Lunes, 26 de enero de 2015

A mí, de pequeño, mis padres me educaron en función de unas directrices políticamente correctas. Me dijeron que robar y mentir son asuntos de malas gentes. Y que la ostentación y la vanidad son de mal gusto. También me explicaron que la ignorancia es atrevida y que ser un cenutrio iletrado no conduce a ninguna parte. Me enseñaron que no importa el color de las personas ni su manera de ser, entendiendo que el respeto ha de ser algo recíproco. Y me hablaron del valor del esfuerzo para crecer e intentar ser feliz. Y que uno no podía abandonarse a la molicie y la estulticia. Me contaron que matar era el más terrible de los pecados.


Luego pienso en la diferencia que hay entre casualidad, que es la combinación de circunstancias imprevisibles e inevitables. Y causalidad, el principio según el cual nada puede existir sin una causa suficiente. Soy bastante profano en el tema pero a fin de cuentas, creo que ambos conceptos tienen una explicación basada en la percepción de ciencias o creencias muy susceptibles al debate.


Cambiando de tercio, todavía baila en mi cabeza la inesperada muerte del fiscal Alberto Nisman, cuatro días después de denunciar a la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, y a otros funcionarios afines, por encubrimiento de los autores de un ataque terrorista iraní perpetrado en 1994. Alberto, una vez hecha la denuncia, iba a exponerla (con pruebas y demás) ante la Comisión de Legislación Penal. Pero no pudo hacerlo, puesto que horas antes de la comparecencia lo encontraron muerto en su departamento con un balazo en la sien. Resulta que el ministro iraní de Exteriores afirma que el señor Nisman se ha suicidado. Aunque Cristina, muy inteligentemente (o quizás no tanto) afirma que no lo cree así. Qué casualidades más insólitas, verdad. ¿O serán causalidades?


No es que en puta España seamos menos despreciables, pero de momento, cuando alguien legitimado, con pruebas y atendiendo a las obligaciones de su trabajo decide alumbrar ciertas oscuridades o remover según que mierdas que apestan al gobierno, este, en lugar de asesinar (también dirían suicidio, supongo), inhabilitan. Llámese Baltasar, Elpidio u otros. Y eso por qué, ¿casualidad o causalidad? ¡Pues ni una cosa ni otra, leñe! ¡Eso es mala educación! ¡Mala educación!


 


Tags: Megadeth, Ley de causa y efecto, casualidad, causalidad, educación, suicidio, matar

Regurgitado por Cabronidas @ 8:00
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Supuraciones
Publicado por lizzie
Lunes, 26 de enero de 2015 | 16:02

 Pues la verdad es que si el presunto asesino del fiscal hubiera estudiado y tuviera educación le habría pegado el tiro en la sien izda y no en la drcha porque el fiscal era zurdo jajjajajaDesgaste

Publicado por Cabronidas
Lunes, 26 de enero de 2015 | 16:14

Al malogrado Alberto lo han quitado de en medio a diestro y siniestro. Con la derecha y con la izquierda. Otro asesinato más de los muchos sin resolver de verdad. Secreto

Publicado por Ficticia
Viernes, 30 de enero de 2015 | 23:27

Curiosas inclinaciones te asaltan, viniendo de ti, mi apreciado Cabrónidas... pero bueno, para mí los gadgets estos son como cambiar los cojines del sofá o el sillón de lado, decoración para aliviar el aburrimiento.

Por cierto, ejercí mi no constitucional derecho a votar y creo que las elecciones están muy claras.

un besito!

Publicado por Cabronidas
S?bado, 31 de enero de 2015 | 0:01

Tienes toda la razón, Ficticia; eso es lo que son. Aunque nunca estoy aburrido, y prometo que en estas votaciones no hay tongo.Gui?o