Lunes, 07 de octubre de 2013

En un momento de un día, de una semana, de un mes, de un año de este siglo, hubo una perturbación en el cosmos que provocó una inusitada alineación astral, que perjudicó a los nacidos bajo el signo de aries cuyo ascendente no recuerdo. Por lo que, para infortunio mío y alivio de mi hermana, pudo contar con mi ayuda para satisfacer con la mayor eficacia y coordinación posibles, los reclamos y necesidades de un grupo de vociferantes adolescentes, que a bien quiso ella en un arrebato de insensatez, hospedarles en su casa durante un par de días. Con el mayor rigor posible y templando el pulso, paso a relataros a grandes rasgos lo acaecido aquel sufrido fin de semana.


Del 9 al 11 de Agosto del 2011.


Tengo pocos momentos de paz, por lo que escribo esto desde la clandestinidad, a escondidas y con el miedo a ser descubierto. Llevo dos días secuestrado satisfaciendo como buenamente puedo, las exigencias de toda una aulladora jauría de jovenzuelos malcriados y quisquillosos, arañando fuerzas de flaqueza de mi estabilidad mental para no caer en el síndrome de Estocolmo. Si bien es cierto que la adolescencia es bella por lo que atesora en sí misma, huye de la razón y el sosiego en favor de un derroche de energía y nula utilización de la lógica. Mi presencia solo es requerida para nutrirlos, aun a riesgo de ser amenazado con gruñidos y gestos de desaprobación en sus bocas para, finalmente, ser brutalmente vilipendiado cada vez que traigo a la mesa un plato de pescado o verdura. ¡Iluso de mí!, olvidé que las criaturas salvajes comen carne, chuches, polos y bollería industrial. Suerte que mi hermana, acostumbrada a lidiar con actitudes reprobatorias, consigue salvarme una y otra vez de las fauces de esos déspotas crueles e insensibles.


Las comidas y cenas de las que fui partícipe con la jauría no tienen desperdicio. Llevo dos días y medio intentado colar un par de frases coherentes en lo que es una sarta delirante de insensateces que de darse lugar, seguro que serían las mismas que habría entre el musgo seco y las larvas. A todo esto, cuando por fin lo logro, mi sobrino escupe la comida diciéndome que no sé dialogar y que no dejo que nadie lo haga, al tiempo que mi hermana me traiciona y en lugar de defenderme, prorrumpe en carcajadas que se unen a las de toda la jauría. Mientras recogemos utensilios y adecentamos la cocina, la jauría ya con sus apetencias colmadas, asaltan el congelador en tropel por pura gula para irse al comedor y encender la tele.


De nada sirve que casi les triplique la edad: con la excusa de que molesto y no estoy en la onda, me han desterrado a la terraza desde donde observo con claridad a través del cristal. Más que sentados, están desmadejados aquí y allá sin orden ni concierto, sintonizando un programa en el que una patulea de iletrados, jaleados por un presentador analfabeto, se escupen bajezas los unos a los otros e insultan a personajes de la farándula de tres al cuarto no presentes en el plató, con el mérito incuestionable de hacerlo todos a la vez. Cuando el subidón de semejante bazofia lo requiere, el realizador del programa hace un barrido panorámico sobre el público que aplaude, cuyos rostros sonrientes muestran evidentes carencias neuronales. En definitiva, un despropósito de mal gusto ideado por unos cretinos donde aparecen otros cretinos que vociferan a otros cretinos para entretenimiento de otros cretinos. 


Pronto desatienden el televisor para echar mano a sus móviles y así teclear con asombrosa pericia sobre sus pantallas táctiles. No puedo asegurarlo, pero creo que en lugar de mandar WhatsApp al exterior, se los mandan entre ellos en detrimento del don del vocabulario tristemente en desuso, que solo es utilizado ante un tuit supuestamente ingenioso o foto, en exclamaciones al unísono tales como "¡ala, tío, has visto!" o "qué fuerte, tía". En esos momentos para, quien como yo, pertenece al gremio de los tontos que anteponen la libertad al uso de la tecnología como adicción, siento que el alma se me diluye pies abajo y pierdo la poca fe que tenía en las generaciones venideras para capear las tormentas que sobrevengan en el futuro. No obstante, para no abundar en el pesimismo, debo decir que las madres se han intercambiado información, y aseguran que sus retoños aprueban los exámenes del instituto sin utilizar métodos fraudulentos. 


Cuando ya es noche cerrada y han repasado sus vidas y las ajenas concentradas en Facebook, deciden irse a dormir dando las buenas noches como un mero trámite. Casi levito de la alegría, pues eso supone mi liberación y el cumplimiento de mi compromiso. Así que, aunque todavía tengo que pasar la noche que dará paso al amanecer del lunes, escribo esto desde la prudencia y la esperanza, sabedor de que podré escapar cuerdo y de una pieza, pese a los traumatizantes episodios a los que he sido sometido. Y en caso de que la hubiera, ninguna conjunción astral o planetaria volverá a propiciar mi disposición para con una experiencia de semejantes connotaciones.


A cada hermanito mayor, cerdo o no, le llega su San Martín. Y yo no pienso alertar al próximo hermanito mayor incauto que se disponga a convivir con la jauría.






Gracias a la jauría en orden de aparición: Alba, Jordi, Martí, Sergio, Silvia, Jaume, Lidia y mi sobrino Marc.


Tags: hermana, sobrino, familia, fin de semana, jauría, NOFX

Regurgitado por Cabronidas @ 15:02
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Supuraciones
Publicado por Blue
Lunes, 07 de octubre de 2013 | 19:15

Lo del whatsapp te lo cuento yo. Estaban escribiendo esto: "Joder, estamos viendo la tele y el tío de Marc nos vigila por la ventana, juas...que fuerrrrte! Rebotado ".

No ha pasado nada. Cuando seas viejo volverás al parchís y a cosas peores, y ellos dentro de cinco años es posible que ya se crean viejos.

Saludos.

Publicado por Cabronidas
Lunes, 07 de octubre de 2013 | 19:34

En el fondo... son buenos chicos.Muchas risas

Publicado por lizzie
Martes, 08 de octubre de 2013 | 1:07

 No me salió el comentario de antes, seguramente soy tonta del culo y no supe ponerlo jajajaj, dije que lo que te pasa es que tienes envidia de la jauría jajaja, y te gustaría volver a la  la edad que tenías en los 80 pillínnn jijijijj

Publicado por Cabronidas
Martes, 08 de octubre de 2013 | 15:25

No te diré que no, Lizzie, no te diré que no.Sonrisa Gigante

Publicado por Sr.Perez
Jueves, 10 de octubre de 2013 | 10:18

¡Ah! Los ciclos de la vida... seguro que a nosotros también nos veían así. (Estos melenudos piojosos son carne de talego)

Tratémosles bien, que esa jauría tiene que pagar nuestras jubilaciones. Eso sí, tengamos preparadas las recortadas por si se les ocurre aparcarnos en una residencia-matadero o, como me temo, deciden instaurar una ley tipo "la fuga de Logan" donde a los "ancianos" mayores de 21 años se les daba pasaporte para que no molestaran.

¡Estemos atentos!

Publicado por Cabronidas
Jueves, 10 de octubre de 2013 | 16:15

Yo tengo mi recortada debajo de la almohada, (al lado del diente que dejé años ha para el ratoncito Pérez) esperando a ser vaciada como algún depredador de esos se acerque con malas intenciones.Latigazo!