos qué sale en el próximo post.mecanografiando