Mi?rcoles, 19 de noviembre de 2014

Nada me hizo presagiar hasta que fue ya demasiado tarde, que aquella fría y lejana noche de diciembre en la que el cabeza de familia, Guillermo Alonso, tuvo a bien el mostrarme el piso de planta baja donde hacía ya varios años residían él y su familia, fuera a dejar en mí una impronta tan profunda e indeleble, que hoy me vea forzado a exteriorizarla para el bien de mi espíritu y limpieza del alma. Mis sentidos tales como el olfato y la vista, fueron sometidos a una dura prueba de templanza y resistencia que ahora paso a relatar.


Guillermo abrió una puerta de madera que antaño conoció tiempos mejores. Maltrecha en apariencia, no infundía ningún tipo de seguridad. Creo que de haber estornudado, eructado, o dejado escapar una sonora flatulencia en su dirección, la hubiera hecho estallar hacia adentro. Las bisagras emitieron un quejumbroso lamento que no acallaron hasta que la puerta no se abrió completamente. Fue entonces cuando un efluvio pertinaz me golpeó de tal manera que oscilé cuán alto era. Las densas emanaciones que nos recibieron surmegiéndonos en un estado mareante, apuntaban a que hacía días y días que el piso no era ventilado. Guillermo me dijo que la bombilla del recibidor estaba fundida, así que tendría que seguirle hasta el comedor que estaba más al fondo. Notaba una incómoda pegajosidad en las suelas a medida que nos adentrábamos en aquella especie de catacumba urbana. Y justo cuando creí recuperarme de aquel ambiente enrarecido y rancio que giraba alrededor de mí como un torbellino, Guillermo accionó el interruptor y la luz me mostró el horror.


El piso presentaba en sí mismo una especie de infección indefinible. Un compendio desorbitado de feroz insalubridad que potenciaban a nivel planetario el desánimo y la depresión. El suelo parecía un rostro sembrado de acné, pues aquí y allí parecían crecer pequeñas protuberancias ahora aplastadas que en otros tiempos quizá fueron bocados que llevarse a la boca. No había apliques, ni lámparas, ni ojos de buey. Tan solo una luz de un amarillo débil y enfermizo que era emitida del sucio cristal de bombillas que colgaban de las paredes como baratijas en estado de putrefacción. Y las paredes... esas paredes sin cuadros y adornos, si alguna vez tuvieron algún color que sugiriera un breve destello de claridad y bienestar, ahora parecían representaciones de un cielo oscuro y sórdido anunciando tormenta. El techo, para no ser menos, vomitaba sobre nosotros ese color malsano que dan años y años de nicotina. No había basura ni desorden, pero el resto del piso presentaba el mismo desasosegante espectáculo. Tanto es así, que se me hacía difícil creer que allí vivieran cuatro personas, amén de que el único habitante y por su condición de inanimado que allí podría vivir, sería el decrépito y desvencijado mobiliario, que presentaba alguna que otra salpicadura de vete a saber qué.


Guillermo advirtió mi malestar y pesadumbre, y me dijo que reconocía no sin cierta resignación, que el piso imploraba una limpieza concienzuda y una generosa mano de pintura. Y que dada la nada disimulada expresión de aversión que adoptó mi cara, desechó la invitación de que me quedara a cenar. No es que yo tuviera una gran confianza con Guillermo Alonso, pero no todo el mundo al que conoces de hace poco tiempo te abre las puertas de su hogar, por lo que solo puede decir: "Guillermo, haces bien. Si metieras aquí al ser más hambriento de la tierra, se olvidaría, no solo de su propia hambre, si no de que tiene dientes, boca y aparato digestivo. Saldría de aquí corriendo y profiriendo alaridos como alma que lleva el diablo. Y hablando del diablo... antes de nada, manda practicar aquí un exorcismo".


 


Tags: SYL, piso, suciedad, insalubre, insano, asco

Regurgitado por Cabronidas @ 19:27
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Publicado por lizzie
Jueves, 20 de noviembre de 2014 | 17:35

 jajajaja me rio porque te espantas por nada, yo he visto casas habitadas peores que esa, con decirte que mi vecina vieja soltera de la cual heredé su piso, tenía un gato muerto esqueletizado debajo de su cama y otro en el comedor, bajo una tonelada de basura. Eres un poco miedica y escrupuloso. Brindis

Publicado por Cabronidas
Jueves, 20 de noviembre de 2014 | 17:42

Soy altamente higiénico, lo reconozco. He estado en situaciones sucias que han acontecido en sucios lugares. Pero aquella noche estaba indispuesto para aquello.Ojos saltones 2

Publicado por Laura
Viernes, 21 de noviembre de 2014 | 12:39

Cómo tendría que ser el asunto! Es que me he puesto a imaginar a ese ser, avatar tuyo (o no?), que tienes arriba a la derecha de la página dándole cosica entrar al lugar en cuestión y no me alcanzan ni el intelecto ni la imaginación. Me he partido, anyway.

Publicado por Cabronidas
Viernes, 21 de noviembre de 2014 | 14:35

¡Hola, Laura! Es que el avatar, en definitiva sin ser algo que me defina en su plenitud, es solo apariencia. Gui?o