Viernes, 17 de mayo de 2013

Mis primeros contactos con la mafia rumana empezaron a fraguarse, insospechadamente, mucho antes de compartir piso con ellos. Aquellas vacaciones aventureras me llevaron como principio a vivir en casa del tío Vasile, un exterrateniente viejo, escuálido y delirante, poseedor de un arraigado sentimiento patriótico, que regentaba un lúgubre caserío a las afueras de la mágica ciudad de Brasov. Tío Vasile, al que curiosamente no se le conocían hermanas y hermanos, alquilaba habitaciones a mochileros y estudiantes por una módica cantidad que quedaba fijada durante un acalorado regateo.


Lo que el engañoso anuncio de Vasile ocultaba, es que se paseaba con actitud militar por todas las inmediaciones de su propiedad, ataviado con un casco de aviador de La Primera Guerra Mundial, unos gallumbos de color indefinido y unas deslustradas botas de media caña, impartiendo con estridencia y enérgicos movimientos de fusta, órdenes en rumano a nadie sabe quién. Irrumpía en tu habitación en mitad de la noche desbocándote el corazón con un disonante toque de corneta; se bebía todas las cervezas de la nevera antes de que se enfriaran; engullía tus flanes como quien bebe agua de un vaso; se comía los cereales de chocolate que tú comprabas y te obligaba a ayudarle en las duras tareas de mantenimiento de sus fangosos terrenos.


Yo tenía todo el cuerpo cubierto de sudor cuando acabé de podar los descuidados arbustos del decrépito jardín del tío Vasile. En ese momento, se acercó hasta mí un muchacho de cabello rizado tan extraordinariamente voluminoso, que de ser un día de sol, lo hubiera eclipsado por completo. Se presentó ante mí como Fiorenzo, mi nuevo compañero de habitación. Fiorenzo me enseñó todo lo que verdaderamente uno debe conocer de Italia: que en efecto el secreto está en la masa, que el risotto es en realidad un ataque de risa, que ningún habitante de Venecia sabe nadar, que La Cosa nostra originariamente iba a ser un equipo de fútbol que derivó en el AC Milán, y que -como siempre he creído- Sophia Loren y Raffaella Carrà fueron la primera pareja lésbica de la humanidad y que en la actualidad mantienen tórridas conversaciones por WhatsApp.


Por mi parte y en justa correspondencia, yo le enseñé a bailar la sardana y le confesé que uno de los grandes secretos de Cataluña era la pigmentación de la piel de La Moreneta. Le hice entender que debía sustituir sus vinilos de Laura Pausini y Eros Ramazzotti por cedés de Rhapsody of fire y Alkoholizer. Le enseñé a diferenciar entre Marujita Díaz y Carmen de Mairena, y lo adiestré en el uso del cuchillo jamonero y el modo correcto de empacharse de calçots hasta lo enfermizo como si no hubiera mañana. La verdad que había conexión; nos hicimos buenos amigos hasta el punto que planeamos concienzudamente una estrategia para escapar de la opresión rural del tío Vasile.


El plan que urdimos era sencillo, pero precisábamos la colaboración de otra persona. Fue entonces cuando Fiorenzo me presentó a Dragosi, un rumano de mirada glacial y de tamaño tan reducido que parecía estar en mp3. Mientras Fiorenzo y yo estuviéramos cortando leña como dos aizcolaris dementes, Dragosi llamaría a la puerta haciéndose pasar por un vendedor de La Redoute. Aficionado como era tío Vasile a travestirse y a usar toda clase de cosméticos para abrillantar su cabeza tonsurada, accedería sin duda alguna a probar un novedoso tratamiento contra la alopecia, consistente en aplicarse por toda la calva foie gras tratado químicamente. Al tiempo que Dragosi untara con una rasqueta del jardín el foie gras químico por todo el cabezón de tío Vasile, nosotros aprovecharíamos para recoger nuestras cosas con la máxima premura. Dragosi le explicaría que tenía que aplicarse calor moderado en la zona untada para que el ungüento fuera efectivo, y le haría meter la cabeza en el horno en modo "gratinador suave". Entonces, en los tres minutos en que durara el tratamiento, Dragosi se uniría a nosotros y pondríamos pies en polvorosa. La estrategia del plan era infalible; no podía fallar.






Tags: Rumanía, vacaciones, Benny Hill

Regurgitado por Cabronidas @ 13:56
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Supuraciones
Publicado por lizzie
Viernes, 17 de mayo de 2013 | 22:48

 jajajajaj si llego a estar allí, os hubiera aconsejado un hachazo en la cabeza y más rápido jajajaja, y que sepas que estoy deseando

saber que pasó a continuación, espero que haya algún asesinato jajajjaaj

Publicado por Cabronidas
S?bado, 18 de mayo de 2013 | 12:58

Lizzie, pero no dudes de que la saga "Érase una vez en Rumanía" es toda cierta y nunca matamos a nadie; que en el fondo somos buena gente.Muchas risas

Publicado por goodbye kitty
Lunes, 20 de mayo de 2013 | 21:07

Jajajajajajajjaja la descripción de Dragosi es lo mejor que he leído en mucho tiempo... lástima que no tenga influencia ninguna para proponerte para el Pulitzer!!!!

No es posible que todo esto sea cierto...es demasiado incluso para mí!!! Sigueeeeeeeeeeeee, no pareeeeeeeessss, ahora no puedes hacernos esperar... por favooooorrrr (con ojitos suplicantes)

Publicado por Cabronidas
Martes, 21 de mayo de 2013 | 7:11

Kitty, digamos que hay ciertas cosas un tanto exageradas, pero vamos, que la realidad supera siempre la ficción.Muchas risas

Publicado por Salamandra
Mi?rcoles, 22 de mayo de 2013 | 9:04

Esto de que nos lo ofrezcas todo en cómodos fascículos musicados, es un poco putada, que lo sepas.

Por cierto, ¡qué gran versión del Rumore Rumore!

Petons rei

Publicado por Cabronidas
Mi?rcoles, 22 de mayo de 2013 | 15:44

Es para no empachar demasiado, Salamandra. Así luego la continuación se lee con renovado interés.Gui?o