Martes, 05 de febrero de 2013

Nunca me han gustado las obligaciones, aun a sabiendas de que la vida está repleta de ellas. En mi otro blog, durante cuatro años estuve actualizando a un ritmo de dos post por semana sí o sí. Y cuando los artículos se preñan, no por ganas, sino por obligación para corresponder a tu supuesto público, estos surgen precipitados, forzados en demasía y tremendamente insustanciales; aunque en una blogosfera tan creída y borracha de sí misma, eso no tiene la menor importancia. Estas dos semanas sin actualizar, también asistí a dos entierros, y la ausencia de vida de los que en un momento concreto fueron cercanos e importantes, minó salvajemente mi predisposición a llenar este espacio en blanco. Odio justificarme cuando este post, precisamente, parece una justificación en toda regla. Desde luego, no deja de ser contradictorio cuando soy el ser de este planeta que más detesta a la gente contradictoria.


Cuando me siento incomprensiblemente asqueado, me da por salir a la calle y caminar a ninguna parte. Esquivo la inmundicia que nosotros mismos producimos y jamás aparto la mirada de quien me clava la suya. Entre pasos certeros, me entretengo paseando los ojos por los mensajes clandestinos de los grafitis que embellecen la urbe: "Abdul puto mongolo", "Sandra ya tiene polla", "Independència; cada dia més a prop", "Amnistía para Juan Ra". Me preguntó el porqué de sus historias y si alguna vez alguien reparará en la mía. Entonces me sobreviene una especie de aguijonazo estomacal que sube en espiral hasta mi nunca. Es como el crujido de un escarabajo pisoteado; el estallido leve de un globo; el chasquido de dedos al despertar de una sesión de hipnosis; el brillo intensísimo de una bombilla un segundo antes de fundirse.


Entonces reparo que llevo dos horas y media caminando y que mi casa queda a unos cuantos kilómetros. Pero no importa, vivo sin prisa y la sensación de asco ha desaparecido, con lo cual puedo pensar con fluidez y constatar algo realmente enfermizo: y es que me siento más cómodo en los funerales que en las bodas. Los funerales son tranquilizadoramente solemnes.


Tienen más carga emotiva; mucha más teatralidad.


 


Tags: Funeral, entierro, ausencia, Morbid Angel

Regurgitado por Cabronidas @ 17:03
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Supuraciones
Publicado por Blue
Mi?rcoles, 06 de febrero de 2013 | 17:54

Mientras se sepa el camino de vuelta a casa, no pasa nada. La bombilla todavía no se funde.  Gui?o

Saludos

Publicado por Cabronidas
Jueves, 07 de febrero de 2013 | 7:24

¡Hola, Blue! Pocas cosas hay tan buenas como poder vivir sin prisa, aunque no sé si la bombilla es de bajo consumo o de las de toda la vida.Sonrisa

Publicado por Sincopada
Jueves, 07 de febrero de 2013 | 12:03

Qué bonito es perder el tiempo...a mí me encanta.

La contradicción quizás es lo que nos ayuda a ser críticos con nosotros mismos,es buena en su justa medida. Hace unos días mi profesor de guitarra, que es un hombre muy sabio, me decía eso mismo, que es bueno contradecirse siempre que uno esté convencido de sus argumentos en cada posicionamiento, que no pasa nada si hoy pienso A y mañana B, pero teniéndolo claro. Y tuve que darle la razón.

Solemnidad y teatralidad, qué grandes palabras si además van juntas.

Kisses.

Publicado por Cabronidas
Viernes, 08 de febrero de 2013 | 14:13

No sé, Sinco, no sé. Entiendo y acepto que en un momento dado se cambie de opinión y de forma de actuar según lo pidan las circunstancias. Pero la contradicción ejercida diariamente como carencia evidente de coherencia me toca los cojones. Es más, he comprobado que todas las personas contradictorias que conozco tienen las neuronas justillas para pasar el día.


¡Salud, Sincopada!Divertido