Viernes, 26 de abril de 2013

Decir de los italianos que son unos mafiosos, los franceses unos estirados, los alemanes unos cuadriculados, los estadounidenses unos imperialistas, los catalanes unos tacaños y polacos -además de los naturales de Polonia- y los madrileños unos chuloputas, sería caer en los tópicos de siempre que tanto complican la vida. Así que nos quedaremos en que los rumanos son unos tipos muy serios que descienden de Vlad Tepes. Esto viene a cuento de que durante unas vacaciones invernales estuve conviviendo con unos rumanos. Concretamente, compartía piso con dos rumanos de aspecto tosco y una chica rumana, además de con sus compatriotas que venían dos horas antes de la comida a tomar chupitos de tuica, y a jugar a ver quién de ellos desmontaba y montaba más rápido su arma semiautomática.


Entre ellos estaba Dragosi, un rumano bajito como un hobbit de La Comarca que gastaba más mala leche que una rata almizclera. Él era el capo; el Gran jefe; la última persona a la que más vale no malhumorar. Por sus manos pasaba el setenta por ciento de las ganancias obtenidas en atracos informáticos y desvalijamiento de cajeros automáticos. De él se decía que empleaba contra quienes lo traicionaban, un singular método de poda testicular con una cinta de cuero, que se basaba en una técnica desarrollada por sus antepasados hace cientos de años en noches de pesadillas e insomnio, allí en la antigua Valaquia. Él era quien organizaba las bacanales en el Kristal Glam Club y si le caías en gracia, estabas invitado a un combinado de vodka y a una noche de sexo lujurioso con la escort más deseada de la ciudad. Si se la jugabas o le caías mal, aunque no te despertaras en la cama con la nariz pegada al ocico de un caballo descabezado, pero lo hacías con una cinta de cuero anudada delicadamente a tu escroto, ya sabías lo que eso quería decir.


Al ser yo un inquilino de excepción en su base de operaciones, no era ningún secreto que a Dragosi le caía bien. Yo le ofrecía discos de Peret y le di a conocer la butifarra catalana y el pa amb tomàquet, y él a cambio, me ofrecía protección las veinticuatro horas del día. Hasta que involuntariamente interferí en sus negocios. Una fatídica y fría madrugada de febrero, conducía por los cuatro kilómetros de carretera desierta que me separaban de mi piso, cuando de pronto en una curva, el coche derrapó estrellándose contra un cajero automático y la persona que lo manipulaba. Me bajé del coche, me acerqué al tipo y comprobé si tenía pulso: farfullaba una jerga extraña pero respiraba y no parecía tener heridas mortales, así que lo liberé del amasijo de plástico, hierro y cristal en el que estaba atrapado. Lo metí en la parte trasera del coche y salí de allí como una exhalación. Se me heló la sangre en las venas más que la propia carretera, cuando al mirarlo por el retrovisor reconocí al tipo del cajero: era Fiorenzo, el enlace de los rumanos en Italia. ¡Pero qué coño hacía ahí ese puto espagueti!


Fiorenzo, ya recuperado de la conmoción y palpándose las partes magulladas del cuerpo, no paraba de imprecarme: ¡Mamma mia!, ¡bastardo di merda!, ¡figlio di una cagna! ¡Hai sprecata giusto!, ¡basta scopare un grosso problema! ¡Dragosi sta per tagliare le palle!, ¡darà buon asino! Por lo poco que pude entender, acababa de hacer saltar por los aires -aparte del cajero- un golpe planeado por los rumanos, lo cual quería decir que estaba en un lío tremendo. Tenía que regresar inmediatamente a mi piso donde sin duda estaría El jefe, haciendo recuento de la pasta para cuadrar cuentas. Tras llegar y explicarle a Dragosi que jamás se me ocurriría desbaratar ninguno de sus planes e intentar convencerle de que todo fue un desgraciado accidente, me ofrecí voluntario para realizar algún tipo de trabajo gratis, en un intento inequívoco de salvar el pellejo. Y Dragosi, puede que en un momento de debilidad, me condujo a un rincón de la cocina, me invitó a un vaso de tuica y me dijo sin apartar la mirada en su peculiar castellano:


-Chico, me has hecho perdier muchio diniero. Esta noiche hay una fiestai pero yo no foy. Klaudyna, mi hija que tambiein es tu acompañiante de piso, sí quiere ir. La llevias contigio y hases que se diviertia. Pero la trais sana y virgien por la mañania. Si le pasa algoi, me cago en la hocstia que te pego una hocstia de fondo de patio y te meto en bolsia de plástiquio y te corto los huevois. Mis mujeries pintarián senefas en tus cojonieis y quedaríán para adornar el resibidior-. Estaba claro que no tenía escapatoria. ¿Cómo iba a cuidar de una persona en una fiesta, si a la que me tomo tres copas estoy suplicando a las camareras que me pongan las tetas en la cara? Jamás lograría regresar a mi Cataluña natal -pensé- y de hacerlo, sería sin testículos y con voz de castratti. A pesar de todo, logré tartamudear un sí vacilante al tiempo que Dragosi asentía con una atemorizante muesca de satisfacción.





Continuará en el próximo artículo.


Tags: rumanos, mafia, vacaciones, inquilino

Regurgitado por Cabronidas @ 19:02
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Supuraciones
Publicado por Lizzie
Viernes, 26 de abril de 2013 | 21:23

muy bonito todo

Publicado por Cabronidas
Viernes, 26 de abril de 2013 | 22:02

Uyyyyyyyyy, lizzie, qué comentario. ¿Que estás pocha? Venga, venga, dile al tito Cabrónidas qué te pasa que te animará.Bailando

Publicado por lizzie
S?bado, 27 de abril de 2013 | 1:05

 Si, estoy pocha, sería feliz si pudiera cargarme a unos cuantos hijos de puta jajjajajaja. Te quiero, eres mi ídolo.

Publicado por Blue
S?bado, 27 de abril de 2013 | 15:52

Encontrarle tanta utilidad a un disco de Peret no es poca cosa, jaja.

Buen relato.

Un saludo.

Publicado por lizzie
S?bado, 27 de abril de 2013 | 20:12

esto no va y no se porqué!

Publicado por Cabronidas
S?bado, 27 de abril de 2013 | 20:37

Blue, hasta las cosas más inverosímiles, tienen su lugar en el mundo, como los discos de Peret.Sonrisa

Lizzie, supongo que te referirás a que no puedes comentar. A veces pasa pero no sé por qué. Por cierto, ¿ya estás buena?Sonrisa Gigante

Publicado por lizzie
Domingo, 28 de abril de 2013 | 0:24

 Buena?? si estoy buenísima, estoy aquí regando mi plantita de los tréboles de la suerte y otra plantita de la risa jajjajaja . Guapo!!

Publicado por Sr.Perez
Lunes, 29 de abril de 2013 | 14:35

¡Haga usted el favor de seguirlo ya! ¿Se la folla y es lo último que su pene hace? ¿Le promete matrimonio y huye con ella a Marruecos? ¿Resulta que al final están todos muertos desde el principio del relato?

¡¡Más!!

Publicado por Cabronidas
Lunes, 29 de abril de 2013 | 15:15

La segunda parte está a punto de salir del horno, Sr.Pérez; pero todavía no está del todo hecha.mecanografiando