Martes, 02 de abril de 2013

Yo he ido muchas veces a la discoteca. No importaba qué discoteca era; ni su caché, ni su fama, ni dónde estaba ubicada, ni nada; si me dejaban entrar, entraba. De hecho, nunca acabaron de gustarme, siempre he sido más de bares y de descontrolarme en festivales de música en directo. Con el trascurrir de los años (no muchos) todas llegaron a parecerme odiosamente iguales. Al principio, creí que mi parecer se debía a una visión subjetiva provocada por la inalterable regularidad con que las frecuentaba. Pero ahora que hace tiempo que no me dejo caer por ninguna, pensando en retrospectiva, caigo en la cuenta de que mi parecer no era desacertado: todas son iguales porque en todas se repite un mismo guion; un mismo patrón de comportamiento por parte de los que allí pululan.


Podría empezar diciendo que los pertenecientes al servicio de acceso y seguridad, son tipos que te miran con un fulminante movimiento de ojos sin girar el cuello. Suelen ser especímenes corpulentos u obesos sin llegar a amorfos, de apariencia un tanto intimidatoria cuyos rasgos son claramente simiescos. Se dice que están debidamente adiestrados para infligir dolor y reducir con celeridad al discotequero incómodo o al pringao; pero nada más lejos de la realidad: lo que mejor saben hacer los seguratas es dejar entrar a camellos y a tías buenas a cambio de favores. ¡Ah! Y también vigilan atentamente el retrete (el de señoras).


Como bien sabréis, la sala no se hace responsable de la pérdida o deterioro de los objetos personales que lleves en tu chaqueta, pero siempre puedes dejarla en el guardarropa con previo depósito monetario, donde siempre hay dos chicas que te tratan con fingida amabilidad; digo fingida porque las delata la expresión de asco con que visten sus jetas. Pero recuerda: a la discoteca se la suda lo que guardes en tu chupa. Evidentemente, dada mi condición de hetero, nunca me fijaba en los camareros sino en las camareras. Casualmente, todas son jóvenes y atractivas, y no por eso te vas a llevar a alguna a la cama, puesto que para poder aguantar el desgaste que supone, ya no aguantar a gilipollas, sino servir copas toda la noche, van más puestas y enchufadas que Sid Vicious en el día mundial de la coca.


Mmmm...Las gogós; las gogós están varios peldaños por encima de las camareras en cuanto a atractivo físico. Han cultivado el cuerpo y han descuidado el cerebro. El vulgo masculino las devora con miradas que brillan de deseo contenido, y más de uno se hará una paja imaginándose que se la mete a todas por todos los agujeros del cuerpo excepto oídos y fosas nasales. Y ellas, engañadas por el mismo tipo que les consiguió el trabajo, se contonean con sacrificio y entrega esperando la oportunidad de algún día ser estrellas. Aunque algunas acaben siendo estrellas del porno o de nada.


¿Y el pinchadiscos? Pues dicen que es el verdadero amo de la vida en la disco. El controlador de tu estado anímico. El dios del ritmo que dicta tus movimientos. El que a través del bafle moldea a su antojo tus impulsos. Aunque yo siempre he pensado que la función del DJ está sobrevalorada y aparte de no hacer nada, nadie sabe lo que hace. ¿Y quién es ese fenómeno? Es el bailarín más increíblemente hábil que jamás verás en una pista de baile. Porque ese prodigio de la naturaleza no es que baile, es que parece que se haya dividido en cuatro o cinco bailarines cada vez que se menea. Siempre está pendiente de las novedades musicales y se conoce todas las putas canciones, incluso aquellas que todavía no se han grabado.


Pero si hay alguien realmente omnipresente en todo este circo, ese es sin duda el camello. El camello es un auténtico profesional que va allí a trabajar y no dudará en subir los precios de su material a medida que avanza la noche. Siempre clandestino, en la retaguardia, entre bastidores, desplazándose como una sombra entre claroscuros. A la búsqueda de sus esclavos y no te equivoques: tú no encuentras al camello, el camello te encuentra a ti. Jamás se te acerca, pero para el consumidor se muestra claramente accesible. Tu adicción y debilidad hará el resto y él te proporcionará toda sensación que creas necesitar.


Y por último, que este artículo está siendo más largo de lo acostumbrado en mí, ya avanzada la noche hace aparición el baboso común. Este ejemplar de baboso bebe en exceso, tan en exceso que pasan dos cosas: que va dando tumbos marcando las lindes de la disco sin llegar a caerse, o va más pasado de vueltas que Amy Winehouse en una cata de vinos. En ambos casos, el baboso común como si fuera un zombie invidente, se choca y deja resbalar sus manos y parte de su cuantiosa salivación por las zonas pudendas del cuerpo de las parroquianas, hasta que finalmente es reducido por las propias acosadas o los simios amorfos del local. Por supuesto, jamás conocerás al dueño de la discoteca, ese tipo importante que está en otra parte haciendo negocios con el alcalde y sobornando a la policía.


En las discotecas ya no me río. Que tengo 40 años y ya soy mayor. Pero a los conciertos a lanzarme desde el escenario seguiré yendo aun a riesgo de perder el gallao y la dentadura postiza.







Tags: Discoteca, exodus, disc jockey, camello, camarera, gogó

Regurgitado por Cabronidas @ 5:50
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Supuraciones
Publicado por lizzie
Martes, 02 de abril de 2013 | 16:44

 Hace tanto tiempo que no voy a una disco, pero recuerdo que se alternaba lo lento con lo movido jajjajaj ahora creo que ya no se baila lento y cogiditos y pegaditos, como aquello que cantaba el Sergio Dalma que decía .....bailar pegados es bailar, igual que baila el marrr con los delfiiiiiiineeeessssss, corazón con corazón en un solo rincón dos bailariiineeesssssss pues fíjate si hace ya jajjajajaaja, son etapas de la vida sin vuelta atrás, nos hacemos viejos cabronidas , ahora tengo emociones más fuertes como ...............mataaaaaaarrrrrrrrrrrrr jajajjajajaaj

Publicado por Cabronidas
Martes, 02 de abril de 2013 | 18:26

Oye, Lizzie, ¿ no has pensado en practicar algún deporte para aplacar tanto instinto homicida? Ya no te digo follar, que si lo hicieras conmigo no querrías dejar de practicarlo jamás, pero... No sé... Puedes practicar kick boxing, Jiu Jitsu, algo así. Ya sabes: liberar presión. Si algún día te cansas de llamarte Lizzie también te pega el nick de viuda negra.Ojos locos

Publicado por viuda negra
Martes, 02 de abril de 2013 | 23:20

Ya he cambiado de nick, y a partir de ahora quemaré adrenalina con el deporte como bien me has aconsejado, gracias, ya veremos si así se me pasa el instinto homicida jajajjajajaja

Publicado por Cabronidas
Mi?rcoles, 03 de abril de 2013 | 1:05

Si no se te pasa... Bueno, siempre podemos realizar frenéticos, rítmicos y acompasados movimientos pélvicos.Ojos locos