Mi?rcoles, 08 de octubre de 2014

Aunque algunos lo tienen larvado, siempre se ha dicho que el cerebro humano es un órgano prodigioso. El mío, por ejemplo, no deja de sorprenderme y no es por su escaso cociente intelectual, sino que funciona con movimientos reflejos, como los pulmones, el corazón o los párpados. No depende en absoluto de mi voluntad. De hecho, ahora mismo estoy escribiendo como un autómata cuya única programación es el tecleo. Pero cuando se cansa se queda al ralentí y cuando se relaja es peor: dibujo un encefalograma plano, mis facciones se diluyen en una inexpresión gelatinosa, no paro de desbabar y me comunico a base de uuungs y gñeees. Creo que este deterioro lastimoso tiene su origen en el hecho de que comiera tanto pegamento de pequeño.


Un día, mi madre me llevó a la consulta del pediatra porque me dolía la barriga a horrores. El bueno del doctor Sabiniano, bregado en mil situaciones con no menos infantes, me preguntó: "¿Has comido algo que pueda haberte sentado mal?" Y yo respondí con inocencia: "Pegamento". Don Sabiniano adoptó unos rasgos que decían: "Collons, en la universidad no te preparan para casos así". Mientras que mi madre, visiblemente conmocionada, profirió un sentido: "Ay, verge. Con la de cosas que hay de comer en casa". Mi pegamento predilecto era el Supergen, que pese a ser incoloro desprendía un suave aroma adictivo y poseía una textura muy apetitosa, parecida a la del chicle varias veces mascado. El Bully era de un prístino color blanco y no es que no fuera apetecible, pero no se apelmazaba lo suficiente para masticarlo y tenía un retrogusto petroleado. El Nural me llamaba mucho la atención porque era de un intenso color naranja, pero maloliente como el sobaco de un troll, por lo que nunca llegué a catarlo. Y del pegamento Imedio para qué hablar, si era un miembro más de la familia ideal para complementar la merienda.


Y a todo esto, como que en este país se hace todo tan bien, no nos queda más que estar tranquilos:  el biorriesgo no se dará lugar porque nadie nos pegará el ébola.


 


Tags: Pegamento, contagio, virus, bacteria, enfermedad, biohazard

Regurgitado por Cabronidas @ 17:22
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Supuraciones
Publicado por goodbye kitty
Mi?rcoles, 08 de octubre de 2014 | 18:04

Cabrónidas, una vez más me quito el sombrero

Qué buenísima entrada.

Por cierto, yo solo estaba enganchada a las aspirinas infantiles, a las que resulté ser alérgica, y cuando me las quitaron del alcance y de la dieta, me pillé por las sobras resecas que quedaban en el tubo del pegamento imedio. Aunque yo ni desbabo, ni me quedo espongiforme así como así... puede que fuera un poco menos yonqui que tú.

Publicado por Cabronidas
Mi?rcoles, 08 de octubre de 2014 | 19:01

¡Hola, Kitty! Mujer, no te quites el sombrero (gracias) y quítate la ropa; y así me enseñas trucos nuevos.Llama Suerte que el bueno de Sabiniano es todo un profesional y supo generar mi inapetencia al pegamento. Respecto a que se nos pegue ese viejo y rebrotado virus de rabiosa actualidad...Helado

Publicado por lizzie
Mi?rcoles, 08 de octubre de 2014 | 20:56

 El Imedio me encantaba y también el olor a gasolina y pulimentos, y aún me gustan, menudos colocones jajjajajja

Publicado por Cabronidas
Mi?rcoles, 08 de octubre de 2014 | 22:42

Tengo entendido que de los pulimentos cuesta mucho desengancharse.Divertido Muchas risas

Publicado por Ficticia
Mi?rcoles, 08 de octubre de 2014 | 23:02

Eres tan tremendo... Muchas risas

Publicado por Cabronidas
Mi?rcoles, 08 de octubre de 2014 | 23:25

¡Ficticia, la escritura no debe tener límites!Sonrisa Gigante Gui?o

Publicado por Silvia
Jueves, 09 de octubre de 2014 | 12:09

Creo que has sobreestimado los efectos secundarios del pegamento: TOOOODOOS los cerebros actúan mediante actos reflejos ajenos a la voluntad. Te lo digo yo que me veo como me veo, y que para la merienda sólo comía bocadillos de Tulipán y chorizo Pamplonica.

Publicado por Cabronidas
Jueves, 09 de octubre de 2014 | 13:46

No sé, Silvia, no sé. Qué me dices de cuando el cerebro cesa su actividad y la única comunicación posible son los uuungs y los gñeeees. Desde que dejé el pegamento, ya no me ocurre.Gui?o

Publicado por Jatz Me
Jueves, 09 de octubre de 2014 | 14:18

El supergen de mi época tenía color, tacto y aspecto de moco. Con la incoloritud ha perdido todo el romanticismo.

Será un avance para la humanidad y todo lo que quieras, pero solicito desde aquí que el supergen vuelva a ser lo que fue.

XDD

Publicado por Cabronidas
Jueves, 09 de octubre de 2014 | 14:35

Jatz Me, y encima acompañaba con cualquier comida.Muchas risas

Publicado por BlueBB
Jueves, 09 de octubre de 2014 | 16:45

Jajaja, a mí también me encantaba, pero el Imedio porque el Supergen era el de contacto y ese al ser amarillento daba algo de asquito.

Yo echaba un poco en el dedo, esperaba un poco a que secara, hacía una bolita y a chupar, jaja. Todavía hoy ese olor no me disgusta, y la acetona, los barnices, etc. 

Saludos.

Publicado por Cabronidas
Jueves, 09 de octubre de 2014 | 17:04

Acetona y barnices... Blue, trato de pensar cómo hubiera reaccionado el doctor Sabiniano... y no lo consigo.Avergonzado

Publicado por Temujin Sin Fronteras
Viernes, 10 de octubre de 2014 | 17:30

Logicamente un tio equilibrado , serio y formal como yo, no debiera alternar por blogs donde la gente se enorgullece de esnifar pegamento o comerselo. Pero es lo que hay, mi perfil de "Cotilla de defectos ajenos para subsanar mis carentes desperfectos, deficiencias, tachas o carencias", me arrastra a este blog para hundirme en el mundanal ambiente de la gente adicta a las mas diversas sustancias. No os preocupeis por el ébola, que con el apellido de la Ministra de Sanidad estamos tranquilos.

Publicado por Cabronidas
S?bado, 11 de octubre de 2014 | 15:09

Desde luego, qué apellido más desafortunado el de la ministra, Temujín.Muchas risas