Lunes, 07 de marzo de 2016

Me veo como un actor secundario lejos ya de su mejor momento, arrastrando mi personaje de un escenario a otro escenario. No creo que a estas alturas deje de serlo: un errante marino que en la soledad de las noches, naufraga siempre en los mismos lugares y a quien no le importa que su embarcación sea engullida por las aguas una y otra vez. Ayer, y parafraseando a Rosendo, navegué a muerte (una vez más) hasta recalar en la barra de un bar. En un momento dado (siempre que apuro la penúltima copa) necesité cambiar el agua de las olivas aunque iba cargado de todo menos de agua. Me acerqué a la puerta del lavabo, ingrávido, como si caminara entre nubes, y cuando abrí la puerta y accioné el interruptor, un haz de luz deprimente y de un amarillo malsano iluminó en claroscuros lo que parecía la antesala del infierno.


En toda mi dilatada vida de bares, pubs y discotecas (ahora parece que parafraseo a Los Suaves) he visto lavabos de toda condición. Lavabos de limpieza neutra; lavabos cuyo suelo podías lamer sin riesgo de hospitalización y lavabos que presentaban peor aspecto que una mazmorra medieval. Pero el lavabo en cuestión escapaba de la imaginación más poderosa. ¿Cómo te describo que aquellos pocos metros cuadrados parecían la pesadilla atroz de la mente más enferma? ¿Cómo te explico que si el horror más punzante buscara donde vivir jamás se alojaría en tan abyecto agujero? ¿Cómo te convenzo de que existe un lugar, que a pesar de su reducido tamaño, contiene una repugnancia tan abundante y superlativa que haría enloquecer al más cuerdo?


No os acercáis ni remotamente a lo que os intento explicar, si pensáis en cierto lavabo escocés en cuyo retrete un tal Renton se sumerge para recuperar sus alucinógenos, no. Ni siquiera os aproximáis un segundo si imagináis un inodoro de una insalubridad tan hedionda y obscena, que podría albergar virus y enfermedades aún por descubrir. No y no. Aquel lavabo presentaba tal pureza, estaba tan limpio, tan inmaculado, que probablemente era el lavabo que tiene reservado dios para sus ángeles allí en el Edén.


¿Pero acaso no es diabólico y aberrante, que de todos los lavabos del mundo, entrara en uno cuyas prístinas paredes exhibieran pósteres de Rick Astley, Glenn Medeiros, Loco Mía y los polimorfos The Village People?





Tags: Rosendo, bar, asco, lavabo, retrete, mear

Regurgitado por Cabronidas @ 9:00
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Supuraciones
Publicado por la MaLquEridA
Lunes, 07 de marzo de 2016 | 12:14
Tú final inesperado casi provoca un accidente. Estuve a punto de soltar el sorbo de café que recién había bebido.  Nah no puede ser tan malo estar ahí  si ese baño ha hecho que escribas este texto.    Un saludo
Publicado por cronicas vienesas
Lunes, 07 de marzo de 2016 | 12:56

Jajaja, muy bueno: final sorprendente Bailando

El peor lavabo que he visto en mi vida era el de una residencia en la que estuve en Londres, que además de jóvenes albergaba a retirados del ejército y creo ponían una granada en la cagada y cuando entrabas por la mañana estaban todas las paredes salpicadas. ¿A que no te puedes imaginar algo peor? Hay gente que echa bombas en la caca, te lo juro Vacilando

Besos

Publicado por Cabronidas
Lunes, 07 de marzo de 2016 | 22:38

¡Saludos, Malque! Supongo que lo del episodio con el café se debió a una carcajada repentina. ¡Objetivo conseguido! Gui?o

¡Celia, eso puede dar para un post! Tenía algo en mente, similar a lo que tú dices: bomba mierdalapa o mierdalapa a secas, pero no sé todavía cómo desarrollarlo. mecanografiando

Publicado por Cosa
Lunes, 07 de marzo de 2016 | 23:10

Cabronidas, lo del Renton ese quien es???

Publicado por Cabronidas
Lunes, 07 de marzo de 2016 | 23:53

Renton es un heroinómano protagonizado por el actor Ewan McGregor en la película Trainspotting. Ya la estás viendo si no la has visto. Fumador