Viernes, 21 de junio de 2013

La mañana en que Fiorenzo y yo fregábamos la cocina, tío Vasile entró como una tormenta vociferando airadamente y en rumano quién coño le había anudado una cinta de cuero en los huevos anoche cuando dormía, con lo cual comprendimos de inmediato que aquella era la señal de la que habló Dragosi. Era el momento de la verdad; la fuga estaba en marcha. No obstante, la huida no se desarrolló como calculamos puesto que tío Vasile ya había probado un método similar que le compró a un vendedor de Venca, que consistía en introducir la cabeza untada de mermelada en el microondas, con resultado altamente decepcionante. De todas formas y sabiendo que los caminos que circundaban la propiedad de tío Vasile eran harto accidentados, a la vuelta de la esquina nos esperaban las bicicletas que Dragosi nos había preparado, con sus respectivas alforjas rebosantes de ropa de abrigo, bocadillos y barras de chocolate energéticas para el viaje.


Salimos como una exhalación, nos montamos de un salto en las bicis y comenzamos a pedalear enérgicamente con tío Vasile corriendo tras nosotros en calzoncillos, con la cabeza cubierta de foie gras y corneta en ristre. De pronto oí un sonido propio de algún número circense; un desafinado ¡aúuuuuuuuuuuuuuuuuuua! ¡aúuuuuuuuuuuuuuuuua! ¡aúuuuuuuuuua! que sobresaltó a los pájaros que aletearon en multitud hacia las alturas alejándose de las copas de los árboles. No cabía duda: se trataba de la bocina con forma de patito de goma de la bici de Dragosi. Miré hacia atrás y allí estaba aquel enano desalmado ajustándose la altura del sillín. Di media vuelta al tiempo que Fiorenzo con un movimiento rápido y coordinado, le bajaba los calzoncillos hasta los tobillos a tío Vasile y yo, en menos tiempo del que Poli Díaz tarda en meterse una raya y equipado con la navaja multiusos que gané acumulando puntos con la compra de quinientas cajas de chocochips, ayudé a Dragosi a reajustar la altura del sillín, graduar el ángulo del manillar, comprobar la presión de las ruedas, recolocar el retrovisor, comprobar los frenos, recollar la bocina, secarle el sudor de la frente y arreglarle el cuello de la camisa.



Fue entonces cuando pudimos pedalear con todas nuestras fuerzas hacia la gran ciudad y escapar así del poder opresor campestre. Fuera ya de peligro por el camino, pedaleando más relajados que Tito y Piraña en "Verano Azul", Dragosi se deshizo en elogios ante mi rapidez exhibida en la ITV de su bicicleta. Como consideraba que estaba en deuda conmigo y Fiorenzo, nos preguntó si teníamos trabajo y nos ofreció alojamiento en la ciudad durante el tiempo que tuviéramos pensado quedarnos antes de conocerle. Y como que tío Vasile se había quedado con mi dinero y la mayoría de mis pertenencias incluidas la ropa interior, aceptamos agradecidos formar parte de su negocio por unas pocas monedas, aunque en ningún momento supiéramos de qué carajo nos estaba hablando.


En los días posteriores, pese a que jamás llegué a aprender a hablar rumano y a desvalijar un cajero automático, constaté que la vida está preñada de pequeñas aventuras. Que un hombre pequeño de gran corazón puede albergar una ira temible. Que la amistad puede llegar de algún lugar lejano e insospechado como Italia. Que siempre habrá alguien más loco y desvergonzado que uno mismo, aunque se trate de un anciano que regenta un caserío reconvertido en hotel. Y que las mujeres, sean de donde sean, siguen siendo criaturas díscolas provocadoras de serios peligros y quebraderos de cabeza.


El resto, querido y paciente lector, es pura ficción... O no. 


 


Tags: El reno renardo, vacaciones, tío Vasile, huída, escapar

Regurgitado por Cabronidas @ 2:48
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Supuraciones
Publicado por goodbye kitty
Viernes, 21 de junio de 2013 | 9:48

Noooooooooooooooooooooooo no puedo soportar que esto termine aquí!!! Cómo me ha encantado esta saga rumanesa. Lo de Poli Díaz ha llegado a conmoverme, y no es fácil llegarme al corazoncito, créeme.

Como colofón y cierre es una brillante entrada.

Y lo del vídeo...no tengo palabras, muchas lágrimas de reírme, eso sí.

Cabrónidas, molas.

Publicado por Cabronidas
Viernes, 21 de junio de 2013 | 12:54

Me alegra que te haya gustado Kitty, aparte de que el sentimiento es mutuo. Y tengo que decirte, aunque seguro que ya lo sabes, que lo de la cama, más que llegarme, me ha calado muy hondo.Bastardo Kitty Muchas risas

Publicado por Cabronidas
Viernes, 21 de junio de 2013 | 12:56

Por cierto, no existe grupo más cachondo e hilarante que El reno Renardo. De escucha obligada.Sonrisa

Publicado por Lizzie
Viernes, 21 de junio de 2013 | 15:30

 jajjajajajajajjajajajajjaj que me meo jajjajajaj que bueno, y ese final de mujeres díscolas? hay que ver lo que te inventas jajjajajajja

Publicado por Cabronidas
Viernes, 21 de junio de 2013 | 17:11

¿Cómo que invención? Si es todo cierto, lizzie. Y además, siempre hacéis que los tíos nos metamos en líos.Sonrisa Gigante

Publicado por Sr.Perez
S?bado, 22 de junio de 2013 | 15:45

"Desde Santurce a Bilbao vengo por toda la orilla comiéndome una empanadilla"

¿Cómo voy a hacer un comentario después de eso? Insuperable.

Espero un bis de la serie rumana engullendo chocochips por un tubo, yo también quiero una navaja multiusos de esas, que sólo tengo una tamaño llavero "recuerdo de Benavente". 

Publicado por Cabronidas
S?bado, 22 de junio de 2013 | 16:58

Hombre, Sr. Pérez; me alegra sobremanera que la saga haya sido de su agrado. ¿Y qué pasa con su blog? ¿Urdimos algún plan para sacarlo de la UVI?

Publicado por goodbye kitty
Domingo, 23 de junio de 2013 | 12:37

Cabronidas, ¿lo de la cama? No me mezcles los posts porque soy unineuronal y me lío. ¿Era tu cama o la mía?... ahhhh lo de que siempre la tengo deshecha...soy práctica eeeeehhhh!!!

Publicado por Cabronidas
Lunes, 24 de junio de 2013 | 15:25

Yo me consideraba práctico pero me he visto superado. Después de ventilar la habitación, tengo que hacerme la cama. Es como si estuviera bajo hipnosis.Ojos locos