Martes, 30 de abril de 2013

Klaudyna era una chica que se crió ajena a los turbios negocios de su padre en un bonito pueblo al sur de Rumanía. Una preciosidad tímida de bellos ojos azules y parca en palabras que aquella precisa noche en la que tenía que cuidar de ella, decidió olvidar por completo todas las prohibiciones que le impuso su patriarca. Aquello fue como una colosal bola de acero cayendo desenfrenada por una ladera. Como un huracán en absoluta desinhibición, Klaudyna bebía sin cesar, eructaba, se humedecía los labios, contoneaba la pelvis con obscenidad, se acariciaba los pezones y se morreaba con todos los tíos que se cruzaban en su zona de baile como si quisiera sorberles la fuerza vital. Mientras que yo, en lugar de huir de aquel pozo de desesperación en el que me veía sumido, trataba urgentemente de tranquilizarla puesto que se había follado a más tíos aquella noche que Gigi Love en un año de rodaje. Con gran esfuerzo conseguí acomodarla en un sofá al lado de un holandés, que de haber podido, le hubiera relamido con fruición hasta los sudorosos sobacos.


Procuré templar los nervios y adueñarme de aquella calamitosa situación bebiéndome dos cubatas en dos parpadeos, y de pronto lo vi todo claro: lo más apropiado sería sacarla de allí, atarle un buen pedrolo a los tobillos, bascularla al río más cercano e iniciar una nueva vida en el Punto Nemo. Pero había desaparecido. Ya no estaba. La había dejado en el sofá más tirada que una mortaja y sencillamente ya no se encontraba allí. Hostia puta. Ahora sí que se iba a liar parda. Eran las siete de la madrugada, Klaudyna estaba en paradero desconocido y mis huevos se iban a quedar como dos huérfanos desvalidos en manos de la mafia rumana. Salí de allí corriendo como un silbido de bala cuando de pronto empecé a elevarme del suelo de forma gradual. Y en efecto, un par de matones de Dragosi me interceptaron a la carrera y me despegaron del suelo asiéndome de un brazo cada uno, con lo que me vi corriendo ridículamente en el vacío, y de esta guisa me llevaron a ver al capo, ante la atónita mirada de la numerosa multitud trasnochadora que ocupaba las aceras. Al cabo de media hora volví a pisar suelo firme en casa de Dragosi: estaba sentado con una mirada más gélida que la de un lobo ártico.


-Y bien, chico. ¿Dónde estai Klaudyna?

-No lo sé. No está.


Dragosi alzó la vista mumurando unas palabras al techo como si esperara una respuesta divina. -Doamne, am de gând să fac cu acest biet. ¿Sabies lo que esto signifiquia? Signifiquia que te voy a cortiar los huevios y se los diaré a mis mujeries para que pintien sobre ellios para luego exponerlos en semania santia en Moldavia. ¿Dónde estiá mi cinta de cuero?


Dragosi ordenó que la poda escrotal se realizara en mi piso ya que no quería dejar su casa perdida de sangre. Además, el piso donde yo vivía también era propiedad suya, así como un eficiente equipo de limpiadores que siempre hacían desaparecer todas las pruebas, con lo cual importaba bien poco dónde se iba a llevar a cabo la carnicería. Todo se había acabado y no sé qué era peor: si morir desangrado o volver a mi tierra castrado y con la innegable certeza de que jamás podría tener descendencia. La capacidad de engendrar pasaría a ser tan solo un recuerdo convertido en pesadilla cada vez que fuera a ducharme, a mear, a cambiarme los calzoncillos, a hacerme una paja o a follar. Mi pene estaría ahí, sobre un escroto grotescamente cicatrizado y más arrugado que una bolsa de té usada. La incapacidad de contribuir a la perpetuidad de la especie sería hasta el fin de mis días una realidad irreversible, y no me seducía lo más mínimo la idea de poder echar polvos libremente sin el riesgo de concebir un bebé no deseado. Sí, me ahorraría mucho dinero en condones, pero es que los cojones no tienen precio.



Estos negros pensamientos ocupaban mi cabeza hasta que me encontré delante de la puerta de mi piso. Dragosi estaba detrás de mí y ordenó que sus matones me dejaran en el suelo para que pudiera abrir la puerta. Introduje la llave; giré; el sonido de la cerradura sonó suave como el olor de un niño, abrí la puerta y ahí estaba Klaudyna, recién duchada con el largo cabello todavía húmedo, saboreando sin el menor atisbo de sorpresa un plato rebosante de mis cereales chocolateados. Alzó la vista hacía mí y su semblante parecía albergar todas las resacas del mundo. Eso no impidió que una sonrisa que sabía demasiado inundará su rostro y me guiñara un ojo.


Y así sorprendentemente, a causa de los caprichosos sesgos del destino con los que a veces nos descoloca la vida, es como en la actualidad puedo dar gracias a la madre suerte por poder procrear y obviamente, conservar intactas mis pelotas.


 


Tags: Rumanía, castración, vacaciones, mafia, Strawberry hardcore

Regurgitado por Cabronidas @ 2:40
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Supuraciones
Publicado por goodbye kitty
Martes, 30 de abril de 2013 | 11:21

Merecía la pena esperar... para comentar. I love your balls!

Además, si alguien es capaz de susurrarme lo que sea en ese acento rumano... me pierdo. Buena historia Cabrónidas, quiero más.

Publicado por Cabronidas
Martes, 30 de abril de 2013 | 12:29

Kitty, hay dos partes más, pero no sé si colgarlas en los próximos días o esperarme unas semanas para no empachar al personal. La verdad que mi corta estancia allí dio para mucho.Gui?o

Publicado por Sincopada
Martes, 30 de abril de 2013 | 14:22

Satura, Cabrónidas, satura, que nos molan los excesos...¿o lo dudabas?.

¡Queremos másssssssssss!

Kissesssss.

Publicado por Sr.Perez
Mi?rcoles, 01 de mayo de 2013 | 18:14

Espero tener más noticias de Klaudyna en alguna otra entrega. Sólo pienso en lo único, menudo cerdo.

Yo creo que nadie se va a saturar, porque se lee muy bien y hace que se quiera más. Es que es Rumanía, claro... si fuera "Érase una vez en el Polígono Industrial Can Jardí, Rubí" no tendría tanta chicha. Mola.

Bravo, oiga.

Publicado por Cabronidas
Mi?rcoles, 01 de mayo de 2013 | 19:36

Muy bien, debido al entusiasmo aquí leído y contagiándome alegremente de él, en los próximos días y sin estorbarse colgaré la tercera y cuarta parte, con unos cuantos días de diferencia, como mandan las sagas blogueras. Aunque los hechos acaecidos no creo que den para una quinta entrega. Ya sabéis: es mejor no quemar el producto.Llama mecanografiando

Publicado por lizzie
Mi?rcoles, 01 de mayo de 2013 | 23:13

 Muy bueno, pero para mi gusto le ha faltado sangre jajajajaajja

Publicado por Cabronidas
Jueves, 02 de mayo de 2013 | 19:18

Es que no hubo sangre, lizzie. Me tengo que ceñir estrictamente a la realidad.Sonrisa Gigante

Publicado por salamandra
Viernes, 03 de mayo de 2013 | 14:40

Alergia al alcohol. Chupito y te pones toda perra. Lo que yo te diga.

Klaudyna no era suelta, era una pobre intolerante.

QUIERO MÁSSSSSSSSSSS