Lunes, 13 de mayo de 2013

La primera vez que vi Martín (H) creo recordar que tenía dieciséis años. Cuando acabé de verla, tuve el convencimiento de que grandes verdades que siempre han estado ahí fuera y que la escuela se negaría a enseñar, me fueron reveladas en todo su esplendor de manera directa e ingeniosa. Recuerdo que la disfruté con la mayor de las atenciones de principio a fin. Y lejos de olvidarla como hice con tantas otras una vez aparecían los títulos de crédito, durante varios días estuve reflexionando desde diferentes prismas sobre aquellos diálogos fluidos, claros e irreverentes que se fueron desgranando a lo largo de toda la película (sin llegar a ninguna parte en concreto, por cierto).


Unas cuantas horas previas a la publicación de este post he vuelto a visionarla de nuevo y las sensaciones han sido diametralmente opuestas. No sé si será porque estoy padeciendo una alarmante carencia de buen gusto. O para según qué películas se requiere algo más que apetencia y predisposición para su disfrute. O si, como diría el estulto profundo en un alarde oportunista de falsa sabiduría: "no está hecha la miel para la boca del asno". O que sencillamente, lo que a una edad temprana pudo parecerme esclarecedor, genial y sublime, ahora en una edad más avanzada me parece declamatorio, forzado y presuntuoso.


Desde luego, con dieciséis años era un gran desconocedor de todo y con cuarenta sigo siendo un profundo ignorante cuyo único aval argumentativo son las numerosas experiencias que he ido acumulando a lo largo de los años (y las que me quedan, espero). Por esa razón, sabiendo o creyendo saber lo que sé ahora, Martín (H) me ha parecido una película plagada de grandes ideas colocadas en un plano tan primerísimo, que se diluyen en un vasto mar de obviedad e inconsistencia, en la que navegan unos personajes que quieren mostrarse tan profundos a la vez que reales, que acaban naufragando para ahogarse entre aparatosos chapoteos de excesos y sobreactuaciones.


Me ha parecido intragable el don para la verborrea de la que hace gala esta película. Diálogos incontrolados en los que cada frase es una sentencia disfrazada de análisis engañosamente lúcido. Cada vez que los personajes abren la boca, pontifican con un alarde vehemente y lapidario como si se tratase de una verdad empírica irrefutable. Dante, por ejemplo, el bisexual drogata de personalidad expansiva es el puto amo porque se pone hasta las trancas de toda droga que se cruza en su camino...¡para abrir la mente! Claro; nunca se me había pasado por la cabeza. Además, él cree que  las drogas no son malas, sino los humanos que nos avocamos a un vicio incontrolable que consiste en experimentar cualquier sensación menos la de abrir la mente. Si yo te entiendo, Dante, por eso deseo que entiendas que el día que yo haga desaparecer tu cara de un disparo a bocajarro con una magnum 10 mm, no soy yo quien te mata sino la bala, ¡y también te habré abierto la mente!


Y cómo no, obedeciendo a su condición de bisexual (y bien que hace) cata sin ningún tipo de pudor y reparo cuantas pollas y coños se cruzan en su hedonista vida. Y por ese motivo Dante, ese gran pensador de existencia compleja amigo de Martín padre, cuya dilatada experiencia como follador lamedor activo-pasivo le ha enseñado tantas cosas, nos alecciona diciéndonos que a la hora de follar lo importante son las mentes: follarse a las mentes. ¿Y qué clase de mentes le seducen a Dante? ¿Un premio Nobel? ¿Un cociente intelectual de 230? ¿La mente de Leonardo da Vinci? ¿Una mente como la suya? ¿La mente de Miguel Ángel? ¿La de Oprah Winfrey? ¿La de Jesús Vázquez? ¿Acaso sabe él la clase de mentes que me atraen a mí? No cuela, Dante, no cuela. Una cosa es sentir admiración por la inteligencia, la habilidad o la sabiduría de una persona indistintamente de su físico. Pero cuando se nos pone más dura que el acero de una espada toledana, nos da igual si sabe sumar dos más dos. No jodas, hombre, no jodas, que te has abierto la mente tantas veces que te es imposible recomponerla.


En fin, lo más seguro es que soy rematadamente idiota y no he entendido la película de Adolfo. Además, ¿cómo no me puede gustar Martín (h) y sí las pelis de Kevin Smith?



 


Tags: sdi, Martín (h), Dante, película, Argentina

Regurgitado por Cabronidas @ 5:09
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Supuraciones
Publicado por lizzie
Lunes, 13 de mayo de 2013 | 14:46

 Seré breve.......aaaahhh  aaaahhhh aaaahhhhhh aaaaaaaaaaahhhhhhhh aaaaaaaahhhhhhhhhhhhaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhaaaaaah hhhhhhhhhhhhhhaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh haaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahh hhhhhhhhhhhhhhhhhaaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh hhhhhhhhhhhhh  jajajjajjajajjajajajajajajaja

Publicado por goodbye kitty
Lunes, 13 de mayo de 2013 | 18:01

Jooooooooooooooder!!! Llevo días vaga, perra y...cansada, pero me sabe mal no leer, no ver nada nuevo, así que el otro día pensé en posible películas de revisión (creyendo que es menos fatigoso que estrenar visionado)... Martin H estaba entre ellas. Luego pensé, no lo hagas, no vuelvas a verla.

Recuerdo perfectamente cuando, donde y con quien fui a verla (Sinco también se acuerda!). Recuerdo como nos quedamos de flipadas con esa peli, cuan profunda nos pareció, y que fue objeto de adoración cinéfila durante largo tiempo. Justo por todo esto creí que no debía profanar ese recuerdo. A veces pienso que hay cosas que envejecen mal, otras que yo envejezco fatal, así que no me la jugué con la combinación de ambas senectudes.

Definitivamente, me la ahorro!

Publicado por Cabronidas
Lunes, 13 de mayo de 2013 | 23:12

Lizzie, ¿eso ha sido un orgasmo? ¿Ha sido debido a la canción que he colgado?Llama

Kitty, no conozco a nadie que no le guste esa película. Quién sabe, quizás si la vuelves a revisionar como hice yo puede que te parezca aún mejor de lo que te pareció al principio. Dale una oportunidad; yo lo hice y encima me sirvió para escribir un postGui?o

Publicado por Blue
Lunes, 13 de mayo de 2013 | 23:24

La vi cuando se estrenó, pero ya recuerdo poco, sólo a los actores y, eso sí, los diálogos interminables.

Las películas argentinas todas cojean del mismo pie, quieren ser psicoanalíticas y se acaban quedando en tostón.

En fin, verla por segunda vez y encontrarle defectos, o no deslumbrarse, quiere decir que algo se avanzó.

Saludos.

Publicado por Sincopada
Mi?rcoles, 15 de mayo de 2013 | 8:15

Uhmmmm...vaya, vaya, Martín (H) a la palestra y yo con estos pelos de Jarmusch....tengo la semana cinéfila.

Claro, Kitty, por supuesto que me acuerdo. Esa película nos marcó, salimos del cine traspuestas, la he vuelto a ver, al menos, 2 o 3 veces más,pero de ello hace bastaaaante tiempo. No sé cómo me sentaría verla ahora, ¿debería?...no lo tengo claro.

Algunas frases han pasado a ser dogmas (obviamente una es la de "follarse las mentes", soy una gran follamentes),peeeero...no, no la veré hasta que pase mucho tiempo. Porque es como cuando vuelves a aquél lugar mágico donde veraneabas de pequeña y te parece una gran mierda pinchada en un palo. Nunca hay que volver. 

Así que...sigamos follándonos las mentes cuanto podamos, que eso siempre enriquece como el Starlux,y dejemos que los años pasen sin remover los mitos, sólo renovándolos con nuestra voraz inquietud.

Kissessss.

Publicado por Cabronidas
Viernes, 17 de mayo de 2013 | 13:42

Bueno, si alguna de vosotras la vuelve a ver, me gustaría saber qué pensáis al respecto, que tengo curiosidad. Aún no sé de nadie que no le guste.

Publicado por Cosa
Domingo, 17 de noviembre de 2013 | 23:26
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