Martes, 17 de septiembre de 2013

Lo escrito a continuación sucedió una fría noche de enero. El tipo, cuya estampa era desconocida por aquellos contornos manresanos, irrumpió en la cálida velada del bar arrastrando consigo el desagradable frío invernal. Los parroquianos más próximos a la entrada, sufrimos durante un breve instante un intenso escalofrío que nos sacudió el cuerpo de arriba abajo. Como dirían los adolescentes de hoy en día: el tío entró vacilando. Afirmaba con contundencia que era capaz de deglutir, sin apenas torcer el gesto, seis copas rebosantes de cava en tres minutos. Ni uno más, ni uno menos. Dos copas por cada minuto trascurrido. En caso de fracasar en la deglución cronometrada, correría con el gasto del cava que se precisara para tal empresa.


Al otro lado de la barra, Sito, que gustaba de esta clase de números circenses en su establecimiento, colocó delante del tipo una sucesión de seis copas inmaculadas, alargadas y estrechas, donde vertió hasta el borde, con actitud jocosa y movimiento experto, el dorado líquido gaseoso. La concurrencia del bar, sustituyendo el desconcierto inicial por la predisposición que precede al espectáculo, formó un semicírculo alrededor del tipo y sin desviar un ápice la atención de él, dio inicio a la insólita libación.


En el primer minuto, las dos primeras copas desaparecieron entre sorbos grandes y calculados; sin precipitaciones. Las dos siguientes necesitaron algo de urgencia en la ingesta, puesto que un eructo inoportuno pero previsible se interpuso entre el gaznate y la fluidez del espumoso líquido deglutido. Las dos últimas copas requirieron de una fuerte resolución y fuerza de voluntad, ya que el eructo resultó ser de una importancia capital (más que un segundo en la F1), y entorpeció notablemente el éxito de la apuesta. Faltaban escasos segundos para que todo acabara: el tipo tragaba y tragaba; sus ojos enrojecían y su cara se amorataba; un pequeño hilillo de cava se escurría por entre la comisura de sus labios y unas venillas de borrachuzo que dibujaban su nariz adquirían relieve y un intranquilizador color violáceo.


Justo en el último segundo, entre jadeos, esputos y toses, el tipo vaciaba la última copa dejándola en la barra con torpeza. Estaba encorvado apoyándose con la mano en la rodilla y alzando la otra en señal de alto como implorando un respiro. Todo estaba en silencio y el tiempo pareció ralentizarse: el tipo parecía que se iba a dar de bruces de un momento a otro, balanceándose imperceptiblemente de adelante atrás; bajó la mano lentamente hasta la barra, se apoyó en ella y en lo que pareció un segundo interminable, se irguió cuan alto era. Una tremenda ovación de aplausos y un sonoro "oooooooooeeeeee, oe, oe, oeeeeeeeeeee", "oeeeeeeeeeeeee, oeeeeeeeeeeeee" al unísono, se adueñó del bar por completo mientras que al tipo lo felicitaban y le palmeaban la espalda.


Pasados unos minutos, la euforia disminuyó no así como el consumo de alcohol en el trascurso de la noche, donde todos bebíamos más que los peces del villancico o como si fueran a decretar la ley seca al día siguiente. Más o menos unos veinte minutos posteriores al épico final de la apuesta, el tipo empezó a sentir unos leves retortijones. Una extraña sonoridad de burbujeos se abría paso por su intestino, sin duda producidos por la ingesta acelerada y forzada del cava, produciéndole una severa licuación de jugos gástricos y líquido bebido. Algo condenado e inexorable estaba obrando en sus entrañas, y no se trataba de un puto alien precisamente. Sentía unas apremiantes erupciones estomacales que pugnaban por salir cuanto antes. Sencillamente, el tipo necesitaba evacuar o iba a suceder algo muy feo, maloliente y desagradable.


Con una mano en el estómago y una expresión de alarma en el semblante, se encaminó apresuradamente a la intimidad redentora que le conferiría el lavabo, pero estaba ocupado por un trío de cocainómanas emprendiendo su particular viaje con la dama blanca. Golpeó el marco de la puerta con el puño exclamando un comprensivo "¡Hijas de puta! ¡A drogaros al coche, coño!". Se dio media vuelta directo a la salida sorteando grupos de estridentes carcajadas, bocas sonrientes de dentaduras irregulares, miradas ensimismadas en los móviles, diálogos inconexos y preguntas formuladas con jovialidad tales como: "¿qué te pasa?", "¿qué ocurre?", "¿adónde vas?", "¿estás bien?".


La acuciante necesidad de expulsar todo aquel revoltijo de efervescencias que se estaba gestando en sus tripas, se convirtió en una especie de urgencia cósmica cuando notó que su esfínter se relajaba irremediablemente. En el momento en que empujaba la puerta hacia afuera exclamando un desafinado "¡tengo que salir de aquí, jodeeeeeeeer!", todos nos giramos en redondo justo para ver como el tipo, en el tiempo en que daba tres pasos y bajo el potente haz de luz de una farola, se acuclillaba bajándose pantalón y calzoncillos. Y así, de tan embarazosa guisa y renunciando a cualquier tipo de recato y dignidad imaginables, en pos de un alivio que le supo a manantial de dioses, el tipo profirió un "aaaaaah" lastimero que se propagó en la inmensidad de la fría noche a la vez que toda aquella amalgama amarronada de materia orgánica, impactaba en la acera con vehemencia, produciendo un sonido de acuosa pastosidad.


Para cuando hubo acabado, debido al brusco contraste de temperaturas, la feroz deposición expelía vapores semejando una perturbadora forma de vida extraterrestre.


 


Tags: Indigestión, diarrea, heces, urgencia, estomacal, intestinal, Carnal Diafragma

Regurgitado por Cabronidas @ 17:16
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Supuraciones
Publicado por lizzie
Martes, 17 de septiembre de 2013 | 18:47

 Seis copas en tres minutos? pues no parecía tan difícil ni con tantos efectos secundarios .....pobre hombre jajajjaa

Publicado por Cabronidas
Martes, 17 de septiembre de 2013 | 19:21

Prueba a hacerlo, Lizzie. Llenas hasta el borde y me cuentas. Muchas risas

Publicado por Blue
Martes, 17 de septiembre de 2013 | 23:27

Tantos años cantando villancicos, y vengo ahora a darme cuenta de todo lo que bebieron los pobres peces, jaja.

Se me murió uno cuando era pequeña, pero fue por comer de más. Durante un tiempo fui yo la que no pudo comerlos a ellos.

Saludos.

Publicado por Cabronidas
Mi?rcoles, 18 de septiembre de 2013 | 0:33

Por lo que comentas, Blue, tu pez sufrió una mala digestión; incluso más mala que la del post.Sonrisa Gigante

Publicado por Cosa
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