Lunes, 15 de febrero de 2016

De preguntarle, él te contestaría que le gusta la soledad. Que le encanta estar solo. Te diría que ha pasado mucho tiempo solo sin más compañía que la que ofrecían los libros, los paseos en atardeceres anaranjados, los lienzos en blanco y la música. O, sencillamente, mirando más allá de todas las cosas donde ni siquiera la imaginación es capaz de llegar. Él vive con tres personas más en un piso que es como todos los pisos, y ahora ya nunca está solo y lo echa de menos. Aunque no se queja, puesto que es una situación, no solo elegida, sino a menudo enriquecedora y satisfactoria.


Él te diría, que en sus primeras notas de parvulario de las que conserva un vívido recuerdo, la profesora escribió: "Es un niño muy introvertido. Llora cuando se le reprende, pero se le pasa enseguida". Lo de la introversión es algo que por necesidad ha superado y la mantiene larvada, pero ahora, cuando llora, no se le pasa pronto y cree que la abundancia de sus lágrimas puede anegar una ciudad entera.


Él te diría que ahora que el tiempo, en su inflexibilidad, le conduce a empellones hacia la senectud, sueña con una retirada feliz, como los escritores a los que admira que, una vez finalizan su obra maestra, parecen desaparecer de la civilización. Te diría que le gustaría encerrarse en casa y no ver a nadie, porque, entre otras cosas, está asqueado de un mundo decepcionante que hace tiempo no reconoce. Encargaría los discos compactos, los libros, las películas, la comida y las medicinas por internet. Y quizás, cuando la soledad pasara de ser elección a tortura, se acercaría al mar buscando alguna razón en las olas. Lo haría de noche, cuando nadie pudiera asustarse de sus uñas negras y afiladas, su dentadura careada, sus greñas apelmazadas y raquíticas como las ramas de un árbol moribundo, y de su ropaje andrajoso y deslucido.


Pero, como también es un tipo agradecido y lo aceptasteis con sus muchas imperfecciones, probablemente os permitiría que lo visitarais con contraseña. Siempre y cuando os apeteciera y no os importara bucear con él en la chatarra, despotricarais de su colección de esporas, moho y hongos y sobretodo, no preguntarais el porqué de su soledad de náufrago y soportarais los indicios de su propia meada.








Tags: soledad, compañía, situación elegida, Testament

Regurgitado por Cabronidas @ 13:34
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Supuraciones
Publicado por cronicas vienesas
Lunes, 15 de febrero de 2016 | 13:43

Querido, exceptuando algunas cosillas hacia el final, podría ser  yo, pero me imagino que eres tú. 
Uno encuentra aquí personas en las que se ve reflejado Sonrisa
Besos 

Publicado por cronicas vienesas
Lunes, 15 de febrero de 2016 | 13:48

No sé gravó. Anda qué, a quién se le ocurre este sistema de comentarios. Como era corto repito:

Querido, podría ser yo, aunque me imagino que eres tú. Sin embargo, exceptuando unas cosillas hacia el final, tal cual.Uno encuentra por estos lares personas en las que se ve reflejado.

Besos 

 

Publicado por Cabronidas
Lunes, 15 de febrero de 2016 | 13:48

¡Hola, Celia! Bueno, puedo ser yo o alguien que un día fui. O alguien muy próximo al que conozco bien. O ninguna de las tres cosas. Gui?o

Publicado por cronicas vienesas
Lunes, 15 de febrero de 2016 | 13:51

Que esto no funciona!!! que hoy no se puede supurar!!!! Ayyyy

Publicado por cronicas vienesas
Lunes, 15 de febrero de 2016 | 13:53

Oh, si ha supurado. BOrra todo lo demás, que parezco spam... 
Bueno, quien sea, me siento identificada.
Besos 

Publicado por lizzie
Lunes, 15 de febrero de 2016 | 21:40

Vamos a acabar siendo unos viejos cascarrabias, te propongo que nos juntemos unos cuantos en esa fase final de la vida y nos montemos un final felizzzzzzzz jajajajaj Sonrisa

Publicado por Cabronidas
Martes, 16 de febrero de 2016 | 14:26

¡No es mala idea, Lizzie! Bailando