S?bado, 07 de septiembre de 2013

En las películas de Jennifer Aniston todo resulta mucho más fácil y aséptico. Por ejemplo, tu jefe te permite a regañadientes irte de vacaciones a las fiestas de la Pilarica como si te concediera el favor de tu vida pese a que tienes unos días para hacerlo, pero acabas en París. Y ella que tiene tres días de asueto, los emplea en coger un vuelo dirección a París aunque en la oficina dijera a sus amigas que se iba a las fiestas del Pilar. No sabemos cómo, pero en esa oficina donde no se sabe muy bien qué trabajo desempeña Jennifer, es asombrosamente sencillo disponer de días libres. Su jefe es diferente al tuyo y le recomienda que disfrute y le da un abrazo.


Sentada con las piernas cruzadas en la butaca del vestíbulo del hotel, con la naturalidad de quien ha vivido más tiempo en hoteles caros que en su propia casa, se acerca un dandi a ofrecerle fuego justo en el momento en que ella, con ademán despreocupado y la mirada en ninguna parte, se lleva un cigarrillo a los labios. Tú estás espatarrado exhibiendo paquete en las escaleras de la entrada de un hostal, cuando se acerca una lumi retirada mucho mayor que tú a pedirte un cigarro. El dandi le invita a una copa tan solo apta para paladares adinerados. La lumi que ya no ejerce como tal, te pide con voz aquejada de ronquera pasta para una cerveza. Jennifer y el dandi tontean nimiedades ocurrentes y surge un diálogo chispeante: se declaran adictos a la exquisitez de la Nouvelle cousine aunque nunca la hayan probado, y admiradores de las fantásticas gárgolas que otean desde lo alto de la catedral de Notre Dam.


La mujer que antes era lumi te habla con verborrea errante de sus viajes de LSD de su juventud, del precio del bacalao en el mercado de "bidonville" y te pide pasta para otra cerveza. Jennifer, aunque jamás lo es en la intimidad ni cuando está con las amigas de la oficina, intenta parecer una señorita de difícil accesibilidad y niega cuatro veces antes de subir con el dandi a la suite de lujo que se encuentra en lo más alto del edificio. La lumi y tú estáis en celo y no te importa lo más mínimo su pasado de fulana ni si sabe sumar dos más dos. Subís arrastrando los pies a una habitación apestosa mal iluminada, por la que se cuela por entre la reja oxidada de la ventana un haz de luz azul oscuro.


Jennifer Aniston besa al tipo de las copas caras con la salivación apropiada. Se disculpa yendo al lavabo, no sin antes mirarlo con travesura y posarle delicadamente un dedo insinuante que parte de la mitad de su labio superior, y baja lánguidamente hasta detenerse en el labio inferior que separa, solo lo justo, para conferirle al tipo una expresión de bobalicona fascinación. A continuación, aparece con un picardías negro satén y se acerca a la cama como una pantera caminando ingrávida entre las nubes. Él se coloca tras su espalda, le aparta el cabello que cae como una cascada y la besa en el hombro; continua hasta la oreja erizándole el vello, se sumergen entre las sábanas de seda y en la siguiente escena, aparecen fumando relajados y hablando de A l'interieur de Bustillo y Maury, película cuyo tema resulta un tanto inapropiado después del ritual pélvico.


Pero nada más lejos de la realidad. Llegas a la puerta de la estancia con la lumi y te cuesta un enorme derroche de concentración abrirla, ya que en los hostales a veinte pavos la habitación con manta no rocían 6 en 1 en las cerraduras. Entráis casi desvestidos para tropezar en una cama donde habrán campado a sus anchas muchos gusanos y no precisamente de seda. Sabes que le huele el aliento porque te acaba de eructar sin querer en la oreja. Ella se disculpa y va al lavabo a mear y a cagar. Oyes como tira de la cadena y el wáter vuelve a hacer una vez más, historia. Sale, tú te disculpas y vas al lavabo. Parece ser que no ha pasado la escobilla, pero es que resulta que no hay escobilla. Mierda, escupes, meas y tiras de la cadena mirando como el agua se lleva toda la basura. Vuelves e intentas desabrocharle el sujetador, pero resulta imposible y se lo quita ella resoplando. A continuación se descalza y un hedor denso enrarece el ambiente. Os desnudáis por completo a excepción de tus calcetines del Capitán América que te otorgan un inclasificable toque de distinción. Os besáis en una descoordinación atropellada; deslizas tu lengua panza abajo hasta la zona radiactiva: huele. Deslizas tu boca panza arriba hasta colocarte encima de ella; cargas, apuntas y... Arma encasquillada.


Después del incómodo silencio posterior a ese momento que todo hombre que se precie sufre al menos una vez en la vida, intentáis retomar la acción pero esta vez con la debida protección plastificada. Besos, lametón, tocamientos, soplo en la oreja, erección... Cargas, apuntas... Y esta vez no hay un disparo de fogueo sino un disparo prematuro, absolutamente precoz. Ella mira al techo preguntándose qué la condujo a estar en esa habitación contigo, y tú miras a cualquier otro sitio que no sea su cara con la certeza de que todo ha ido estrepitosamente rápido. Sales de ella destrempado y con cuidado, no fuera que se quede todo ahí dentro.


Piensas en darle conversación pero no hay sitio para las palabras, y pronunciarlas sería como decirle a alguien te quiero cuando todo se acabó hace tiempo. Ella coge uno de tus cigarrillos con indiferencia, con los dedos arrugados y el gesto gastado de quien ha escuchado una canción tantísimas veces que ya no sabe de lo que habla. No puedes dormirte y piensas en ofrecerle otro tipo de placer; quizás pasear las manos por su piel en incipiente decrepitud y masajear sus hombros y su espalda mientras sus pómulos se estrechan como los de un cadáver entre calada y calada. Por supuesto, no sin antes haber ido al lavabo y comprobar que el condón no sea el uno entre mil que las multinacionales del sexo blindado agujerean para asegurarse futuros clientes de aquí a quince años sino antes.


Querida Jennifer, esto nunca nos lo cuentas.


 


Tags: Jennifer Aniston, Hollywood, cine, comedia, Pantera

Regurgitado por Cabronidas @ 10:09
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Supuraciones
Publicado por lizzie
S?bado, 07 de septiembre de 2013 | 11:58

Me ha encantado lo escrito y el temazo .....hotel...hostal...jenifer...lumi....dandy..... ?? Tuuuu???? Espero que no jajjaja  A ti  te imagino guapo y atractivo en una casa soleada junto al mar con una  guapa mujer  joven y mucho loveeeee  jjajaja

Publicado por Cabronidas
S?bado, 07 de septiembre de 2013 | 12:10

El love es como el humor, Lizzie: que no falte.Flash

Publicado por Blue
Martes, 10 de septiembre de 2013 | 18:30

No hay nada como el término medio. Da igual que digan que es gris o mediocre, cualquier cosa mejor que "eso", jaja.

En la vida, claro, en la ficción, no.

Bien escrito. Se ve, se siente.

Saludos.

Publicado por Cabronidas
Martes, 10 de septiembre de 2013 | 19:01

¡Saludos, Blue! Cuesta encontrar un auténtico término medio, eh. Como descontroles un poco los acontecimientos caen hacia un lado o hacia otro.Gui?o

Publicado por Blue
Martes, 10 de septiembre de 2013 | 20:08

El término medio es aburrido, poco novelesco, pero es cómodo para vivir.

Seguro que las mejores novelas salen de una comodidad incómoda.

 Gui?o

Publicado por Cabronidas
Martes, 10 de septiembre de 2013 | 20:53

Blue, no se me había ocurrido... pero creo que tienes razón. ¡Ahí le has dado!mecanografiando